Caribe Isla Grande

Amo a esta Isla, soy del Caribe

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¿Que representa para los periodistas seguir a los médicos cubanos?

Lo que no publicaron al hacer la cobertura, lo que sienten tres años después de haber acompañado al desempeño de Más Médicos, en Brasil, y lo que representa para nuestros periodistas andar tras las huellas de los colaboradores cubanos por el mundo.

Reflexiones a propósito del pensamiento crítico en Nuestra América


Muchos pensaron que con el triunfo de Mauricio Macri y la elección de Jair Bolsonaro el pensamiento de Nuestra América caería una vez más en los nefandos extravíos del neofascismo, de la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el racismo. Es decir, en el pensamiento reaccionario en todas sus variantes, y que el pensamiento crítico había llegado a su ocaso. Pero la extraordinaria convocatoria del Primer Foro Mundial del  Pensamiento Crítico convocado por CLACSO en Buenos Aires pone seriamente en cuestión esa expectativa largamente acariciada por la derecha. No sólo por la gran cantidad de intelectuales y políticos de todo el mundo que acudieron a la cita sino por el clima que se palpaba en la multitudinaria concurrencia y la receptividad demostrada ante diversas intervenciones que no sólo cuestionaban el saber convencional de las ciencias sociales, comenzando por la Economía, sino que expresaban la profunda convicción de que el camino neoliberal por el cual algunos gobiernos están llevando a nuestros países conduce inexorablemente a un holocausto social y ecológico de inéditas proporciones.
Ante esa amenaza es necesario construir una alternativa política, y esa requiere el aporte imprescindible del pensamiento crítico que permita trazar una hoja de ruta para evitar el derrumbe catastrófico de la vida civilizada. Hay que hacer un análisis concreto de nuestras dolorosas realidades y un profundo trabajo de organización en el fragmentado y atomizado campo popular que permita enfrentar a los hiper-organizados (en Davos, en el Grupo de Bildelberg, en el G-7, etcétera) enemigos de clase. Hacer también un no menos crucial trabajo de concientización para exponer el lento genocidio que perpetran las clases dominantes del capitalismo mundial (contra los adultos mayores, los jóvenes, las mujeres, los pueblos originarios, los afrodescendientes, entre tantos otros) y para que todas y todos perciban que otro mundo es posible, que eso no es una quimera sino un “principio esperanza” como decía Ernst Bloch o una utopía realizable, como en su momento fue la jornada de ocho horas.
Por lo tanto: organización, unidad en la lucha, concientización y una sofisticada estrategia política de construcción de poder popular que no debe, bajo ninguna circunstancia, reducirse al sólo momento electoral. La clase dominante, el gran empresariado y sus aliados, luchan a diario por sus intereses y jamás detienen sus empeños para ajustarse al calendario electoral. Como dijo una vez el magnate húngaro-norteamericano George Soros, “los mercados votan todos los días”,  y a nosotros nos llaman a votar cada dos o cuatro años. Debemos hacer lo mismo y luchar a diario con independencia del calendario electoral. Y tomando nota, además, de los profundos cambios registrados en la subjetividad de las clases y capas populares que empuja a algunos de sus sectores a votar por sus verdugos. Cambios que son consecuencia del fabuloso desarrollo de la informática y los medios de comunicación que permite llegar hasta las capas más profundas del inconsciente y, desde allí, manipular la conducta política de la población.
Lo ocurrido en Brasil con la elección de Bolsonaro es una lección que no puede ser olvidada Para esta larga y difícil batalla se requiere mucha inteligencia, mucha fuerza y mucha pasión sin las cuales nada podrá construirse. Ante algunos apasionados  cantitos de la enfervorizada concurrencia al Foro, entre ellos el famoso “hit del verano”,  la ex presidenta Cristina Fernández lanzó una oportuna recomendación: “no gritemos ni insultemos porque perdemos tiempo para pensar lo importante.” De eso se trata: de no distraernos y pensar lo importante, es decir, de cómo retornar al gobierno y desde ahí, y con el pueblo en las calles, movilizado y organizado, conquistar el poder. Lo demás es pura catarsis, que tranquiliza algunos espíritus pero que condena a la impotencia política a quienes la cultivan
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López Obrador ‘es un presidente que escucha’, señalan maestros del SNTE

Los maestros se reunieron durante más de 40 minutos con el presidente electo, donde le plantearon pugnar por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Profesores de todo el país afines a la maestra Elba Esther Gordillo Morales fueron recibidos por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.
Luego de varios minutos de gritar consignas como: “¡Ya cayó, la reforma ya cayó y espera, aguanta Elba se levanta!”, una comisión de maestros ingresó a la oficina de Chihuahua 216 de la colonia Roma.
De ahí fueron conducidos al despacho del futuro presidente de la República, quien se encontraba con la senadora Olga Sánchez Cordero, que encabezará la Secretaría de Gobernación, y Esteban Moctezuma Barragán, propuesto para ocupar la Secretaría de Educación Pública (SEP) a partir del 1 de diciembre de este año.
Después de casi 40 minutos de reunión, López Obrador -contrario a su costumbre- salió de su oficina al patio de Chihuahua 216 y junto con los maestros conformaron un círculo en señal de unidad y se dejaron fotografiar por los medios de comunicación.
Más tarde, López Obrador regresó a su privado, pero antes de hacerlo saludó desde el balcón al resto de docentes que no pudo ingresar a la reunión en la que estuvo presente Rafael Ochoa, de la organización Maestros por México.
En seguida, la maestra Dominga Escobar Luis, integrante de la coordinación operativa de Maestros por México de Oaxaca, reveló que durante el encuentro con el presidente electo, plantearon pugnar por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), desconocer la actual diligencia gremial, buscar una educación de excelencia e iniciar un proceso para que en el mes de enero del 2019 de convoque a una nueva elección de la dirigencia magisterial.
“Sobre el primer punto hemos puesto de manera tácita el no reconocimiento a la actual dirección del sindicato, desconocemos a Alfonso Cepeda como dirigente nacional, planteamos un proceso de elección para el mes de enero que sea bajo la votación o el ejercicio del voto universal, directo y secreto”, afirmó.
De acuerdo con Dominga Escobar, la nueva dirigencia tiene que estar representada por todos, es decir, debe ser plural y con piso parejo para todos.
“Son dos puntos que hemos puesto de manera concreta con el presidente, hemos avanzado en que se nos ha escuchado, se va a escuchar a todas las partes para arribar a un proceso de elección que le de legitimidad a quién nos represente”, detalló la maestra, al señalar que su movimiento congrega a 250 mil docentes a lo largo de las 32 entidades federativas.
Dijo que López Obrador es un presidente que escucha y de apertura con todas las representaciones del sindicato magisterial.
Recalcó que “el compromiso” es que se va hacer un proceso de elección donde puedan representarse todos los compañeros de base, “para enero lo estamos planteando”, insistió.

Partido único en #Cuba: ¿el pluripartidismo es la solución?

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RAZONES DE CUBA. Casi tanto como la decisión de construir el socialismo y transformar las relaciones de producción de corte burgués-liberal, a la Revolución se le ataca por la estructuración del poder estatal y por los elementos ideológicos, funcionales y normativos que acompañan su desempeño.
En los últimos años nuestro modelo social y económico ha venido siendo objeto de una actualización para atemperarlo a los requerimientos de la época y del contexto geopolítico. Se hace impensable repetir fórmulas de antaño cuando hoy impera un orden mundial signado por la unipolaridad.
Sin embargo, esta actualización no ha socavado uno de los principios fundamentales del socialismo cubano en materia sociopolítica: el sistema de Partido único, como guía y rector de la sociedad y el Estado. De ello es muestra fehaciente el anteproyecto constitucional que actualmente se discute para su presentación a referendo aprobatorio en febrero próximo.
Sin duda, existen fundamentos históricos que respaldan este sistema. Ya en el siglo XIX, aun cuando los independentistas coincidieran en la imperiosa necesidad de separar a Cuba de España por medio de la insurrección armada, no existía un proyecto político uniforme que diera solución a las ya clásicas problemáticas en torno a la conducción de la guerra y la implantación futura del Estado cubano soberano.
La falta de unidad en las fuerzas revolucionarias fue un factor decisivo en la firma del Pacto del Zanjón, en el rotundo fracaso de la Guerra Chiquita y en el fallido Plan Gómez-Maceo, por solo citar algunos ejemplos. Por ello José Martí pensó en la necesidad de fundar un Partido, que aglutinara y coordinara los esfuerzos de los patriotas independentistas y guiara una Revolución que no se limitaría al éxito militar, sino que implantaría un nuevo orden, una república “con todos y para el bien de todos”. Una Revolución que no sucumbiera ni antes los esfuerzos colonialistas por preservar el statu quo, ni ante la vocación antinacionalista y plañidera de reformistas y anexionistas.
Un Partido que desafiara poderosas fuerzas dentro y fuera del ámbito nacional y social, pudiera decirse.
Son conocidas las desavenencias entre Martí y Maceo con respecto a cómo se debería conducir la guerra, y la pérdida de autoridad que sufriera el Partido luego de la muerte del Apóstol y las actitudes traicioneras y medrosas de Tomás Estrada Palma; pero es indiscutible que el Partido Revolucionario Cubano fue vital para el inicio de la guerra del ´95 y la concreción de un proyecto político que, aunque frustrado por la intervención estadounidense y la escasa asimilación por parte del mambisado del pensamiento martiano en toda su extensión y en todo su peso, daría sus frutos años después.
La historia del PRC de Martí fue una poderosa influencia en el proceso revolucionario que comenzara con el asalto al Cuartel Moncada y que tuviera su coronación el 1ro de enero de 1959. Es, sin embargo, luego del triunfo revolucionario cuando se evidencia aún más la necesidad de unir todas las fuerzas en función del mismo fin. Primero con las ORI, luego con el PURS y finalmente el PCC (en cuya denominación siempre es válido declarar la marcada influencia del campo socialista y del pensamiento soviético), la Revolución buscó la unidad de acción política en un país asediado por las fuerzas reaccionarias del hemisferio occidental.
En la actualidad, persiste la necesidad de esa unidad de acción política, en un escenario complejo donde no faltan falsos profetas que propugnan un retroceso a modelos de clientelismo político y cacicazgos locales.
¿Podría ser viable un modelo pluripartidista en Cuba que no sucumbiera ante la voluntad hegemonista de los enemigos de la Revolución? El pasado y el presente nos enseñan que la dispersión de las fuerzas políticas de izquierda, por muy buenas intenciones que estas tengan, solo sirve para pavimentar el camino hacia el ejercicio del poder político público por parte de coaliciones de derecha.
En el mundo de la política, los actos son exteriorizaciones de intereses. Y el sistema de partido único es el que defiende la idea de someter la ideología de un sistema político a un solo orden de intereses: los intereses del pueblo. Y el Partido, como vanguardia organizada de ese pueblo, no solo debe interpretar y dilucidar esos intereses (en clave democrática, de acuerdo a la ley de mayorías), sino que debe proyectar estrategias que coadyuven al aparato estatal a tomar decisiones acordes con esos intereses.
Es pertinente, por ende, dilucidar fundamentos jurídicos que respalden esas funciones del Partido, ese papel que debe tener en la política nacional y en la compleja dinámica del sistema político cubano.
El modelo de Partido único en Cuba se define en la Constitución, que instituye al PCC como guía del Estado y de la sociedad. Pero el PCC no tiene funciones electorales, no tiene potestad para nominar o designar un candidato, para remover un cargo administrativo o para suplantar atribuciones estatales como la impartición de justicia o la administración pública.
El modelo de Partido único no puede emularse al de “unipartidismo” o “monopartidismo”, pues esto implicaría que el PCC acudiera a las elecciones como única opción posible. En cambio, la ley cubana no establece como requisito para ser candidato (en ningún nivel de la magistratura pública) el ser militante. Es decir, el Partido único está muy cerca de lo que podemos llamar “apartidismo”, un modelo político en el que lo que importa no es la filiación a una organización sino la sujeción a intereses y voluntades populares.
Hoy, el modelo de Partido único es blanco de ataques por parte de la plataforma de restauración capitalista que se urde para Cuba, y que para ello se vale de medios impresos y digitales, propaganda en redes sociales, creación y difusión de contenidos academicistas, tergiversación de la historia y del ordenamiento jurídico, etc.
La defensa que debemos hacer del rol del PCC ha de basarse en la profundización del conocimiento sobre la distinción entre Partido y Estado, como elementos del sistema político cubano, la diferenciación de las funciones partidistas (en todos sus diversos niveles) y la promoción de investigaciones que brinden sustento científico a la defensa de esta faceta tan distintiva de nuestra realidad política y social.

La invaluable fortuna de Fidel (+Fotos)

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   ACN. Dos años se cumplen ya de su partida y, con esa relatividad que suele acompañarnos a la hora de medir el tiempo -sentimientos y estados de ánimo mediante-, unas veces nos parece que fue ayer y, otras, que hace un siglo. Pero, sea como sea, lo cierto es que a Fidel se le extraña y que nos hace falta, más y más cada día.
   Convencido estuvo siempre y hasta el final nos lo dijo: Los hombres mueren, perduran las ideas. Pasados dos años, después de llorarlo a mares y hacer lo que cualquier familia cuando un ser queridísimo se va, aquí estamos, herederos de sus obras y, más aún, de sus ideas y ejemplo, esa invaluable fortuna que nos legó y ha de ser bien empleada, compartida y multiplicada.
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   Para eso se trabaja. Menos de cinco meses después de aquel aciago 25 de noviembre,  en esa Universidad de La Habana donde  -son sus palabras- se hizo revolucionario, fue constituida la Cátedra Honorífica Fidel Castro Ruz, y a ese esfuerzo se ha sumado otro, todavía mayor, para estrenar a fines de 2019, en la capital del país, un centro destinado al estudio y difusión de su pensamiento y obra.
   Bienvenido cuanto se haga, con la certeza de que será siempre poco.
Segura estoy de que nos faltará vida para llegar al fondo y alcanzar el horizonte de su pensamiento. Un pensamiento que el Doctor en Ciencias Filosóficas René Márquez Castro, Profesor Titular y Consultante de la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba “Ñico López”, no vacila en calificar de prolífico y precursor.
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   “Estudiar y aprehender sus ideas constituye un imperativo. No es tarea para los tiempos por venir y los que están por nacer. Ni siquiera se trata de las jóvenes generaciones presentes. Nos toca también y ante todo a quienes crecimos escuchándolo, lo acompañamos en cada batalla y hemos de continuar  luchando.
   “¿Su mayor contribución? Si debo escoger, diría que demostrar en la práctica la fecundidad del Marxismo y del Leninismo. Lenin habló de lo nuevo que cada proceso revolucionario ha de aportar. Repetir cual calco la experiencia de anteriores procesos, además de craso error habría sido imposible en nuestro caso. Creación heroica debía ser, como afirmó Mariátegui. El Marxismo solo podía germinar en el procesocubano como expresión de lo nacional, a partir de las condiciones históricas concretas en las que se gesta, libra, triunfa y se desenvuelve la Revolución Cubana.
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   “Lo expresó el Comandante el 10 de octubre de 1968, que no podríamos siquiera entender el Marxismo ni llamarnos marxistas, si no empezábamos por comprender el proceso de la Revolución, resultado de esos 100 años de lucha transcurridos hasta entonces, del desarrollo del movimiento político y la conciencia revolucionaria, armada del
Marxismo-Leninismo, que vino a completar el acervo, el arsenal de la experiencia revolucionaria y la historia del país.
   “El de ese día en  Demajagua es un discurso imprescindible. De ahí también es la frase «Y a los revolucionarios cubanos más que a nadie nos hace falta tanto cuanto sea posible ahondar en esas ideas, ahondar en ese manantial inagotable de sabiduría política, revolucionaria y humana». Se refería a Martí, pero igual puede decirse de él, porque es así y ambos resultan indispensables para continuar la marcha”.
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   Es curioso. Durante casi toda la entrevista, el Doctor Márquez Castro habló en presente de Fidel y con esa admiración que la genialidad despierta. “Porque es genial, como también dialéctico, imposible de encasillar ni de atrapar en moldes, con una insaciable sed de conocimientos, apasionado, optimista tenaz y antidogmático por excelencia. Pensemos nada más que, de atenerse al manual y seguir recetas, probablemente la Revolución no se hubiese hecho”.
   A estas alturas de la plática, menciono ese “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, presente en su concepto de Revolución, y aquel discurso memorable del 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna, cuando alertó sobre un real peligro de autodestrucción y nos llamó a replantearnos prácticamente todo, a encarar nuestros yerros y a enfrentar y vencer viejos y nuevos demonios. Entonces iba ya camino a los 80 y no es común que a esa edad…
   “Pero es que -salta mi interlocutor- ese espíritu lo acompañó siempre. Ahí están, por ejemplo, sus intervenciones en el Segundo Congreso del Partido y su llamado a la rectificación de errores y tendencias negativas en los años 80 del siglo XX. Nada más ajeno a él que la complacencia -especialmente consigo mismo- ni más propio que la insatisfacción crítica, el reconocimiento de los errores como una condición natural en la búsqueda incesante de la verdad.
    “Y hay más. En aquella telúrica tarde-noche de noviembre de 2005 nos instó a ser audaces, creativos. Necesitamos -dijo- muchas ideas, bien claras, y muchas preguntas, acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el Socialismo.
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   “Ese es Fidel, el de pensamiento inquieto, el que indaga hasta llegar al fondo, el que cuestiona, bombardea a preguntas, maneja la duda como un elemento de su racionalidad, y para quien nada hay más antimarxista que la petrificación de las ideas. Fidel es gobierno y oposición a la vez, afirmó su gran amigo, Gabriel García Márquez, y no le faltaba razón.
   “En el Aula Magna, al reflexionar sobre errores y peligros, responde al pesimista «Esto no lo arregla nadie» con un «Esto lo va a arreglar el pueblo», que lo retrata como el paradigma de conductor que será eternamente, con esa extraordinaria capacidad de movilización, fruto de una autoridad moral ganada a fuerza de ejemplo, y de esa conexión con el pueblo, que de mágica solo tiene su carisma, y sí mucho de entrega total, vínculo permanente, el no mentir jamás, hablar claramente, explicar, razonar y, por supuesto, escuchar a la gente.
   “Hay mucho que escudriñar en sus ideas, un mundo que aprender de Fidel. Este también es su tiempo, y como hizo él con Martí, nos toca ahora asumir también el legado de este otro iluminado. Juntos tienen bastante que decirnos, por ejemplo, sobre la unidad -esencial para el éxito de todo programa político-, ese consenso del que tanto se habla ahora, y el pesado lastre que suponen la opinión servil y la falsa unanimidad.
   “En su visita a Chile durante el gobierno de Allende, dijo Fidel algo tremendamente dialéctico, y es que lo ideal en política es la unidad: de criterios, de doctrina, de fuerzas, de mando. Es lo ideal, pero otra cosa es lo real, y ha de buscarse unidad de objetivos, unidad en determinadas cuestiones, puesto que no se puede lograr el ideal de una unidad absoluta en todo.
   “Tenemos mucho que aprender de Fidel sobre política, para él la primera de las artes y las ciencias e, incluso, más arte que ciencia. Aprender de sus cualidades revolucionarias y excepcionales dotes como conductor; de su espíritu indoblegable, pasión por la verdad, sentido del deber, humanismo, apego a los principios, modestia; de su indeclinable voluntad de sembrar ideas y conciencia; su fe -la de Martí- en el mejoramiento humano y la utilidad de la virtud.
   “Hay, repito, que escuchar a Fidel, leerlo, estudiarlo, descubrirlo. Lo otro sería reducir ese manantial de ideas a una que
otra frase, colocada aquí y allá, a veces en lugares donde lo que se hace es la antítesis de su pensamiento y obrar revolucionarios. Y es peligroso, porque puede vaciarla de contenido, hacerle perder sentido.
   “Dos años atrás, movido por la exaltación, el amor, la gratitud, el dolor, un pueblo entero gritó: ¡Yo soy Fidel! Sin embargo, además de poderoso sentimiento, ser fidelista es conocimiento, brújula, arsenal, derrotero. Tenemos que hacer para que lo sea por siempre, tanto más según pase el tiempo.
   “Retador es el camino, pero en los cambios económicos, sociales y políticos que vienen sucediéndose y los que el futuro exija para la construcción del Socialismo próspero y sostenible al que aspiramos, está y estará la huella de Fidel; como está y estará en cada paso hacia la conquista de un mundo mejor, con equidad y justicia para todos, en la práctica de la solidaridad y el internacionalismo, en la lucha incansable contra el imperialismo y sus desmanes y por la integración latinoamericana y caribeña y la preservación del planeta y de la especie humana”.  

Por qué Yo Soy Fidel

Por Rafael Andrés Álvarez Fernández
11Fidel Castro
Soy de la generación que creció bajo la magia indescriptible de las luces y el audio que repetía hasta el infinito su voz, la que se sorprendía ante el silencio casi sepulcral de los millones de personas que escuchaban sus discursos de pie, sin titubear, sin abandonar su lugar; a la que padres y vecinos llamaban la atención con mirada severa por hacer un ruido innecesario pues el “Jefe” estaba hablando; la del niño que miraba a veces sin comprender pero comprendiendo, como los ojos vigilantes del pueblo, de su pueblo, velaban para descubrir y neutralizar a cualquier enemigo infiltrado en la multitud que intentara realizar cualquier acción contra Fidel en su Plaza, la de la Revolución, la que él hizo del pueblo y la seguridad infinita de saber que nadie se atrevería porque había millones de Fidel multiplicados en la multitud.
Crecí como tantos otros, viendo un país que se construía desde las ruinas de un sistema explotador, el que segregaba a la mayoría por todas las razones posibles, el sexo, color de la piel, clase social, etc., y que solo unía a unos pocos por el tamaño de su billetera o los apellidos de abolengo, mientras los otros, como mis padres, vivían relegados a barrios de miseria y salarios de esclavos, conformándose con migajas de un oropel que no existía nada más que en sus sueños.
Vi en ese parto, a mi madre llevándome de la mano a las escuelas nocturnas creadas por Fidel para alcanzar el sexto grado y después el noveno, escolaridad que nunca hubiera logrado en el desgobierno anterior, o sacando la licencia de conducción y ser de las primeras mujeres taxistas en Cuba o participar con la Cruz Roja en la asistencia a los participantes en las grandes concentraciones populares de la época, cosa impensable para un sector apartado históricamente al papel de ama de casa o esposa dependiente, salvo raras excepciones y todo eso, gracias a Fidel.
Jugué y estudié como muchos de mi generación, en los Palacios y Campamentos de Pioneros creados por Fidel, donde se desarrollaba y estimulaba nuestras vocaciones; el de las escuelas al o en el campo, un anhelo martiano llevado a la práctica por Fidel, que vinculaba el estudio con el trabajo, se aprendía a honrar la labor del campesino y a no ser una generación de pedigüeños, sino de hombres dispuestos al trabajo.
Aprendí a sentir con Fidel, el primer Martiano de Cuba, que no hay mayor satisfacción que el deber cumplido, aún con la probable ingratitud de los hombres; aprendí a hacer realidad con Fidel, que Patria es Humanidad, porqué desde tu tierra se hace más grande el mundo cuando se sirve al bienestar de los demás, incluso a costa de tu propia vida; aprendí con Fidel, a echar mi suerte con los pobres de la tierra, porque son los que nada tienen y a los que el gran capital ignora; aprendí con Fidel que en Silencio Ha Tenido que Ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas; aprendí con Fidel la necesidad impostergable de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas, los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
Aprendí con Fidel, a entender la rapacidad imperialista y luchar contra la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia; aprendí con Fidel que una idea justa desde el fondo de una cueva es más fuerte que un ejército; aprendí con Fidel que “¡El honor no se negocia, la patria no se negocia, la dignidad no se negocia, la independencia, la soberanía, la historia, la gloria no se negocia!”.
Aprendí de Fidel que “…nada podrá aplastar la Revolución, pero sabemos también que cada esfuerzo nuevo que hacemos nos hace más fuertes, hace a nuestra Revolución más fuerte, hace a nuestra Revolución más segura y hace a nuestra Revolución más libre; hace a nuestro pueblo más dueño de su destino…!”; aprendí de Fidel que “…toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, porque él –pudiendo aspirar a todas las glorias– nos dejó el inmenso legado de su humildad, entrega, dignidad, honor, sacrificio y devoción por todos nosotros.
A él le digo: ¡Gracias, Fidel! Y, a ustedes, que han tenido la deferencia de conocer mi por qué, les reitero que por todas esas cosas y muchísimas más que no cabrían en miles de cuartillas: ¡Yo Soy Fidel!

Fidel Castro, un legado de humanismo y cercanía al pueblo (+Fotos)

Roberto Chile: Lo humano y grandioso de fotografiar a Fidel

Roberto Chile conversa con Fidel en el Estadio Latinoamericano durante el juego amistoso de Beísbol Cuba-Venezuela (a la izquierda el entonces Jefe de su escolta, general José Delgado. Foto: Cortesía de Roberto Chile.
CUBADEBATE. El fotógrafo y documentalista Roberto Chile tuvo el privilegio de acompañar a Fidel en sus recorridos por Cuba y el mundo durante casi tres décadas. De tantos años de trabajo, guarda un amplio testimonio gráfico del alcance y la dimensión de uno de los hombres más grandiosos de nuestra Patria, en los momentos más decisivos que ha vivido la Revolución cubana.
Desde su simbólica “Estrella de Fidel”, un Comandante de espaldas que habla a una multitud, hasta las manos fuertes y a la vez tiernas del líder de la Revolución cubana, muchísimas son sus fotografías más conocidas. Quien conoce su obra pudiera pensar que no existe gesto o mirada del Comandante que no fuera captado por su lente, pero este fotógrafo asegura que no solo a él, sino a todos los que lo filmaron o retrataron, les faltó “mucho por hacer”.
“Cuando uno sigue a un hombre así, a un líder como lo fue y lo es Fidel, no tiene derecho a cansarse”, dice a Cubadebate este reconocido documentalista, quien define a Fidel como un “gigante de la historia”, un hombre que combinaba perfectamente lo humano y lo grandioso. “Así lo vi y lo veré siempre, aunque por momentos pudiera rozarle el hombro con el lente”, asegura.
Cuando se cumplen dos años de aquel triste noviembre en que dijimos “Hasta siempre” al líder de la Revolución Cubana, conversamos con el Roberto Chile que conoció Fidel.
—Usted comienza a trabajar con Fidel en 1982, cuando apenas era un joven ¿Cuál fue la primera tarea que tuvo junto al Comandante? ¿Qué anécdotas podría compartir sobre aquella primera misión?
— Las primeras tareas no fueron precisamente las más importantes ni son las que más recuerdo. Esas llegaron con el tiempo. Quisiera referirme al recorrido de Fidel por las zonas afectadas por el huracán Kate en 1985. A pesar de que habíamos cumplido otras tareas con anterioridad, esa fue, tal vez, nuestra prueba de fuego.
Yo estaba en la casa con mi familia cuando el Doctor Miyar (Chomy), entonces Secretario del Consejo de Estado, me llamó para decirme que me preparara para salir de recorrido con Fidel. No sé por qué pensé que se trataba de La Habana Vieja y apenas llevé ropa en mi equipaje.
Tomamos carretera al atardecer y se hizo de noche. La primera parada fue en Villa Clara. Al día siguiente, temprano en la mañana, comenzó el recorrido por pueblos devastados, campos arrasados e inundados por las lluvias y el viento. Reinaban la ruina y la desolación en todas partes. Y en eso, llegó Fidel. Había que ver a la gente cuando lo veía llegar. Porque Fidel era la esperanza, el líder que jamás abandonó a su pueblo ni en las peores circunstancias. Todavía recuerdo a Fidel entre la gente, consolando a los que, menos la vida, lo habían perdido todo, a esos a los que Fidel les devolvía la luz.
Días después, ya de regreso a La Habana, recorrimos esos mismos sitios en helicóptero. Con todas esas imágenes y cargados de vivencias, realizamos un reportaje que titulamos “Con espíritu de combate y de victoria”. Momentos antes de su estreno en televisión se lo mostramos a Fidel y a otros compañeros suyos en su despacho. Cuando terminamos de verlo, visiblemente emocionado aplaudió, nos dio la mano, nos felicitó, y conversó unos minutos con todos los presentes.
Ese y otros momentos vividos fueron los que sellaron mi destino: “seguir a Fidel a todas partes sin reparos y sin miedos”.

Roberto Chile dialogando con Fidel en el Palacio de la Revolución (al centro Salvador Combarro). Foto: Cortesía de Roberto Chile.
—¿Cómo era la relación personal y profesional con el Comandante en aquellos primeros años y cómo fue desarrollándose con el paso de los años?
—Al principio no se sabía mi nombre. Alguien me dijo una vez que se refería a mí como “el muchacho que anda con la cámara”; pero con el tiempo y el roce casi diario me fue conociendo, hasta que un día me llamó por mi apellido: Chile. Así me dijo siempre, como mismo me dicen mis amigos.
Hablé muchas veces con él, de cerca, y nunca dejé de emocionarme. Me sorprendí las veces que me llamó por teléfono, las que fue sin avisar a la oficina para interesarse por nuestro trabajo y cuando dedicó minutos de su tiempo a dialogar conmigo.
Siguió desde cerca el trabajo que hicimos tras el regreso del niño Elián a la Patria, nuestra labor para dar a conocer al mundo la Misión Milagro, nuestro recorrido por las zonas devastadas por el terremoto en Pakistán, tareas que él personalmente nos asignó y consagrados a ellas cumplimos.
Por lo general, era siempre el primero en ver nuestros documentales. Nunca puso objeciones, ni hizo correcciones. Jamás nos rechazó un proyecto. Nos dejó trabajar con entera libertad y absoluta confianza. Solo una vez me pidió que apagara la cámara y tengo que reconocer que fue por mi culpa. Tampoco faltó algún que otro regaño. Uno a veces se excede. Después, la mano en el hombro. Yo siempre me dije: es preferible que me aguanten a que me empujen. Y así pasó el tiempo, y fueron años.
Te cuento una anécdota. Una vez, después de una larga jornada de trabajo, uno de sus escoltas llamó a mi casa para que Fidel hablara conmigo, pero yo no estaba. Mi mamá le dijo que había salido con mi esposa y uno de mis hijos a una pizzería. Él pidió que no me molestaran, y cuando regresara lo llamara. Y así fue, en cuanto llegué a mi casa, llamé al puesto de mando para hablar con él. Cuando salió al teléfono, me preguntó: ¿Cómo te fue hoy? A lo que respondí: Comandante. Todo salió muy bien. Y sin disimular la risa me dijo: Yo no te pregunté eso, lo que quiero saber es si estaban buenas las pizzas. No pude hacer otra cosa que echarme a reír. Después hablamos un buen rato del trabajo.

Roberto Chile en el avión en viaje intercontinental. Al centro uno de sus escoltas. Foto: Cortesía de Roberto Chile.
—¿Cómo era trabajar con el líder del pueblo, con un hombre que apenas descansaba y que siempre estaba en pie? ¿Nunca lo sorprendió a usted el cansancio?
—Era un ajetreo constante. Sabías dónde estabas, pero no siempre dónde ibas a estar después. Sabías cuando empezaba la jornada, pero no cuando terminaría. Porque Fidel era impredecible. Por eso le hacía tan difícil la labor al enemigo. Tenía una energía y unas ansías de hacer tan grandes, que no tenía límites.
Era un ejemplo de consagración al trabajo, de entrega a la Revolución. Y cuando uno sigue a un hombre así, a un líder como lo fue, y lo es, Fidel, no tiene derecho a cansarse. Y te digo sinceramente… no recuerdo una sola vez que en plena faena el cansancio me haya vencido.
El sueño sí. En más de una ocasión se me cerraron los ojos. Para calmar el sueño, aprendí a morderme los labios, como me había enseñado un compañero de su escolta. Más de una vez, casi me saco sangre. Cuando existe voluntad, motivación e inspiración, se siente eso que Martí llamó el placer del sacrificio.
—Una imagen ya sea fija o en movimiento puede ser arte, y quien está detrás del lente siempre quiere comunicar algo ¿Qué rasgos de la personalidad de Fidel intentaba resaltar a través de sus imágenes?
—Buscaba indistintamente lo humano y lo grandioso. Cuando Fidel hablaba de cerca con el pueblo, captaba ese momento con una cámara que lo tocara con la misma sencillez con que él tocaba a la gente, tratando de penetrar en lo humano, en su espíritu. Pero la mayor parte de las veces lo que buscaba era resaltar su grandeza, mostrarlo en toda su dimensión, como lo que es: un gigante de la historia. Y así lo vi y lo veré siempre, aunque por momentos pudiera rozarle el hombro con el lente.
—De todas sus imágenes, ¿cuáles son las que más recuerda, sus favoritas?
—Son muchas las imágenes de Fidel y el tiempo que nos tocó vivir que se han visto en Cuba y el mundo, imágenes que ya forman parte de la memoria audiovisual de la Patria. Algunas fotografías se han convertido en banderas. No me atrevo a decir cuáles son mis favoritas, eso sí, las recuerdo todas. Aunque aparezcan aquí, allá o en cualquier parte, y no se sepa o reconozca a veces quién es el autor, cuando las veo, siento una inmensa dicha, esa dicha que proporciona el deber cumplido. Entonces me digo: valió la pena.
De todas formas, te menciono una de mis favoritas: La Estrella de Fidel.

La Estrella de Fidel. Foto: Roberto Chile.
—Usted se ha dado a la tarea de compartir parte del legado del Comandante en Jefe a través de sus documentales y fotografías. ¿En el caso de las fotografías, cuál ha sido la intención de sus exposiciones? ¿Cómo han sido recibidas en los distintos países donde se han presentado?
—Mi exposición fotográfica insigne fue “Fidel es Fidel” una selección de fotografías tomadas entre 2005 y 2012, que se presentó por primera vez en el Memorial José Martí el 12 de agosto de 2014.
El tema de la exposición está inspirado en una frase célebre del dramaturgo alemán Bertolt Brecht: «Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles». Y eso es lo que me propuse: detener en el tiempo el símbolo épico de un hombre ícono, de un guerrillero del tiempo.
“Fidel es Fidel” se presentó en 16 países: Alemania, Brasil, Colombia, México, Bélgica, Gran Canaria, Estados Unidos, Australia, y otros más. En todos recibió la más cálida acogida del público y la solidaridad de los revolucionarios de esos países.
—Imagino que no hay mirada o gesto del Comandante en Jefe que no haya sido captado por usted en casi tres décadas de acompañamiento. ¿Le faltó alguna imagen deseada por hacer?
—Con Fidel no se termina. No solo a mí, a todos los que lo filmamos o retratamos, nos faltó mucho por hacer. Pero gracias al trabajo abnegado de varias generaciones de cineastas, camarógrafos, fotógrafos, artistas, historiadores, periodistas y escritores, Fidel no quedará anclado al presente, sino que llegará al futuro. Aunque no haya estatuas, ni plazas, avenidas, fábricas o escuelas con su nombre, su imagen y sus ideas permanecerán por siempre.

Roberto Chile detrás de Fidel, en Camagüey, tras las huellas del huracán Kate. Foto: Cortesía de Roberto Chile.

Roberto Chile en Pinar del Río junto a Fidel después de un intenso recorrido (al centro Salvador Combarro). Foto: Cortesía de Roberto Chile.

Fidel pedaleando el Pedibus con la Juventud Cubana. Foto: Cortesía de Roberto Chile.

Algunas fotografías de la autoría de Roberto Chile

Un ángulo muy cercano. Foto: Roberto Chile.

Foto: Roberto Chile.

Foto: Roberto Chile.

El dolor del Hasta Siempre al Comandante en Jefe hace dos años. Foto: Roberto Chile.

El pueblo cubano despide a Fidel hace dos años Fotos: Roberto Chile.

RINDE HOMENAJE ROBERTO CHILE A FIDEL CASTRO DESDE LA FOTOGRAFÍA

Rinde homenaje Roberto Chile a Fidel Castro desde la fotografía.

Tomado de RADIO NUEVITAS. El fotógrafo cubano Roberto Chile rindió homenaje, en esta capital, al Comandante en Jefe Fidel Castro, con motivo del segundo aniversario de su fallecimiento, acaecido el 25 de noviembre de 2016.

A tres días de la efeméride luctuosa, el también realizador audiovisual narró este jueves sus experiencias en el trabajo con Fidel y mostró algunas de las imágenes que documentan el período en que trabajaron juntos.
En calidad de camarógrafo, Chile acompañó a Fidel en sus viajes por Cuba y el mundo desde 1984 hasta 2006, y después se dedicó a la fotografía profesional haciendo exposiciones en cerca de 20 países.
Como parte del homenaje, Chile expuso en el hotel Habana Libre una selección de la muestra Fidel es Fidel, la cual agrupa un conjunto de fotografías tomadas del 2005 al 2012 y que permiten al espectador conocer momentos importantes de la vida del líder histórico de la Revolución cubana fuera del ejercicio político.
Según el fotógrafo, la selección refleja al hombre mítico, valiente y fuerte, pero a la vez humano y sensible, que vivió y murió bajo sus propios términos.
El líder de la Revolución cubana traspasaba el plano de lo común, tenía una voluntariedad y visión que siempre quise transmitir con mis imágenes a través de su rostro, su mirada, las manos y gestos, comentó Chile.
Rendirle tributo dos años después de fallecido, transmitir nuestras anécdotas, regalar un poco de su entrañable personalidad es mi humilde forma de perpetuar su legado, refirió el realizador.
Entre las obras más conocidas del camarógrafo figuran los documentales Desafío, En las laderas del Himalaya, En mis ojos brillas tú, Hágase la luz, Elogio de la Virtud, Oda a la Revolución, Sencillamente Korda, Soy Tata Nganga y Esencias.
Como director de fotografía, camarógrafo, director y productor, ha participado en más de 80 realizaciones cubanas y extranjeras.
Importantes reconocimientos dan cuenta del impacto de su obra artística y periodística, entre los cuales resaltan la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez (1998), la condición Hombres y Mujeres Importantes de la Sociedad (2003) y la Distinción por la Cultura Nacional (2004).

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Fascismo mediático made in USA

donald trump
Por Francisco Arias Fernández
Como en los peores tiempos de la “guerra fría”, los medios de la mafia de Miami y del andamiaje de los servicios especiales estadounidenses satanizan a Venezuela y a su gobierno desbordantes de odio, intolerancia, acusaciones superagresivas, mentiras engordadas desde las oficinas de los congresistas anticubanos y de la fabriquita de inventos del señor John Bolton, en el Consejo de Seguridad Nacional.
Para Cuba y Nicaragua los infundios no son menos, con un lenguaje mucho más irrespetuoso y sucio que el empleado por el citado asesor principal de la Casa Blanca o el vicepresidente Mike Pence, en sus frecuentes reuniones privadas o públicas, con sus aliados de la Florida, amigos íntimos de los mejores socios de los terroristas del estado.
La fábrica de mentiras en español hace millones por estos días para tratar de revertir la aplastante derrota sufrida por el gobierno de los Estados Unidos en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, enfrentada a todo el planeta, con la única excepción de su perdonado, protegido y tolerado régimen sionista de Israel.
Los peores periodistas de Miami y los asalariados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) quieren aprovechar al máximo la repartición de presupuestos para la subversión contra los tres países latinoamericanos, al tiempo que disfrutan y propagan las sanciones económicas y de todo tipo, que Washington asume como venganza, e incluso se afilan los dientes con la primicia de que Trump se apresta a incluir a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo, un nuevo disparate político, que no tiene otro objetivo que escalar la agresión contra el hermano pueblo venezolano.
Las directivas de la Casa Blanca son claras: reproducir mensajes que desalienten cuanto esfuerzo apunte a la paz, el entendimiento y el normal desarrollo de las relaciones civilizadas entre los estados y pueblos de la región; incentivar los conflictos internos; estimular a los militares a retomar los golpes de Estado, como en la era de la operación Cóndor;  desacreditar gobiernos, partidos y personalidades de la izquierda; promover a la contrarrevolución y la ultraderecha.
El Nuevo Herald y CNN en Español tienen su cometido en territorio estadounidense, mientras El País de España, protagoniza la escalada agresiva y tendenciosa, que roza con posiciones fascistoides, estimulados por el lenguaje torpe y contraproducente de Washington.
Algunos se preguntan en Europa si Donald Trump, Jair Bolsonaro o la derecha radical europea serán capaces de reeditar el racismo y la homofobia que imperó hasta no hace mucho en el Viejo Continente, basados en la ola mediática de la extrema derecha neofascista que montada en el nacional-populismo arremete contra gobiernos socialistas, defienden políticas antiinmigrantes y se declaran abiertamente anticomunistas enfermizos.
Mientras utiliza los medios para la guerra contra los demás, Trump se declara y actúa como enemigo de la prensa estadounidense e internacional que lo desenmascara.
El maltrato en público del magnate  presidente el miércoles pasado durante una conferencia de prensa contra el excorresponsal principal de la CNN en la Casa Blanca, Jim Acosta, ratifica la idea de que pasadas las elecciones intermedias, Trump está a la ofensiva, retomando sus antiguos rencores y asumiendo una postura aún más agresiva, que ha sido repudiada o causado preocupación en altas esferas de Londres y París.
El malestar de los viejos aliados con el jefe del imperio obedece al “precipitado alejamiento de Trump de los principios democráticos que ellos consideran sacrosantos”.
Incluso –según la prensa europea- los franceses piden que el Presidente galo rinda cuentas sobre la invitación al mandatario estadounidense, a quien culpan de incentivar las guerras y el número de víctimas a nivel global, mientras pisotea valores elementales de la democracia y derechos humanos fundamentales, como la libertad de expresión.
Los ataques no solo tienen como blanco a la prensa norteamericana o internacional, y al partido Demócrata que le ganó la Cámara de Representantes, y que ha recibido todo tipo de amenazas y chantajes, sino a los enemigos externos, una bolsa que se ha hecho cada día más ancha en el “nuevo momento americano”, como ocurrió en los días de posicionamiento de los fascismos viejos.
El Heraldo Cubano

En busca de la verdad

La pupila insomne

...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado. Rubén Martínez Villena

La Santa Mambisa

Promoviendo la FE de nuestra cubanísima Revolución

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