Secretamente, #YoVotoSí

Por Michel E. Torres Corona
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Aunque en el plano formal no existirá una nueva Constitución, la magnitud de los cambios (que abarcan casi la totalidad de los artículos), la adición de nuevos postulados y el replanteamiento técnico nos hacen asomarnos a una nueva etapa en la Revolución cubana: un parteaguas jurídico que apuesta por la continuidad del proceso de soberanía y justicia social que se coronara el 1ro de enero de 1959.
Muchos han sido los trabajos que en los últimos meses se han publicado (en medios escritos, televisivos o digitales) que abordan la temática del proyecto de reforma constitucional. A ningún ciudadano cubano, esté a favor o en contra, le resulta ajena la consulta popular que se llevó a cabo en cada centro de trabajo o estudio, en cada barrio o comunidad. Se han vendido millones de ejemplares con el texto legal y en cualquier parada, en cualquier establecimiento público, en cualquier casa se discute sobre el futuro de Cuba y las proyecciones que establece la Carta Magna.

En un proceso democrático como pocos en la historia, el pueblo se tornó Asamblea Constituyente masiva, argumentando a favor o en contra de elementos del documento. Y la garantía final a esa voluntad popular está en las urnas que se han de abrir hoy, temprano en la mañana.
El Estado ha desplegado una campaña en torno al #YoVotoSí, que a algunos les ha parecido desmedida, pero que sin lugar a dudas responde a esa otra campaña por el No, financiada y promovida desde el exterior (sin descartar activistas que, por ingenuidad o por desencanto, abogan por esa opción desde nuestro país).
Los ciudadanos cubanos con derecho al voto en el referendo tienen la opción de decidir entre el Sí y el No. El hecho de que el voto sea “secreto” no implica una obligación que impida a los que lo decidamos hacer pública nuestra decisión. Como mismo existe la libertad de callar, existe la libertad de decir.
La regla primera de la democracia se tendrá que respetar, esa regla que indica que si bien se respeta la opinión de la minoría, siempre se acata la voluntad de la mayoría. Este 24 de febrero será, obviamente, el mejor medidor para dilucidar esa mayoría.
Desde la óptica del Derecho, este nuevo texto es mucho más avanzado que el vigente. Tiene sistematizado más derechos, con mayores garantías; y regula condiciones sociales y económicas a tenor de la actualidad cubana. Cualquier análisis objetivo dará esto como un elemento a favor del voto positivo.
Desde el punto de vista político, constituye un nuevo momento para reafirmar la unidad del pueblo cubano en torno al proceso revolucionario. Para los revolucionarios que duden de esta coyuntura, y que se dejan llevar por “infantilismos de izquierda”, debemos recordar ejemplos de pragmatismo revolucionario que nos legaran Lenin o el mismo Fidel. Este 24 de febrero es una oportunidad única para demostrarle al mundo que somos muchos más los revolucionarios que los contrarrevolucionarios en este país. No la desaprovechemos.
Como los mambises que protagonizaron el Grito de Baire un día como hoy pero de 1895, guiados por la conciencia martiana de un país “con todos”, sí, pero especialmente “para el bien de todos”; hagamos un ejercicio de civismo y de compromiso con nuestra nación. Que cada cubano vaya a las urnas con la comprensión y el sentido del momento histórico que nos ha tocado protagonizar. Votemos por la historia y por el futuro de Cuba.

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