Caribe Isla Grande

Amo a esta Isla, soy del Caribe

Caribe Isla Grande

La primera noche del bloqueo

Visita de Gabriel García Márquez Premio nobel de literatura a Granma Internacional (foto Ricardo Lopez Hevia)  Marq0015
Aquella noche, la primera del bloqueo, había en Cuba unos 482 560 automóviles, 343 300 refrigeradores, 549 700 receptores de radio, 303 500 televisores, 352 900 planchas eléctricas, 286 400 ventiladores, 41 800 lavadoras automáticas, 3 510 000 relojes de pulsera, 63 locomotoras y 12 barcos mercantes. Todo eso, salvo los relojes de pulso que eran suizos, había sido hecho en los Estados Unidos.
Al parecer, había de pasar un cierto tiempo antes de que la mayoría de los cubanos se dieran cuenta de lo que significaban en su vida aquellos números mortales. Desde el punto de vista de la producción, Cuba se encontró de pronto con que no era un país distinto, sino una península comercial de los Estados Unidos. Además de que la industria del azúcar y el tabaco dependían por completo de los consorcios yanquis, todo lo que se consumía en la Isla era fabricado por los Estados Unidos, ya fuera en su propio territorio o en el territorio mismo de Cuba. La Habana y dos o tres ciudades más del interior daban la impresión de la felicidad de la abundancia, pero en realidad no había nada que no fuera ajeno, desde los cepillos de dientes hasta los hoteles de veinte pisos de vidrio del Malecón.
Cuba importaba de los Estados Unidos casi 30 000 artículos útiles e inútiles para la vida cotidiana. Inclusive los mejores clientes de aquel mercado de ilusiones eran los mismos turistas que llegaban en el Ferry boat de West Palm Beach y por el Sea Train de Nueva Orleáns, pues también ellos preferían comprar sin impuestos los artículos importados de su propia tierra.
Las papayas criollas, que fueron descubiertas en Cuba por Cristóbal Colón desde su primer viaje, se vendían en las tiendas refrigeradas con la etiqueta amarilla de los cultivadores de las Bahamas. Los huevos artificiales que las amas de casa despreciaban por su yema lánguida y su sabor de farmacia tenían impreso en la cáscara el sello de fábrica de los granjeros de Carolina del Norte, pero algunos bodegueros avispados los lavaban con disolvente y los embadurnaban de caca de gallina para venderlos más caros como si fueran criollos.
No había un sector del consumo que no fuera dependiente de los Estados Unidos. Las pocas fábricas de artículos fáciles que habían sido instaladas en Cuba para servirse de la mano de obra barata estaban montadas con maquinaria de segunda mano que ya había pasado de moda en su país de origen. Los técnicos mejor calificados eran norteamericanos, y la mayoría de los escasos técnicos cubanos cedieron a las ofertas luminosas de sus patrones extranjeros y se fueron con ellos para los Estados Unidos. Tampoco había depósitos de repuestos, pues la industria ilusoria de Cuba reposaba sobre la base de que sus repuestos estaban sólo a 90 millas, bastaba con una llamada telefónica para que la pieza más difícil llegara en el próximo avión sin gravámenes ni demoras de aduana.
A pesar de semejante estado de dependencia, los habitantes de las ciudades continuaban gastando sin medida cuando ya el bloqueo era una realidad brutal. Inclusive muchos cubanos que estaban dispuestos a morir por la Revolución, y algunos sin duda que de veras murieron por ella, seguían consumiendo con un alborozo infantil. Más aún: las primeras medidas de la Revolución habían aumentado de inmediato el poder de compra de las clases más pobres, y éstas no tenían entonces otra noción de la felicidad que el placer simple de consumir. Muchos sueños aplazados durante media vida y aun durante vidas enteras se realizaban de pronto. Sólo que las cosas que se agotaban en el mercado no eran repuestas de inmediato, y algunas no serían repuestas en muchos años, de modo que los almacenes deslumbrantes del mes anterior se quedaban sin remedio en los puros huesos.
Cuba fue por aquellos años iniciales el reino de la improvisación y el desorden. A falta de una nueva moral –que aún habrá de tardar mucho tiempo para formarse en la conciencia de la población–el machismo Caribe había encontrado una razón de ser en aquel estado general de emergencia.
El sentimiento nacional estaba tan alborotado con aquel ventarrón incontenible de novedad y autonomía, y al mismo tiempo las amenazas de la reacción herida eran tan verdaderas e inminentes, que mucha gente confundía una cosa con la otra y parecía pensar que hasta la escasez de leche podía resolverse a tiros. La impresión de pachanga fenomenal que suscitaba la Cuba de aquella época entre los visitantes extranjeros tenía un fundamento verídico en la realidad y en el espíritu de los cubanos, pero era una embriaguez inocente al borde del desastre.
En efecto, yo había regresado a La Habana por segunda vez a principios de 1961, en mi condición de corresponsal errátil de Prensa Latina, y lo primero que me llamó la atención fue que el aspecto visible del país habla cambiado muy poco, pero que en cambio la tensión social empezaba a ser insostenible.
Había volado desde Santiago hasta La Habana en una espléndida tarde de marzo, observando por la ventanilla los campos milagrosos de aquella patria sin ríos, las aldeas polvorientas, las ensenadas ocultas, y a todo lo largo del trayecto había percibido señales de guerra. Grandes cruces rojas dentro de círculos blancos habían sido pintadas en los techos de los hospitales para ponerlos a salvo de bombardeos previsibles. También en las escuelas, los templos y los asilos de ancianos se habían puesto señales similares.
En los aeropuertos civiles de Santiago y Camaguey había cañones antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial disimulados con lonas de camiones de carga y las costas estaban patrulladas por lanchas rápidas que habían sido de recreo y entonces estaban destinadas a impedir desembarcos. Por todas partes se veían estragos de sabotajes recientes: cañaverales calcinados con bombas incendiarias por aviones enviados desde Miami, ruinas de fabricas dinamitadas por la resistencia interna, campamentos militares improvisados en zonas difíciles donde empezaban a operar con armamentos modernos y excelentes recursos logísticos los primeros grupos hostiles a la Revolución.
En el aeropuerto de La Habana, donde era evidente que se hacían esfuerzos para que no se notara el ambiente de guerra, había un letrero gigantesco de un extremo al otro de la cornisa del edificio principal: “Cuba, territorio libre de América”. En lugar de los barbudos de antes, la vigilancia estaba a cargo de milicianos muy jóvenes con uniforme verde olivo, entre ellos algunas mujeres, y sus armas eran todavía las de los viejos arsenales de la dictadura. Hasta entonces no había otras.
El primer armamento moderno que logró comprar la Revolución, a pesar de las presiones contrarias de los Estados Unidos, había llegado de Bélgica el 4 de marzo anterior, a bordo del barco francés “La Coubre”, y este voló en el muelle de La Habana con 700 toneladas de armas y municiones en las bodegas a causa de una explosión provocada. El atentado produjo además 75 muertos y 200 heridos entre los obreros del puerto, pero no fue reivindicado por nadie, y el Gobierno cubano lo atribuyo a la CIA.
Fue en el entierro a las victimas cuando Fidel Castro proclamo la consigna que había de convertirse en la divisa máxima de la nueva Cuba: Patria o Muerte. Yo la había visto escrita por primera vez en las calles de Santiago, la había visto pintada a brocha gorda sobre los enormes carteles de propaganda de empresas de aviación y pastas dentríficas norteamericanas en la carretera polvorienta del aeropuerto de Camaguey, y la volví a encontrar repetida sin tregua en cartoncitos improvisados en las vitrinas de las tiendas para turistas del aeropuerto de La Habana, en las antesalas y los mostradores, y pintadas con albayalde en los espejos de las peluquerías y con carmín de labios en los cristales de los taxis.
Se había conseguido tal grado de saturación social, que no había ni un lugar ni un instante en que no estuviera escrita aquella consigna de rabia, desde las pailas de los trapiches hasta el calce de los documentos oficiales, y la prensa, la radio y la televisión la repitieron sin piedad durante días enteros y meses interminables, hasta que se incorporó a la propia esencia de la vida cubana.
En La Habana, la fiesta estaba en su apogeo. Había mujeres espléndidas que cantaban en los balcones, pájaros luminosos en el mar, música por todas partes, pero en el fondo del júbilo se sentía el conflicto creador de un modo de vivir ya condenado para siempre, que pugnaba por prevalecer contra otro modo de vivir distinto, todavía ingenuo, pero inspirado y demoledor. La ciudad seguía siendo un santuario de placer, con máquinas de lotería hasta en las farmacias y automóviles de aluminio demasiado grandes para las esquinas coloniales, pero el aspecto y la conducta de la gente estaban cambiando de un modo brutal.
Todos los sedimentos del subsuelo social habían salido a flote, y una erupción de lava humana, densa y humeante, se esparcía sin control por los vericuetos de la ciudad liberada, y contaminaba de un vértigo multitudinario hasta sus últimos resquicios. Lo más notable era la naturalidad con que los pobres se habían sentado en las sillas de los ricos en los lugares públicos. Habían invadido los vestíbulos de los hoteles de lujo, comían con los dedos en las terrazas de las cafeterías del Vedado, y se cocinaban al sol en las piscinas de aguas de colores luminosos de los antiguos clubs exclusivos de Siboney.
El cancerbero rubio del hotel Habana Hilton, que empezaba a llamarse Habana Libre, había sido reemplazado por milicianos serviciales que se pasaban el día convenciendo a los campesinos de que podían entrar sin temor, enseñándoles que había una puerta de ingreso y otra de salida, y que no se corría ningún riesgo de tisis, aunque se entrara sudando en el vestíbulo refrigerado. Un chévere legítimo del Luyanó, retinto y esbelto, con una camisa de mariposas pintadas y zapatos de charol con tacones de bailarín andaluz, había tratado de entrar al revés por la puerta de vidrios giratorios del hotel Riviera, justo cuando trataba de salir la esposa suculenta y emperifollada de un diplomático europeo. En una ráfaga de pánico instantáneo, el marido que la seguía trató de forzar la puerta en un sentido mientras los milicianos azorados trataban de forzarla desde el exterior en sentido contrario. La blanca y el negro se quedaron atrapados por una fracción de segundo en la trampa de cristal, comprimidos en el espacio previsto para una sola persona, hasta que la puerta volvió a girar, y la mujer corrió confundida y ruborizada, sin esperar siquiera al marido, y se metió en la limusina que la esperaba con la puerta abierta y que arrancó al instante. El negro, sin saber muy bien lo que había pasado, se quedó confundido y trémulo.
– ¡Coño! –suspiró- ¡Olía a flores!
Eran tropiezos frecuentes. Y comprensibles, porque el poder de compra de la población urbana y rural había aumentado de un modo considerable en un año. Las tarifas de la electricidad, del teléfono, del transporte y de los servicios públicos en general se habían reducido a niveles humanitarios. Los precios de los hoteles y de los restaurantes, así como los de los transportes, habían sufrido reducciones drásticas, y se organizaban excursiones especiales del campo a la ciudad y de la ciudad al campo que en muchos casos eran gratuitos. Por otra parte, el desempleo se estaba reduciendo a grandes pasos, los sueldos subían y la Reforma Urbana había aliviado la angustia mensual de los alquileres, y la educación y los útiles escolares no costaban nada.
Las veinte leguas de harina de marfil de las playas de Varadero, que antes tenía un solo dueño y cuyo disfrute estaba reservado a los ricos demasiado ricos, fueron abiertas sin condiciones pare todo el mundo, inclusive para los mismos ricos. Los cubanos, como la gente del Caribe en general, habían creído desde siempre que el dinero sólo servía para gastárselo, y por primera vez en la historia de su país lo estaban comprobando en la práctica.
Creo que muy pocos éramos conscientes de la manera sigilosa pero irreparable en que la escasez se nos iba metiendo en la vida. Aun después del desembarco en Playa Girón, los casinos continuaban abiertos, y algunas putitas sin turistas rondaban por los contornos en espera de que un afortunado casual de la ruleta les salvara la noche. Era evidente que a medida que las condiciones cambiaban, aquellas golondrinas solitarias se iban volviendo lúgubres y cada vez más baratas. Pero de todos modos las noches de La Habana y de Guantánamo seguían siendo largas e insomnes, y la música de las fiestas de alquiler se prolongaba hasta el alba.
Esos rengos de la vida vieja mantenían una ilusión de normalidad y abundancia que ni las explosiones nocturnas, ni los rumores constantes de agresiones infames, ni la inminencia real de la guerra conseguían extinguir, pero que desde hacía mucho tiempo habían dejado de ser verdad. A veces no había carne en los restaurantes después de la media noche, pero no nos importaba, porque tal vez había pollo. A veces no había plátano, pero no nos importaba, porque tal vez había boniato. Los músicos de los clubs vecinos y los chulos impávidos que esperaban las cosechas de la noche frente a un vaso de cerveza, parecían tan distraídos como nosotros ante la erosión incontenible de la vida cotidiana.
En el centro comercial habían aparecido las primeras colas y un mercado negro incipiente, pero muy activo, empezaba a controlar los artículos industriales, pero no se pensaba muy en serio que eso sucediera porque faltaran cosas, sino todo lo contrario, porque sobraba dinero. Por esa época, alguien necesitó una aspirina después del cine y no la encontramos en tres farmacias. La encontramos en la cuarta, y el boticario nos explicó sin alarma que la aspirina estaba escasa desde hacía tres meses. La verdad es que no sólo la aspirina, sino muchas cosas esenciales estaban escasas desde antes, pero nadie parecía pensar que se acabarían por completo. Casi un año después de que los Estados Unidos decretan el embargo total del comercio con Cuba, le vida seguía sin cambios muy notables, no tanto en la realidad como en el espíritu de la gente.
Yo tomé conciencia del bloqueo de una manera brutal, pero a la vez un poco lírica, como había tomado conciencia de casi todo en la vida. Después de una noche de trabajo en la oficina de Prensa Latina me fui solo y medio entorpecido en busca de algo para comer. Estaba amaneciendo. El mar tenía un humor tranquilo y una brecha anaranjada lo separaba del cielo en el horizonte. Caminé por el centro de la avenida desierta, contra el viento de salitre del Malecón, buscando algún lugar abierto para comer bajo les arcadas de piedras carcomidas y rezumantes da le ciudad vieja. Por fin encontré una fonda con la cortina metálica cerrada, pero sin candado, y traté de levantarla para entrar, porque dentro había luz y un hombre estaba lustrando los vasos en el mostrador. Apenas lo había intentado cuando sentí a mis espaldas el ruido inconfundible da un fusil al ser montado, y una voz de mujer, muy dulce, pero resuelta:
-Quieto, compañero –dijo-. Levanta las manos. Era una aparición en la bruma del amanecer. Tenía un semblante muy bello, con el pelo amarrado en la nuca como una cola de caballo, y la camisa miliciana ensopada por el viento del mar. Estaba asustada, sin duda, pero tenía los tacones separados y bien establecidos en la tierra, y agarraba el fusil como un soldado.
-Tengo hambre- dije.
Tal vez lo dije con demasiada convicción, porque sólo entonces comprendió que yo no había tratado de entrar en la fonda a la fuerza, y su desconfianza se convirtió en lástima.
-Es muy tarde -dijo.
-Al contrario -le repliqué-; el problema es que es demasiado temprano.
Lo que quiero es desayunar.
Entonces hizo señas hacia dentro por el cristal, y convenció al hombre de que me sirviera algo, aunque faltaban dos horas para abrir. Pedí huevos fritos con jamón, café con leche y pan con mantequilla y un jugo fresco de cualquier fruta. El hombre me dijo con una precisión sospechosa que no había huevos ni jamón desde hacía una semana ni leche desde hacía tres días, y que lo único que podía servirme era una taza de café negro y pan sin mantequilla, y si acaso un poco de macarrones recalentados de la noche anterior. Sorprendido, le pregunté qué estaba pasando con las cosas de comer, y mi sorpresa era tan inocente que entonces fue él quien se sintió sorprendido.
-No pasa nada -me dijo-. Nada más que a este país se lo llevó el carajo.
No era enemigo de le Revolución, como lo imaginé al principio. Al contrario: era el último de una familia de once personas que se habla fugado en bloque para Miami. Había decidido quedarse, y en efecto se quedó para siempre, pero su oficio le permitía descifrar el porvenir con elementos más reales que los de un periodista trasnochado. Pensaba que antes de tres meses tendría que cerrar la fonda por falta de comida, pero no le importaba mucho, porque ya tenía planes muy bien definidos para su futuro personal.
Fue un pronóstico certero. El 12 de marzo de 1962, cuando ya habían transcurrido trescientos veintidós días desde el principio del bloqueo, se impuso el racionamiento drástico de las cosas de comer. Se asignó a cada adulto una ración mensual de tres libras de carne, una de pescado, una de pollo, seis de arroz, dos de manteca, una y media de frijoles, cuatro onzas de mantequilla y cinco huevos. Era una ración calculada para que cada cubano consumiera una cuota normal de calorías diarias. Había raciones especiales para los niños, según le edad, y todos los menores de catorce años tenían derecho a un litro diario de leche. Más tarde empezaron a faltar los clavos, los detergentes, los focos y otros muchos artículos de urgencia doméstica, y el problema de las autoridades no era reglamentarlos, sino conseguirlos.
Lo más admirable era comprobar hasta qué punto aquella escasez impuesta por el enemigo iba acendrando la moral social. El mismo año en que se estableció el racionamiento ocurrió la llamada Crisis de Octubre, que el historiador inglés Hugh Thomas ha calificado como la más grave de la Historia de la Humanidad, y la inmensa mayoría del pueblo cubano se mantuvo en estado de alerta durante un mes, inmóviles en sus sitios de combate hasta que el peligro pareció conjurado, y dispuestos a enfrentarse a la bomba atómica con escopetas.
En medio de aquella movilización masiva que hubiera bastado para desquiciar a cualquier economía bien asentada, la producción industrial alcanzó cifras insólitas, se terminó el ausentismo en las fábricas y se sortearon obstáculos que en circunstancias menos dramáticas hubieran sido fatales. Una telefonista de Nueva York le dijo en esa ocasión a una colega cubana que en los Estados Unidos estaban muy asustados por lo que pudiera ocurrir. En cambio, aquí estamos muy tranquilos -replicó la cubana-. Al fin y al cabo, la bomba atómica no duele.
El país producía entonces suficientes zapatos para que cada habitante de Cuba pudiera comprar un par al año, de modo que la distribución se canalizó a través de los colegios y los centros de trabajo. Sólo en agosto de 1963, cuando ya casi todos los almacenes estaban cerrados porque no había materialmente nada que vender, se reglamentó la distribución de la ropa. Empezaron por racionar nueve artículos, entre ellos los pantalones de hombre, la ropa interior para ambos sexos y ciertos géneros textiles, pero antes de un año tuvieron que aumentarlos a quince.
Aquella Navidad fue la primera de la Revolución que se celebró sin cochinito y turrones, y en que los juguetes fueron racionados. Sin embargo, y gracias precisamente al racionamiento, fue también la primera Navidad en la historia de Cuba en que todos los niños sin ninguna distinción tuvieron por lo menos un juguete, A pesar de la intensa ayuda soviética y de la ayuda de China Popular, que no era menos generosa en aquel tiempo, y a pesar de la asistencia de numerosos técnicos socialistas y de la América Latina, el bloqueo era entonces una realidad ineludible que había de contaminar hasta las grietas más recónditas de la vida cotidiana y apresurar los nuevos rumbos irreversibles de la historia de Cuba.
Las comunicaciones con el resto del mundo se habían reducido al mínimo esencial. Los cinco vuelos diarios a Miami y los dos semanales de Cubana de Aviación a Nueva York fueron interrumpidos desde la Crisis de octubre. Las pocas líneas de América Latina que tenían vuelos a Cuba los fueron cancelando a medida que sus países interrumpían las relaciones diplomáticas y comerciales, y sólo quedó un vuelo semanal desde México que durante muchos años sirvió de cordón umbilical con el resto de América, aunque también como canal de infiltración de los servicios de subversión y espionaje de los Estados Unidos. Cubana de Aviación, con su flota reducida a los épicos Bristol Britannia, que eran los únicos cuyo mantenimiento podían asegurar mediante acuerdos especiales con los fabricantes ingleses, sostuvo un vuelo casi acrobático a través de la ruta polar hasta Praga.
Una carta de Caracas, a menos de 1 000 kilómetros de la costa cubana, tenía que darle la vuelta a medio mundo para llegar a La Habana. La comunicación telefónica con el resto del mundo tenía que hacerse por Miami o Nueva York, bajo el control de los servicios secretos de los Estados Unidos, mediante un prehistórico cable submarino que fue roto en una ocasión por un barco cubano que salió de la bahía de La Habana, arrastrando el ancla que habían olvidado levar. La única fuente de energía eran los cinco millones de toneladas de petróleo que los tanqueros soviéticos transportaban cada año desde los puertos del Báltico, a 14 000 kilómetros de distancia, y con una frecuencia de un barco cada cincuenta y tres horas.
El “Oxford”, un buque de la CIA equipado con toda clase de elementos de espionaje, patrulló las aguas territoriales cubanas durante varios años para vigilar que ningún país capitalista, salvo los muy pocos que se atrevieron, contrariara la voluntad de los Estados Unidos. Era además una provocación calculada a la vista de todo el mundo. Desde el Malecón de La Habana o desde los barrios altos de Santiago se veía de noche la silueta luminosa de aquella nave de provocación anclada dentro de las aguas territoriales. Tal vez muy pocos cubanos recordaban que del otro lado del mar Caribe, tres siglos antes, los habitantes de Cartagena de Indias habían padecido un drama similar.
Las 120 naves mejores de la Armada Inglesa, al mando del almirante Vernon, habían sitiado la ciudad con 30 000 combatientes selectos, muchos de ellos reclutados en las colonias americanas que más tarde serían los Estados Unidos. Un hermano de George Washington, el futuro libertador de esas colonias, estaba en el Estado Mayor de las tropas de asalto. Cartagena de Indias, que era famosa en el mundo de entonces por sus fortificaciones militares y la espantosa cantidad de ratas de sus albañales, resistió al asedio con una ferocidad invencible, a pesar de que sus habitantes terminaron por alimentarse con lo que podían, desde las cortezas de los árboles hasta el cuero de los taburetes. Al cabo de varios meses, aniquilados por la bravura de guerra de los sitiados, y destruidos por la fiebre amarilla, la disentería y el calor, los ingleses se retiraron en derrota. Los habitantes de la ciudad, en cambio, estaban completos y saludables, pero se habían comido hasta la última rata.
Muchos cubanos, por supuesto, conocían este drama. Pero su raro sentido histórico les impedía pensar que pudiera repetirse. Nadie hubiera podido imaginar, en el incierto año nuevo de 1964, que aún faltaban los tiempos peores de aquel bloqueo férreo y desalmado, y que había de llegarse a los extremos de que se acabara hasta el agua de beber en muchos hogares y en casi todos los establecimientos públicos.

#Reforma Constitucional: Entre el tener y el ser (+Ilustraciones)

#Reforma Constitucional: Entre el tener y el ser (+Ilustraciones)
Un país que ofrezca calidad de vida y prosperidad a sus habitantes es parte de la ruta que se traza la nación. (Alfredo Martirena Hernández / Cubahora)
  • Reforma Constitucional: Proceso de consulta popular en aras de modificar y aprobar la nueva constitución en referéndum. Por acuerdo de la Asamblea Nacional, en sesión extraordinaria celebrada el 2 de junio de 2018, se inició dicho proceso y se creó una Comisión presidida por el General de Ejército Raúl Castro Ruz. La Comisión presentó un Anteproyecto de nueva Constitución de la República al VII Pleno del Comité Central del Partido y al Consejo de Estado, así como a los diputados de la Asamblea en su primer período ordinario de sesiones. El 22 de julio de 2018 el Parlamento acordó someter a consulta popular el proyecto desde el 13 de agosto hasta el 15 de noviembre.
  • Proyecto de Constitución: Propuesta de una nueva Constitución de la República de Cuba que será sometida a referéndum que derivará de un proceso de reforma total al amparo del artículo 137 de la actual Carta Magna. Consta de un Preámbulo y 224 artículos, divididos en 11 títulos, 24 capítulos y 16 secciones.
Por Yeilén Delgado CalvoCubahora
“Tin tiene, Tin vale; Tin no tiene, Tin no vale”, el estribillo de la canción atravesó mis tímpanos para convertirse en angustia. La preocupación por las diferencias en el poder adquisitivo dentro de Cuba y por la banalización —que a veces llega a escandalizar— de cierto sector de la población que identifica tener con ser, no es solo tema para la música.
El debate está en las bodegas, esquinas, casas, centros de trabajo… y el nuevo proyecto de Constitución ha venido a ratificar que a la ciudadanía le preocupan las bases de justicia social y equidad del socialismo en el país.
No es que el reconocimiento de la propiedad privada llegue ahora de la mano de la propuesta de Carta Magna, pues ya estaba en los Lineamientos y en la práctica, sino que, acorde con el carácter de delineador del futuro que tiene este documento, a buena parte del pueblo le preocupa que queden muy claras aquellas directrices que impidan torceduras en el camino.
En la introducción al análisis del texto se afirma que “el sistema económico que se refleja mantiene como principios esenciales la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales y la planificación, a lo que se añade el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de propiedad no estatal, incluida la privada”.
Ello se puede confirmar en el Artículo 20, donde se especifica que la dirección planificada de la economía considera y regula el mercado, en función de los intereses de la sociedad; y en el 21 que recoge las formas de propiedad reconocidas (socialista de todo el pueblo, cooperativa, mixta, de las organizaciones políticas, de masas y sociales; privada y personal) y aclara que la ley regula lo relativo a estas y otras formas de propiedad, y el Estado estimula aquellas de carácter más social.
Desde la gestión estatal es imposible asegurar una serie de pequeños servicios y actividades —muchos de ellos fuertemente deprimidos por el Periodo Especial— que hoy asumen los trabajadores por cuenta propia. Desde la apertura de esta fuente de empleo hasta hoy ha habido tropiezos y rectificaciones; y la falta de un mercado mayorista extendido continúa como un freno considerable.
Aunque la gestión privada no recibe el rechazo de la población, sí prima el consenso acerca de los precios que se vuelven prohibitivos para un amplio sector trabajador y las nefastas consecuencias del acaparamiento para abastecer iniciativas privadas.
Que haya oferta para todos los bolsillos es una máxima introducida en la reanimación de muchos territorios, pero las preocupaciones van más allá, hasta la expresión ideológica que podrían tener las desigualdades y ciertas lógicas capitalistas que regresan en las mentes de aquellos que creen “que debe haber ricos y pobres” y que el “Estado no puede interferir con el mercado”.
Por eso, el Artículo 22 reza: “El Estado regula que no exista concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales, a fin de preservar los límites compatibles con los valores socialistas de equidad y justicia social. La ley establece las regulaciones que garantizan su efectivo cumplimiento”.
¿Cómo logrará eso la ley? ¿Se pondrá límite también a la riqueza? ¿Qué pasará con quienes usan testaferros para no aparecer como propietarios, y, mientras, hacen crecer un emporio?, son preguntas que muchos se hacen por estos días y que no carecen de relevancia.
El texto que ahora debatimos en Cuba intenta promover la prosperidad individual y colectiva. La pregunta es cómo se logrará (Alfredo Martirena Hernández / Cubahora).
Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado, dijo en una reciente conferencia dictada en Abogacía 2018: “Lo significativo es que ella (la propiedad privada) no distingue ni tiene predominio en el modelo. Es también necesaria en determinadas actividades y con las regulaciones y control necesarios (…). En el orden económico el Estado mantiene la dirección, regulación y el control de los procesos en el país”.
En el foro de Cubahora ¿Listos para debatir sobre la nueva Constitución de la República?, Antonio Bouza Pérez propuso modificar el artículo 22 para que aparezca que el Estado regula que no exista concentración de la propiedad y la riqueza; pues en su opinión “no siempre se corresponde riqueza material de los individuos con desarrollo de conciencia socialista. No estamos en contra de la riqueza que pueda acumular un campesino o un deportista, pero sí de la que pueda acumular un privado, valiéndose para ello de la explotación de trabajo ajeno. Se corre el riesgo de crear una élite burguesa. La historia ha demostrado que quien domina el poder económico, domina el poder político. Esto pondría en peligro nuestro sistema socialista y los valores de equidad y justicia social que se mencionan en el propio artículo”.
Para Lissette “debe estar contemplado qué se considera acumulación (cantidad) porque por lógica quien tiene un negocio particular unido con un cerebro y parte de suerte en el negocio, si le va bien, quiere vivir según su poder adquisitivo y si se puede comprar una casa con piscina, un apartamento, carro, moto, yate, etc. y le da para eso, lo compra”.
Onelio Nelson García, por su parte, propuso que el Estado regule “la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas no estatales, mediante un régimen fiscal adecuado, progresivo y basado en el principio de que el que más renta gana más debe contribuir al fisco y por tanto a toda la sociedad como forma justa de redistribución de la riqueza”.
De igual forma, considera que en el artículo 21 la definición de la propiedad privada (la que se ejerce sobre de­terminados medios de producción de conformidad con lo establecido), es muy imprecisa, “¿determinados por quién y cuándo? ¿De conformidad con lo establecido dónde?)”, se pregunta.
El usuario Camilo Rodríguez Noriega opina que en la Constitución debe quedar plasmado el rechazo a la explotación del hombre por el hombre, porque “es el argumento y realidad primaria con el que cualquier ciudadano identifica la  Revolución Cubana. Que en los últimos tiempos se hayan incorporado en nuestra sociedad cuotas de explotación del hombre por el hombre relacionadas con el crecimiento relativo de la propiedad privada no implica ni que eso prime en nuestra sociedad, ni que perdamos la conciencia de su significado esencial”.
Un país que ofrezca calidad de vida y prosperidad a sus habitantes es parte de la ruta que se traza la nación; por eso el desafío económico es central. Pero el ser humano nuevo necesita tener para vivir, y no, por el contrario, hacer de lo material el sentido de la existencia. En ese equilibro con lo espiritual está el reto del socialismo y la explicación de las reflexiones que nacen en la consulta popular.

El bloqueo contra Cuba en la era de Trump

El 26 de octubre de 2016 Cuba tuvo una victoria contundente en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Una vez más, la Asamblea General aprobó de manera rotunda una resolución para pedir el levantamiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos contra nuestro país. En aquella ocasión, el documento obtuvo el apoyo de 191 de los 193 Estados miembros. Por primera vez desde que se ha presentado esa petición, la Asamblea presenció la abstención de Israel y del propio Estados Unidos.
“En vez de aislar a Cuba, como el presidente Obama ha dicho en varias ocasiones, nuestra política ha aislado a Estados Unidos, incluso en este foro”, dijo la entonces embajadora de Washington ante la ONU, Samantha Power.
Aun sabiendo que solo el Congreso Federal estadounidense tiene potestad para eliminar el entramado de leyes que conforman el bloqueo, aquella jornada fue un espaldarazo a quienes, también dentro de Washington, luchan por eliminar esa política.
Pero el escenario estaba a punto de cambiar. Pocos días después, el 8 de noviembre, las elecciones presidenciales ubicaron al frente de la Casa Blanca a Donald Trump, cuya administración ha intentado revertir lo alcanzado entre nuestros países después del 17D.
Un año después, en noviembre de 2017, cuando volvió a los debates de la ONU el documento contra el bloqueo, nuevamente 191 Estados apoyaron a Cuba, pero esa vez, como era de suponer, Estados Unidos votó en contra.
La entonces representante de ese país ante el organismo, Nikki Haley, calificó la reunión de “teatro político”, dijo que no tenían “miedo al aislamiento” y que defenderían sus “principios” aunque eso significara quedarse solos.
Ese discurso es perfectamente coherente con el “America Fisrt” que defiende Donald Trump, un hombre que ha mostrado poco respeto por los organismos multilaterales. En el propio escenario de Naciones Unidas ha dicho que “si se ve obligado a defenderse o a defender a sus aliados no habrá otra opción que la total destrucción de Corea del Norte”, ha criticado el acuerdo nuclear con Irán, y ha arremetido contra los gobiernos de Venezuela y Cuba. “Siempre pondré a Estados Unidos en primer lugar”, es una de sus frases preferidas.
Durante su presidencia, Estados Unidos ha anunciado su retiro de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) —algo que, por cierto, también hizo Ronald Reagan—, por supuestas preocupaciones sobre “la deuda creciente, la necesidad de una reforma fundamental de la organización y el continuado sesgo contra Israel”, según informó el Departamento de Estado en un comunicado.
Se retiraron también del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que calificaron como un organismo “hipócrita y egoísta”, supuestamente por las posturas de países como China, Venezuela o Cuba, que, según ellos, “no respetan” los derechos humanos.
Asimismo, recientemente anunciaron que pondrán fin a los aportes de fondos a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos(UNRWA, por sus siglas en inglés), lo cual supone un problema para esa organización que ofrece servicios sociales a más de cinco millones de personas en Medio Oriente, puesto que Estados Unidos era su principal donante.
Por otra parte, en julio pasado los Estados miembros de la ONU acordaron el primer Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, que tiene entre sus objetivos proteger a los inmigrantes indocumentados, con medidas contra la trata o la separación de las familias. Estados Unidos se marchó de esas negociaciones por considerar que el acuerdo es “incoherente” con sus políticas migratorias.
Está claro que la prioridad para la administración de Donald Trump no son los organismos o acuerdos multilaterales. Es notable también, en el caso de la relación con Cuba, cómo ha escalado la retórica hostil, sobre todo en días recientes, cuando se aproxima una vez más la presentación y votación del informe contra el bloqueo en la sede de Naciones Unidas el próximo 31 de octubre.
Así lo ha denunciado la cancillería cubana y ha alertado que en los últimos meses Estados Unidos ha acudido a “reiterados pronunciamientos de altos funcionarios destinados a fabricar pretextos para conducir a un clima de mayor tensión bilateral”.
El director General de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones ExterioresCarlos Fernández de Cossío denunció recientemente que “de manera muy específica, Estados Unidos pretende defender con cualquier recurso la política unilateral de bloqueo económico, que es objeto de repudio universal por su carácter criminal y violatorio del Derecho Internacional”.
Si un país no tiene moral para exigir a Cuba en materia de derechos humanos es Estados Unidos, puesto que el bloqueo constituye la principal violación a los derechos del pueblo cubano.
Si bien muchos de los acuerdos alcanzados entre La Habana y Washington después del 17D siguen intactos, la retórica agresiva de Trump, sumada a la narrativa de los supuestos incidentes acústicos, afecta las percepciones sobre Cuba.
La buena noticia es que Trump no gobierna solo. Desde que se conoció su victoria electoral en noviembre de 2016, varios actores de peso se han sumado al enfrentamiento a la agenda política del mandatario. Miembros del Congreso estadounidense, donantes, organizaciones de derechos civiles y gobiernos locales han condenado la forma en la cual Trump está manejando la política hacia otros países y las repercusiones que eso podría tener.
(Tomado de Cubahora)

El reto de asumir un nuevo concepto

El matrimonio se ha consolidado como una carta de protección social y ciudadana que garantiza numerosas posibilidades. Establece límites, roles y derechos entre personas, de cara a ellos y de ellos hacia el Estado. La formulación del artículo en el Proyecto de Carta Magna ha generado polémicas. De lo que se trata es de ir rompiendo estereotipos y evitar cualquier forma de discriminación

La constitución

Ver Más

Amor. Esa es la razón fundamental por la que dos personas deciden unir sus vidas y la base sobre la cual, si lo desean, forman una familia. Legalizar esa unión o no, no es lo más importante, piensan algunos, y los juristas insisten en la necesidad de valorar el matrimonio como institución jurídica, garante de derechos para los implicados.
Cuba propone en su Proyecto de Constitución, específicamente en el artículo 68, que el matrimonio es la unión voluntariamente concertada entre dos personas con aptitud legal para ello, a fin de hacer vida en común…, con lo cual se da cauce a la posibilidad del matrimonio igualitario, y es lógico que se despierte la polémica en los debates.
Como señalara recientemente Homero Acosta Álvarez, secretario del Consejo de Estado, en la inauguración del Congreso Internacional Abogacía 2018, el constituyente de hoy estaba colocado ante la alternativa de mantener con rango constitucional el concepto de matrimonio (contenido apenas regulado en las constituciones) o apartarse de ello y dejar a la ley su desarrollo.
«Se optó por mantener esa configuración y asumir el reto del nuevo concepto, a sabiendas de que su inclusión podía generar discrepancias atendiendo a razones culturales, prejuicios y visiones estereotipadas que no se transforman de un día para otro», destacó el también integrante de la Comisión encargada de la reforma constitucional.
«Si la Constitución proclama el reconocimiento con amplitud del derecho de igualdad, por qué debe limitar que personas con diferente orientación sexual puedan alcanzar el matrimonio. Tendrá que seguir este concepto anclado en visiones ya superadas por el tiempo o modificarse y reconocerse como un derecho, al igual que va ocurriendo paulatinamente a nivel planetario.
«Las posiciones frente a esa regulación pasan por los que prefieren mantener el concepto de la actual Constitución; los que favorecen la actual propuesta en el Proyecto; quienes aceptan el reconocimiento civil de las parejas de hecho y no el matrimonio; otros que están de acuerdo, pero limitan el derecho a la adopción y, por último, algunos abogan por el concepto de “dos o más personas”. En fin una diversidad de criterios que han de ser evaluados como otros con el rigor y la profundidad que se requiere», significó.

Una maravillosa forma de comenzar a pensar

Con las ideas explicadas por el Secretario del Consejo de Estado también coincidió Lilian, divorciada y con dos hijos, quien considera que esa variación del concepto de matrimonio es una maravillosa forma de comenzar a pensar. «Cada persona tiene la libertad absoluta de amar a otra y lo más importante es que el cariño prime en esa relación. Si se trata de una pareja del mismo sexo, sigue siendo el amor lo más importante, y si ahora existe la posibilidad de que la protección legal de sus derechos se garantice es mejor».
Refiere que a estas alturas todavía hay quienes creen que la homosexualidad es una enfermedad, sinónimo de promiscuidad, desfachatez y pocos valores morales. «Somos felices en la medida en que podamos vivir plenamente, sin hipocresía y sin mantener apariencias. Este es un paso de avance desde lo social y lo cultural. Hay que darle un reconocimiento al amor, y lo veo justo», afirma.
Por su parte, Mario Román —quien vive hace cuatro años con René Miguel— valora de positivo que se creen estas garantías, aun cuando no manifiestan interés en casarse. «Las relaciones de pareja tienen el mismo valor. Se deben garantizar los mismos derechos para todos y el matrimonio es esa justicia necesaria para cuando uno de los dos falte, el otro tenga protección legal. Cuba siempre ha luchado por la igualdad y no podemos permitir que la orientación sexual de las personas sea causa de discriminación», expresa.
Marta Emilia todavía recuerda con tristeza lo acontecido en su barrio cuando Ángel falleció. «Todos sabíamos que Víctor era su pareja por más de 15 años y que la familia de Ángel siempre le dio la espalda por su elección. Ni siquiera cuando estuvo hospitalizado alguien vino, y mucho menos cuando Víctor estuvo más de un año asumiendo sus cuidados en la casa. Pero cuando Ángel murió enseguida aparecieron sobrinos y primos para quedarse con la casa y Víctor quedó desamparado. Eso estuvo mal y ojalá no se repitan esas historias».
Según Rafael, otro entrevistado, «nuestra sociedad no está preparada para esa modificación del concepto de matrimonio y por tanto debe defenderse el ‘‘diseño original de la familia’’ y lo que plantea la actual Constitución», asegura. «Hay que pensar en la nueva generación, cuando vean a dos hombres o dos mujeres cogidos de mano, en la calle o besándose. Eso estuvo mal visto siempre y lo sigo viendo igual», señala.
Del sondeo realizado por este diario y de los comentarios dejados en nuestra versión digital salen también otros criterios en contra: los efectos negativos en la natalidad, la transformación del modelo tradicional de familia, el problema de la adopción y la propia cosmovisión del mundo. Mientras se esgrimen estas razones en desacuerdo con lo estipulado en el artículo 68, otros opinan que no se puede tratar de prohibir una decisión de índole personal.
Katia, casada por segunda vez, afirma que el mito de que la tenencia de un hijo en un hogar homoparental lo conducirá a la homosexualidad debe desterrarse. «Los que hoy tienen relaciones con personas de su mismo sexo no lo aprendieron en sus casas, donde vivían con su padre y su madre. Además, ese no es el asunto del que habla la reforma constitucional; no hay por qué mezclar las cosas», asevera.
Y Felicia afirma que nuestra sociedad aún tiene que transitar por transformaciones necesarias de su pensamiento. «Hasta en el trato de los hombres hacia las mujeres nos falta mucho; basta con escuchar algunos piropos que llegan a ser ofensivos. La tolerancia no es el concepto, sino la aceptación y el respeto a una convivencia entre todos».

Avance necesario

El Doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés reconoce que, a cien años de aprobarse en Cuba la Ley del Divorcio, que fue muy controversial, es magnífico que llegue esta buena noticia. «Se coloca al país en una posición de avance, porque es algo que está muy relacionado con los derechos humanos. A nivel global muy pocos países tienen refrendado esto en su Constitución, por lo cual Cuba estaría en ese grupo de los pocos que otorgan ese derecho.
«Ante todo debe primar el concepto de respeto a que todos tengan los mismos derechos. No se trata de imponerse, sino de dialogar entre todos y contribuir a una educación plena entre los ciudadanos. Es loable que en una nación donde existió un arraigado pensamiento homofóbico, se demuestre ahora que existe una voluntad de que eso no vuelva a suceder y que nos perfilamos como una sociedad inclusiva.
«Es importante, además, destacar que no se trata de un derecho solo para las personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersex (LGBTI), sino para todos, porque es el respeto a que tengamos todos los derechos. No se trata de que todas las personas salgan corriendo a casarse, pues a muchos, homosexuales o heterosexuales, no les interesa formalizar de esa manera su relación en estos momentos, pero que exista el derecho es lo esencial», señala.
La modificación reflejada en el artículo 68 —que se aparta de la heteronormatividad y el machismo— es coherente con la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista, el cual define como principios que sustentan el modelo y sus principales transformaciones el respeto a la diversidad y el enfrentamiento a toda forma de discriminación por el color de la piel, el género, la identidad de género y la orientación sexual.
Es loable que en una nación donde existió un arraigado pensamiento homofóbico, se demuestre ahora que existe una voluntad de que eso no vuelva a suceder y que nos perfilamos como una sociedad inclusiva.
Se debe, asimismo, a una cultura de derechos y de justicia social que la Revolución Cubana ha impulsado y que ha conquistado para su ciudadanía lo que en muchas naciones son garantías impensables, como el aborto seguro, legal y gratuito; igual salario a igual trabajo para mujeres y hombres; licencia de maternidad y de paternidad; servicios de planificación familiar; educación sexual escolar…
Pero hay más elementos. Al decir del también asesor de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades, ello se relaciona «con la política llevada por el país a partir de las campañas que se realizan en contra de la homofobia y la transfobia. Que se legisle muestra que las campañas educativas y de sensibilización sobre el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género funcionan si existe la voluntad política del país y el movimiento de personas».
González Pagés advierte que existe mucha oposición por grupos de personas que solo ven a la pareja como un medio de reproducción o que solo aceptan el esquema de familia de décadas atrás, conformado por mamá, papá y los hijos. «No comprenden que la familia en la actualidad comprende a los abuelos, los tíos, la madre soltera, entre otros arquetipos, y que la legalización de una unión no conlleva, obligatoriamente, la tenencia de los hijos.
«Este proceso no debe acarrear agresiones, ofensas ni imposiciones. Todos los procesos tienen personas a favor y otras en desacuerdo, que también están incluidas, pero al final la lógica de un país instruido, educado, con un alfabetismo elevado, traerá consigo que la razón va a prevalecer, como ha sucedido con otras leyes.
«Los nuevos derechos del siglo XXI no pueden asustarnos. No somos un país retrógrado porque una parte de la población esté en desacuerdo, al contrario. Existe la diferencia y de lo que se trata es de argumentar, de convencer, de dialogar y en ningún caso imponer a la fuerza».
Recuerda el especialista que Cuba siempre fue un país de avanzada, con polémicas y enfrentamientos con respecto a muchos temas, como la discriminación racial y de género. «Todo movimiento genera estas reacciones y hay que estar preparados para eso. Algunos creen que descenderá la natalidad en el país porque consideran que este es un proceso de proselitismo al matrimonio entre personas del mismo sexo, pero resulta un error, no es así.
«Se trata de legalizar las uniones que ya existen, y que las personas no se sientan desprotegidas», advierte el especialista, quien asegura estar orgulloso de que «nuestro Proyecto de Constitución sea de avanzada y revolucionario, entre otras razones por hacer esta modificación, que demuestra que tenemos una sociedad con todos y para el bien de todos, como se plasma en el Preámbulo del Proyecto».

Legalidad útil

Según se apunta en el expediente Deconstruyendo mitos en torno a las parejas del mismo género, del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), los escasos trabajos realizados en el país denotan la existencia de características similares entre las familias compuestas por heterosexuales y por homosexuales (compromiso, capacidad para resolver conflictos, distribución de roles y funciones, sentimientos compartidos e intimidad, entre otros indicadores).
Los criterios compartidos por los entrevistados con los cuales este diario dialogó, al igual que el artículo 68, son coherentes con otros postulados del Proyecto de Constitución, en particular con el artículo 40, cuando plantea que «todas las personas son iguales ante la ley, están sujetas a iguales deberes, reciben la misma protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana».
Quizá por ello, Gina, unida en pareja con Dania desde hace tres años, no correrá hacia un bufete a legalizar su unión. «No nos interesa casarnos, pero es un derecho, una protección, una opción para quien lo necesite en su historia de vida; y que nuestra Constitución, como otras en el mundo, lo incluya, tiene mucho valor».
Otro de los entrevistados nos dice: «Los estigmas y los esquemas sociales deben desmoronarse, porque el trato entre las personas es hostil en ocasiones, de manera injusta. No es necesario esconderse si se quiere a alguien y el actuar de manera limpia es lo que favorece la convivencia pacífica. Cuando pasen diez años, podremos analizar qué ha pasado en la Isla y si el tabú persiste, pero reconocer jurídicamente lo que ya existe es un paso de avance».
El Derecho no puede permanecer esclavo perpetuo de rezagos sociales, aún cuando en un momento pueda entrar en colisión con parte del espectro social. En su misión transformadora le corresponde también impulsar el desarrollo.
En tal sentido la Doctora en Ciencias Jurídicas Olga Mesa Castillo, profesora titular y consultante de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, rememora que desde la promulgación, en 1975, del Código de Familia como texto legal independiente del Código Civil, nuestro país se adelantó en regular a instituciones como la del matrimonio civil, de manera liberadora, despojándolo del requisito de la capacidad físico-sexual; del divorcio por justa causa, y sin culpabilidad; y de una especial normativa sobre la unión de hecho, igualándola al matrimonio civil.
La también Presidenta de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, comenta que además se introdujo la protección al concubinato, y el país fue pionero en incluir en su Constitución de 1940 la equiparación de la unión de hecho al matrimonio civil.
«El matrimonio en Cuba hoy es una unión voluntaria, sin un sentido contractual, legal o de negocio, y no está exento de deberes y derechos. Se legisla que ante la muerte de uno de los miembros de la pareja, el que sobrevive está amparado por la ley para el disfrute de algunos beneficios económicos o materiales», refiere.
Lamenta la Premio Nacional de Derecho que, en sentido general, la población no se haya preocupado por conocer sobre legalidad y peor aún, que muchos hayan decidido vivir fuera de ella, no solo en lo concerniente al matrimonio sino también a la paternidad.
«El matrimonio significa que tienes la fortuna de contar con una persona en tu vida, que te protege además desde el punto de vista material. Como unión consensual, ya existen parejas del mismo sexo que viven juntas y si ansían formalizarla ante la ley, no veo problema en ello. Al contrario, los problemas sobrevienen si se quiere recurrir a la ley cuando ya no tiene remedio».
La incorporación de un concepto más amplio de matrimonio es solo el primer paso en el camino hacia la aprobación de una nueva Constitución que asegure mayores garantías jurídicas para la población Lgbti en específico. Como ha alertado Mariela Castro Espín, directora del Cenesex, con el artículo 68 no se trata de restar derechos a las parejas heterosexuales, sino de dárselos a quienes los tenían negados.
Ya lo recordó Homero Acosta Álvarez: «No es la primera vez que se está ante estos desafíos. Recordemos en la historia los conflictos para reconocer el derecho al voto de las mujeres, o la instauración del divorcio o, en nuestro caso, incorporar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y la responsabilidad igualitaria de los cónyuges, conforme a nuestro Código de Familia.
«En nuestra opinión, el Derecho no puede permanecer esclavo perpetuo de rezagos sociales, aún cuando en un momento pueda entrar en colisión con parte del espectro social. En su misión transformadora le corresponde también impulsar el desarrollo», manifestó.

Estabilidad social y sicológica

El matrimonio fue en sus inicios y se ha consolidado como una carta de protección social y ciudadana que garantiza numerosos derechos, sobre todo cuando se entiende que este, en sí, es un contrato legal y emocional que establece límites, roles y derechos entre personas, de cara a ellos y de ellos hacia el Estado.
Así expresa su criterio la sicóloga Dachelys Valdés Moreno, terapeuta que trabaja con familias homoparentales en el Centro de Orientación y Atención Sicológica Alfonso Bernal del Riesgo, ubicado en calle 19, entre K y L, en el capitalino Vedado.
«En sus principios este contrato era establecido por terceros, como los padres o los familiares responsables. Su objetivo, principalmente, era asegurar alianzas o tratados que garantizaran la seguridad y estabilidad política y económica. Muchos de esos preceptos se reforzaron y se mantuvieron con el paso del tiempo, llegando a constituirse el matrimonio en un garante de estabilidad social, ya no solo para terceros, sino para los miembros de la pareja.
«Las miradas hacia el matrimonio son múltiples. Desde una perspectiva biológica, engloba una función específica relativa a la formación de la familia y con esto, la continuidad de la especie. Sin embargo, los avances sociales le han otorgado al matrimonio una simbología más inclusiva, que puede o no contemplar la reproducción y sí la posibilidad de conformación de un núcleo familiar».
La especialista comenta que no todo matrimonio conlleva a la descendencia, y que incluso esta puede lograrse fuera de él y de cualquier otro tipo de contrato social o emocional. «Personas que bajo el acto del matrimonio luego no tienen descendencia, son considerados una familia. La solicitud de una licencia o permiso que debe pedírsele al Estado, para llevar a cabo el matrimonio, otorga al acto un carácter civil y por tanto ciudadano, a ese acto de compromiso.
«La significación sicológica que le atribuimos varía en tanto culturas, relaciones y propósitos, pero muchas veces lo que representa en función del individuo y la pareja, es un estado de estabilidad, tranquilidad y seguridad. Cuando solo se ofrece la posibilidad de efectuar el matrimonio con una condicionante de género, estamos negando a personas con sexualidades que no son la heterosexual y que sienten la necesidad y el derecho a estar protegidos legalmente, a ser reconocidos dentro de una relación de pareja en su sociedad, lo cual deviene clima positivo de seguridad sicológica que brinda apoyo a muchas parejas y los ayuda a tomar decisiones vitales para su futuro».
Con relación a la crianza de hijos en el seno de una familia homoparental, Valdés Moreno subraya que la sociedad cubana aún está inundada de prejuicios y persisten en ella mitos que condicionan, todo el tiempo, el juicio desmedido hacia esos niños. «Es esencial insistir en que la orientación sexual no se imita ni se hereda. Lo que se ha constatado es que los niños que crecieron con parejas homosexuales son más tolerantes y respetan más la diversidad», señala. Tomado de JUVENTUD REBELDE

No permitan que llegue a haber dos Cubas en la cultura
Es demasiado grande el honor que me hacen hoy mis hermanos de la Asociación Hermanos Saíz: recibir el Premio Maestro de Juventudes y, además, hablar a nombre de los artistas e intelectuales a los que se les otorga ese reconocimiento. Agradezco mucho el Premio, aunque me resulta simpático recibir un galardón por hacer algo que me proporciona tantas satisfacciones.

Fernando Martínez Heredia al recibir el premio Maestro de Juventudes, de manos de
Abel Prieto y de Luis Morlote. Foto: Calixto N. Llanes/Juventud Rebelde

 
Ante todo, la alegría del aniversario. Hoy cumple la Asociación la edad de un joven en su plenitud, 25 años, y realmente está en su apogeo como un instrumento organizado de los jóvenes artistas e intelectuales cubanos. Están desplegando un programa de actividades muy hermoso, desde el jueves pasado, que nos permite a todos compartir esa fiesta de cumpleaños colectivo y conocer mejor la actividad de la Asociación y lo que significa para la cultura y para el país. En un plano más interno, seguramente han hecho recuentos de logros e insuficiencias, y estarán planteándose con rigor analítico qué es la institución en la actualidad, cómo y en qué grado cumple las tareas y las funciones que se ha propuesto, qué proyectos debe impulsar y a qué sueños debe aferrarse.
Porque los he acompañado siempre y porque tengo mi esperanza puesta en ustedes, me permito decirles que los jóvenes intelectuales y artistas tienen ante sí tareas formidables y deberes extraordinarios respecto a la defensa y el desarrollo de la cultura nacional y el socialismo cubano. El campo en el que actúan es hoy quizá el sector más avanzado y de mayores potencialidades de nuestro país. La cultura es, por su naturaleza, sus fuerzas acumuladas y sus logros, lo que está más cerca de ponerse a la altura de las revoluciones sucesivas, las tareas diferentes y superiores a lo que parece posible y la ambición desmesurada, tres rasgos que son esenciales para que exista el socialismo. La cultura puede modificar a nuestro favor las ideas que tenemos acerca de lo que es valioso y de lo que es hermoso, instigarnos a trabajar más y mejor para la sociedad y para el bienestar de todos, resolver carencias y deseos de un modo muy diferente a las soluciones que propone el capitalismo, proporcionar goces y revelar horizontes. El arte puede adelantar una idea que el conocimiento social no ha formulado aún; o socializar lo que parece ser muy difícil, no por simplificarlo, sino por abordarlo de otro modo en el que las sensibilidades y las emociones participan mucho más. El pensamiento que ejercita la libertad y la crítica puede contribuir a que se planteen bien los problemas prácticos, se busquen y movilicen las fuerzas que sí tenemos y aumente la capacidad del pueblo para hacer efectivos sus conocimientos y cualidades, y para dirigir los procesos sociales.
Los jóvenes artistas e intelectuales que poseen formación, especialidades, conciencia e ideales constituyen un logro maravilloso de la Revolución. Los cambios tan profundos que han sucedido o están en curso en la comunicación y en numerosos terrenos de la producción y el consumo intelectual y artístico son asumidos con más facilidad por los jóvenes, que pueden asegurar una dialéctica de innovaciones y continuidades a nuestra cultura, dialéctica que es necesaria en sí misma y será un buen ejemplo para otras áreas de la vida nacional. Pero, además, esos cambios acontecen en un campo de batalla, la guerra cultural imperialista: hay que lograr que operen a nuestro favor y no en contra nuestra, y rechazar la solución suicida de tratar de impedirlos. Y en la coyuntura cubana estamos viviendo una fuerte lucha de valores entre el socialismo y el capitalismo. En esta situación, los jóvenes llegarán a ser decisivos. La Asociación Hermanos Saíz ha logrado ser una expresión sumamente destacada y prestigiosa de esos jóvenes en el campo cultural. Tengo la convicción de que le es posible ser vehículo de todos, o vínculo entre todos, y ser ejemplo de lo que puede lograrse con organización, conciencia y moral. Es decir, ser reconocida como vanguardia por esos jóvenes, e influir en una cultura que no se contraiga al sector que identificamos por ese apelativo, sino que se extienda a todas las cubanas y los cubanos.
Debemos salvar y promover a todos los talentos: eso es muy cierto. Pero también debemos salvar, defender y promover el gusto y la capacidad de discernir de las mayorías, y que ellas puedan y quieran gozar y aprender con esa cultura que hace ascender la condición humana. Que todos tengan oportunidades de consumirla y de crear, de crecer como personas y desarrollar en buenas direcciones sus sensibilidades, que son la madre de una gran parte de los valores. Si alguna lección hay en el magisterio es la voluntad tenaz de compartir con los demás la cultura que se tiene. Es imperioso que los jóvenes no permitan que llegue a haber dos Cubas en la cultura.
Quisiera hacer algunos comentarios personales sobre este Premio Maestro de Juventudes. Ante todo, lo veo como un hecho simbólico, una elección que hacen los jóvenes entre los maestros de hoy, que solo somos continuadores, en nuestro campo, de tantos que han sido maestras y maestros salidos de este pueblo, y que han contribuido a que los cubanos se volvieran cada vez más capaces de elevarse por sobre sus circunstancias y su preparación para enfrentarlas, de revolucionarse, de hacer una nación libre y de darlo todo por obtener la justicia. Por todo eso, me gusta en esta coyuntura recordar una frase de José Martí: “Nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo”.
Enseguida, advierto que somos una representación de un abanico muy amplio de quehaceres artísticos e intelectuales, a los cuales la Asociación rinde homenaje mediante nosotros. Es muy hermoso para mí compartir este septeto con una compositora, una maestra de ballet, una trovadora, una escritora, un artista de la plástica y un cineasta, y constatar que en todos esos ámbitos contamos con seres humanos que reúnen en sí un gran talento y un magisterio que entregan a los más jóvenes, día por día y toda la vida. Que han aprendido a despojarse del egoísmo con que marca la sociedad de dominación a todos —y que nos convierte en lobos frente a los demás—, y de la soledad y la exacerbación de la individualidad que muchas veces caracterizan al creador,  por su tipo mismo de actividad y por los severos enjuiciamientos de su calidad que debe enfrentar. Personas que son capaces de dedicarse a ese magisterio no solo por un tiempo, de no entrar y salir de ese papel, sino de disfrutarlo, mantenerlo y convertirlo en una manera de vivir.
Con este premio, la Asociación reafirma al mismo tiempo su pertenencia al decurso histórico de la cultura cubana, al incluir entre las actividades de su aniversario el reconocimiento al valor de los intercambios con intelectuales y artistas de generaciones precedentes a la suya. Esto no le quita nada a su novedad y su independencia, a su irrupción en el campo de las artes, las letras y el pensamiento, ni a su originalidad. La asunción crítica de la acumulación cultural y la formación en sus múltiples aspectos son requisitos para que la nueva generación pueda protagonizar la etapa que necesitamos, de creaciones, de promoción y de conducción cultural a la altura de las necesidades y del proyecto de sociedad en trance de liberación.
Antes de pasar a mi último comentario, permítanme personalizar a uno entre los premiados, la única que no está hoy con nosotros, sino que todos estamos con ella. Para todos los cubanos, Sara Gónzalez y Silvio Rodríguez son también la epopeya popular de Girón, devuelta en canciones. Para los de mi edad y mis experiencias, esas canciones son la materia sublime en que el mejor arte es capaz de convertir a la sangre y el polvo —que es el sucio primer sudario de los muertos—, al miedo que se vuelve heroísmo, a la entrega de todo y la pelea sin límites por los ideales de liberación, a las revoluciones, que siempre dejan tras sí victorias humanas. Por eso puede una canción ser tan alegre y ser un himno, y puede transmitir tanta vida aquella voz de Sara, cuando canta: “nuestra primera victoria/ nuestra primera victoria”. Casi 20 años después de Girón, en los días de la embajada del Perú y de El Mariel, Sara llegó a Nicaragua y la fui a buscar. Hablábamos por el camino, y se dio cuenta de que yo no tenía vivencia alguna de lo que estaba sucediendo en Cuba. Me preguntó cuánto tiempo llevaba fuera, y como consideró que era demasiado, me cantó, para mí solo, Yo me quedo, con aquel vozarrón maravilloso suyo. Sara supo enseñarme, ponerme al día y emocionarme, de una sola vez, con los medios pedagógicos mejores que ella posee.
Yo quisiera ser como fue mi inolvidable maestra de primaria, y que al cabo de la larga jornada me suceda lo que les pasó a nuestros maestros.
Cuando yo era un niño, aquellos educadores eran los únicos intelectuales que estaban al alcance de la mayoría de los muchachos del país. Ellos hicieron lo indecible para que fuéramos muy patriotas, honestos y cívicos. Para que supiéramos comportarnos en cualquier situación, y aprendiéramos matemáticas, español, historia y geografía del municipio y nacional. Nos formaban para la modestia, porque ellos no padecían de vanidad. Pero, sobre todo, aquellos maestros querían que nosotros llegáramos a ser los protagonistas de la Cuba futura, una nación soñada que tendría que realizarse del todo, y conquistar toda la libertad, la justicia y la prosperidad.
Para cumplir con esos maestros de juventudes, tuvimos que ser lo que ellos nos habían enseñado, pero también nos vimos obligados a no hacerles caso en todo aquello que nos impidiera cumplir con los ideales que nos habían inculcado. Y logramos cambiar a Cuba, y comenzamos a hacerla cada vez más libre, más justa y también más próspera, porque ahora la prosperidad consistía en repartir la patria entre todos sus hijos.
Cuando hoy nos otorgan este grado tan alto, el grado de maestro, mi mayor deseo es que me suceda lo que les pasó a los maestros míos. Que los alumnos de todos nosotros —de los maestros de hoy—, puestos a la tarea de realizar y cumplir, no nos hagan caso en nada que hayamos dicho que pueda estorbarles para cumplir los ideales que estamos compartiendo hoy. Que sientan siempre con su propio corazón, y piensen siempre con cabeza propia. Solo así serán capaces de hacer a Cuba cada vez más libre, más justa y más próspera. Tomado de la JIRIBILLA

La trascendencia de las “Bayamesas”; la canción romántica y el himno patriótico

Rodaje del video clip de “La Bayamesa”, interpretado por los cantautores Luis Franco, Eduardo Soza y Annie Garcés. Foto: Juan Carlos Borjas.

I

En torno a “La Bayamesa” de Fornaris, Castillo y Céspedes:

En la historia política, literaria y musical de Cuba y, en particular, de Bayamo, han sido compuestos y musicalizados más de un poema con el título de La Bayamesa. Los originales, incluso, han sido objeto de distintas versiones. Ello se debe a que, en muchas ocasiones, la trasmisión fue oral u objeto de circunstancias en las que su popularidad provocó cambios de letra e, incluso, en la propia melodía. La primera pieza musical conocida a la que se denominó así tuvo su origen en el ambiente cultural bayamés de mediados del siglo XIX.
Pedro Felipe Figueredo Cisneros y Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo unieron a un grupo de jóvenes amantes de la música, de la poesía y, en general, de la literatura y el teatro al crear la sociedad La Filarmónica de Bayamo. Figueredo fue su presidente; su secretario, Céspedes. Algunos de ellos, como los casos de Figueredo, Céspedes, Aguilera, Lucas del Castillo, Zenea y Fornaris se habían formado en España, Estados Unidos y Francia, así como en La Habana y Santiago de Cuba. Estos mantenían estrechas relaciones con sus amigos y afines en esos lugares. Al mismo tiempo, el entorno social y natural de la región los cautivaba por lo que hacían todos los esfuerzos para, utilizando las tendencias literarias, artísticas y musicales de la época, expresar sus sentimientos adheridos a las bellezas humanas y naturales de la región. Las costumbres de entonces, sobre todo de la élite juvenil bayamesa, amante de las letras y las artes, incluían la frecuente presencia en los teatros, los saraos familiares y, para los más jóvenes, los encuentros nocturnos que no pocas veces terminaban frente a la morada de alguna muchacha a la que algún integrante del grupo cortejaba. Organizaban entonces una serenata y la joven en cuestión podía asomarse a la verja de su ventana para escucharla.
El 18 de marzo de 1851 estaban reunidos un grupo de jóvenes pertenecientes a La Filarmónica. Sus nombres eran José Fornaris, Francisco Castillo Moreno, Carlos Manuel de Céspedes y Carlos Pérez. Francisco Castillo Moreno, enamorado de Luz Vázquez, su novia o, quizás, su esposa, hermana esta de Isabel Vázquez, la esposa de Pedro Figueredo, propuso dedicarle una canción. Fornaris se comprometió con la letra; Castillo y Céspedes con la melodía. Al día siguiente ya José Fornaris había compuesto los versos y antes del 27 de marzo, Castillo y Céspedes los musicalizaron. En esa misma jornada, cerca de la medianoche, concurrieron todos a la casa de Luz Vázquez, en la calle El Salvador. Allí, con la guía vocal de Carlos Pérez, entonaron por primera vez los versos de La Bayamesa:
¿No recuerdas gentil bayamesa
que tú fuiste mi sol refulgente,
y risueño en tu lánguida frente
blando beso imprimí con ardor?
¿No recuerdas que un tiempo dichoso
me extasié con tu pura belleza,
y en tu seno doblé la cabeza,
moribundo de dicha y amor?
Ven, asoma a tu reja sonriendo;
ven, y escucha, amorosa, mi canto;
ven, no duermas, acude a mi llanto,
pon alivio a mi negro dolor.
Recordando las glorias pasadas,
disipemos, mi bien, la tristeza,
y doblemos los dos la cabeza
moribundos de dicha y amor!
Lo femenino, la visión de la mujer oriunda de la región, como impulso y consuelo, contribuyen a delinear el sentido del texto. Algunos estudiosos aprecian además ciertos rasgos del siboneyismo o, al menos, reminiscencias a la libertad de los aborígenes antes de la llegada de los colonizadores españoles. Lo cierto es que en los años previos al estallido insurreccional de 1868, estas estrofas expresaban un sentimiento de identidad con el cual comulgaron los más diversos sectores sociales a quienes su letra y música pertenecía. En poco tiempo se conoció en La Habana donde también se hizo popular.
Iniciada la guerra por la independencia en octubre de 1868, la composición de Fornaris, Castillo y Céspedes adquiría una mayor popularidad y se relacionó con la expresión del sentimiento patriótico. Incluso, popularmente circuló una versión relacionada con las nuevas circunstancias. La ciudad de Bayamo, antes de que la ocuparan las fuerzas colonialistas, fue pasto de las llamas por las manos de sus propias hijas e hijos, el 12 de enero de 1869. Los insurrectos y sus familiares, para escapar de la persecución española, debieron internarse en los montes y enfrentar los peligros y privaciones que ello suponía. Aunque el panorama podía ser desalentador, la música fue uno de los modos de mitigar el desánimo y La Bayamesa de Fornaris, Castillo y Céspedes cobró otro sentido en una versión popular:
No recuerdas gentil bayamesa,
que Bayamo fue un sol refulgente,
donde impuso un cubano valiente
con su mano, el pendón tricolor?
No recuerdas que en tiempos pasados
el tirano explotó tu riqueza,
pero ya no levanta cabeza,
moribundo de rabia y temor?
Te quemaron tus hijos, no hay pena,
pues más vale morir con honor,
que servir a un tirano opresor,
que el derecho nos quiere usurpar.
Ya mi Cuba despierta sonriendo,
mientras sufre y padece el tirano
a quien quiere el valiente cubano
arrojar de sus playas de amor.
En los hogares, las mujeres mambisas, en Cuba y en el exilio, siguieron entonando La Bayamesa de Fornaris, Castillo y Céspedes. Esta pieza musical, también tuvo enternecedor sentido. Ante la patria ausente, fue la canción de cuna de las madres cubanas expatriadas. Así nos lo relata la tataranieta de Pedro Figueredo, Amparo Torres Alciniega. Su madre se la cantaba cuando iba a dormir; así lo había hecho su abuela y su bisabuela, Luz Figueredo, la valiente hija de Perucho.
¿Quién era y qué fue de la “gentil bayamesa”? María de la Luz Vázquez y Moreno formaba parte de una de las familias más destacadas del Bayamo de la época. Su hermana, Isabel, contrajo matrimonio con Pedro Figueredo y a su hija más pequeña le pusieron el nombre de María de la Luz, conocida simplemente como Luz Figueredo. Todo en torno a Luz Vázquez es misterio y leyenda. La quema de los archivos, civiles y religiosos de Bayamo, el 12 de enero de 1869, impide conocer datos sobre su nacimiento y sobre su juventud. El peso principal de lo que se conoce de la gentil bayamesa se debe a referencias, en diversos textos de actores en el drama bayamés o fueron recogidos por la tradición oral siempre imprecisa o edulcorada, a veces contradictoria. Según esta tradición, nació en 1831. Tampoco hay certeza si, cuando Fornaris, Castillo y Céspedes, componen La Bayamesa inmortal ella y Castillo eran novios, según escribe Céspedes, o esposos. Según Maceo Verdecia, habían contraído matrimonio en 1847.
Francisco del Castillo Moreno era abogado, concuño de Pedro Figueredo y amigo de Carlos Manuel de Céspedes. Miembro de La Filarmónica, figuraba entre los conspiradores independentistas. Luz, como su hermana Isabel, era activa en apoyar los movimientos revolucionarios de su esposo por lo que crió a sus hijos en un ferviente patriotismo sin distinción de sexo o edad. El matrimonio de Castillo Moreno y Luz Vásquez tuvo siete retoños, Pompeyo, Francisco, Lucila, Adriana, Leonela, Atala y Heliodoro. Francisco del Castillo, el esposo, murió joven, un año antes del estallido revolucionario. El patriotismo de Luz Vázquez fue sometido a las peores pruebas posibles. El 17 de octubre de 1868, en plenos preparativos para la toma de Bayamo, murió su hijo Pompeyo del Castillo. A las nueve de la mañana cruzó las calles de la ciudad para enterrarlo. Ese mismo día abrió las puertas de su casa para recibir a los mambises y a la orquesta que interpretaba himnos de combate.
El calvario de Luz Vázquez apenas comenzaba. Sus hijas eran fervientes revolucionarias, en particular, Adriana quien, durante el período conspirativo, se dedicaba, públicamente, a hacer propaganda patriótica. Apenas tenía quince años. Perucho Figueredo, quien actuaba como protector de la familia de su fallecido concuño, le recomendaba a Adriana que tuviese cuidado pero la chica apenas si hacía caso. Fue una de las más destacadas participantes en la epopeya de esos días y una de las que interpretó “La Bayamesa. Himno patriótico” de Pedro Figueredo, el 28 de octubre de 1868, en honor al triunfo de las armas mambisas.
En enero de 1869, el avance de las tropas españolas sobre la ciudad lleva a la decisión patriótica de su incendio antes que rendirla al enemigo. Luz y sus hijas son de los primeros. Abandonan el confortable hogar, luego de incendiarlo, y se internan en los montes, en la serranía, cerca de Guisa. Allí logran permanecer hasta 1870. Han cambiado su lujosa vivienda bayamesa por una choza “de cujes cubierto con hojas de árboles y plantones de hierba de guinea” y se alimentaban de frutas silvestres y tubérculos. Adriana enferma de tifus; de tuberculosis Lucila. Casi sin poder moverse, son sorprendidas por las tropas colonialistas el 22 de enero de ese año. Trasladadas a Bayamo, se les permitió retornar a su hogar. Más, este no existe. Solo estaba en pie la antigua cochera. Allí fueron a vivir las débiles mujeres sin que su espíritu patriótico decayera. Un médico español va a ver a Adriana; esta, a pesar de su debilidad se niega a que la asista. La tradición afirma que expresó: “Yo soy revolucionaria… Usted no puede asistirme”. Y se cuenta desde entonces que en su último momento se irguió en la cama, se aferró a los barrotes de hierro y entonó La Bayamesa hoy nuestro Himno Nacional de Pedro Figueredo, su tío político y tutor. Cayó muerta.
Pero aún las penas de Luz Vázquez no habían concluido. Su hija Lucila, enferma grave de tuberculosis, estaba cercana a la muerte. En un instante pareció que esta la había alcanzado. Desesperada, según una versión, Luz se quitó la vida; según otra, murió al instante. Lucila se recuperó pero Luz abandonaba el mundo que le dio una belleza reputada, una canción que la inmortaliza y una vida enteramente patriótica, como esposa, madre y ciudadana de la República de Cuba en Armas.
Por lo general se hace referencia a los patriotas que convirtieron la manigua en hogar. Quien estudie la época y estos acontecimientos se dará cuenta que el sacrificio tenía también otras dimensiones. No eran solo los hombres los que convertían los campos en terrenos de batalla, eran familias enteras las que renunciaban a los cómodos hogares citadinos para convertir los montes de Cuba en el hogar mambí. La entereza de la mujer cubana, de la cual Luz Vásquez y sus hijas son ejemplo, se repite en otras circunstancias y en los más diversos espacios de la Isla. Otro ejemplo lo es su hermana Isabel Vázquez, esposa de Pedro Figueredo, quien junto a este y sus hijos e hijas se internó en la manigua sufriendo privaciones que llegaban hasta la hambruna. En este conjunto de trabajo reproduciremos la Autobiografía de Candelaria Figueredo, hija de Isabel y Perucho. Muy lejos de estos acontecimientos de Bayamo, en La Habana, conspiraba otra mujer, Cecilia Porras-Pita, quien fue condenada el 26 de octubre de 1871 a seis años de galera por sus actividades revolucionarias. Desde la prisión escribió una canción que también se hizo popular, titulada La presa enferma.
La trascendencia de La Bayamesa de Fornaris, Céspedes y Castillo la convirtió en canción de cuna y en la expresión romántica de lo más puro del sentimiento de lo cubano. Recorrió no solo toda la Isla, entró en el hogar y en los salones de los habaneros, se refugió en lo más íntimo de los expatriados. Era el alma límpida y clara del ser cubano. Apenas unas décadas después, aun en el siglo XIX, el habanero Pablo Desvernine Legrás, uno de los más reconocidos pianistas y compositores cubanos de la época, escribe una de las más preciosas versiones de la obra: Capricho para piano sobre la canción cubana La Bayamesa.

II

“La Bayamesa” de Pedro Figueredo, Avatares de un himno patriótico:

La noche del 13 de agosto, en el encuentro que sostuvieron Pedro Figueredo, Francisco Vicente Aguilera y Francisco Maceo Osorio, este último le pidió a Figueredo que compusiera un himno similar a La Marsellesa. Por entonces, la marcha francesa, que llegaría a ser el himno nacional de ese país, era, desde 1848 en que de nuevo se había popularizado, el himno de los revolucionarios en el mundo. El patriota bayamés aceptó el cometido y esa misma madrugada, tras un intenso proceso creativo, tuvo lista la letra y la música para piano, del himno al que llamó La Bayamesa.
Para ser interpretada en público se requería de la adecuada instrumentación. Figueredo decide establecer contactos con el maestro Manuel Muñoz Cedeño, quien dirigía entonces una de las orquestas de la ciudad, para solicitarle que se encargara de la instrumentación sin la letra. El encuentro tuvo lugar el 8 de mayo de 1868, en casa de Figueredo, y el Maestro Muñoz Cedeño aceptó entusiasmado la solicitud, imbuido del espíritu patriótico del himno. El autor no le reveló entonces el propósito de la composición y, en cambio, sí le pidió que mantuviera en secreto el encargo, con la excusa de que iba a ser una sorpresa para sus amigos, a lo cual se comprometió el orquestador.
Días después, cuando el Maestro Muñoz Cedeño tuvo lista la orquestación, invitó a Figueredo a escucharla en su domicilio y este acudió acompañado de varios amigos: Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio y Manuel Anastasio Aguilera. Pasadas las ocho de la noche, los músicos comenzaron la ejecución y el reducido público quedó gratamente sorprendido; tanto el mensaje de la marcha como su calidad artística contribuyeron a su éxito. Desde ese momento, Figueredo comenzó a meditar un modo de darla a conocer en un lugar público, al que acudiese una concurrencia significativa.
La oportunidad se concretó en la celebración del Corpus Christi, que en esa ocasión tuvo lugar el 11 de junio de 1868. Figueredo conferenció con Muñoz y con el sacerdote cubano que oficiaba en la Iglesia Mayor, Diego José Batista, quien prohijó con entusiasmo la idea de que la marcha se ejecutara en el Te Deum y durante la procesión posterior. El gobernador de Bayamo, Julián Udaeta, iba a estar presente en la celebración. Figueredo manifestó enseguida su determinación a asumir toda la responsabilidad, en caso de que la osadía provocase algún incidente con las autoridades de la ciudad.
Los conspiradores habían tenido noticias de este plan y el día señalado la mayor parte de las familias bayamesas vinculadas al movimiento revolucionario se instalaron desde temprano en la iglesia, por lo que en poco tiempo esta se encontró abarrotada y hasta el pelotón de infantería y el propio Gobernador tuvieron dificultades para acceder al recinto. Formaba parte del público un grupo de patriotas distinguidos, entre ellos el propio Figueredo y los otros dos miembros del Comité Revolucionario, además de Donato Mármol, José Joaquín Palma, Manuel Anastasio Aguilera, Rodrigo Tamayo, Esteban Estrada, Joaquín Acosta y Juan Izaguirre, entre otros.
Tras la misa y el Te Deum, se sucedieron instantes de general expectación, que hacían presentir un giro inesperado de los acontecimientos. El Maestro Muñoz Cedeño ordenó con un gesto que comenzara la ejecución y las notas del himno guerrero resonaron en todo el ámbito de la iglesia. La orquesta estaba integrada por tres violines: Pedro Muñoz Cedeño, Juan Ramírez y el propio director Manuel Muñoz Cedeño; cuatro clarinetes: Manuel Muñoz Jérez, Joaquín Muñoz Jérez, Joaquín Fonseca y Jesús Hechevarría; dos cornetines: José Caridad Cedeño y Miguel Aguilera; un trombón: Juan Aguilera; un bombardino: Francisco Cedeño; un figle: Francisco María Tamayo y un contrabajo: José Manuel Aguilera.
Posteriormente, se repitió más de una vez el himno en la procesión y el entusiasmo de los bayameses fue in crescendo, así como las sospechas de las autoridades sobre su verdadero sentido, patriótico y no religioso. Cuando la multitud se retiró a sus hogares, el Gobernador citó sucesivamente a Muñoz Cedeño y a Figueredo; pero ninguno de ellos reveló la verdad y Udaeta no pudo dar por ciertas sus conjeturas.
Poco después, el 24 de julio, día de la celebración de Santa Cristina, tuvo lugar una reunión en el domicilio de Pedro Figueredo, a la que asistieron los principales conspiradores de la región. En la misma, el propio autor y anfitrión ejecutó en el piano la pieza musical y su esposa, Isabel Vázquez, interpretó la letra. Años después, uno de los asistentes introdujo la novedad de atribuirle la letra del himno a Isabel Vázquez. No es de dudar que dada la relación que tenían ambos esposos, Figueredo haya consultado o escuchado alguna que otra sugerencia de Isabel. Aunque la intención del testigo, Carlos Manuel de Céspedes y de Céspedes, hijo del Padre de la Patria y esposo de una de las hijas de Figueredo, no parece ser más que un desconocimiento de las interpretaciones anteriores que había tenido la marcha patriótica, sirvió para nuevas y extrañas especulaciones. Nuevamente la intriga funcionó en aras de disminuir el valor de una de las más bellas figuras de la historia revolucionaria cubana.
En horas de la noche se organizó un baile en los salones de la sociedad La Filarmónica, en el que participarían los conspiradores más prominentes; también estaba invitado el Gobernador. Ante la tardanza de este, varios de los involucrados en los preparativos de la insurrección, con sutil ironía, decidieron acudir a su vivienda a esperarlo para acompañarlo en un desfile hasta la sede de La Filarmónica. Figueredo, integrante de la comitiva, le pidió a Udaeta que reemplazara el uniforme militar por uno de etiqueta.
El mayor atrevimiento, sin embargo, fue que en el exterior de la vivienda aguardaba la orquesta y, en cuanto salió el Gobernador, esta comenzó a ejecutar el himno que días atrás le había causado tanta suspicacia. Durante todo el trayecto los músicos continuaron tocando el himno guerrero y, al arribar a La Filarmónica, la multitud irrumpió en ambiguos aplausos, dirigidos más a los ejecutantes que al propio Udaeta. Este no pudo objetar nada ante tales actos de supuesta deferencia. Estas actividades previas al 10 de octubre explican que la melodía, e incluso en ciertos círculos la letra, fueran conocidas.
Con el estallido de la insurrección, el 10 de octubre de 1868, La Bayamesa de Figueredo cobraría todo su sentido como “himno patriótico”. En la mañana del 20 de octubre, tras la toma de la ciudad de Bayamo por los mambises y la rendición del cuartel, la multitud se agolpó en la plaza para celebrar la victoria. El tañido de las campanas y la música acompañaban el entusiasmo general, avivado por la presencia de Figueredo, quien se abrió paso entre la multitud. El bayamés ilustre iba sobre su caballo Pajarito y, erguido sobre la montura, arengaba a sus compatriotas con exclamaciones revolucionarias.
La muchedumbre, inspirada por el triunfo, comenzó a tararear las notas de La Bayamesa, con la música de fondo que ejecutaba la orquesta. Entonces hizo su entrada la Abanderada, Candelaria Figueredo, hija de Pedro Figueredo, vestida con el traje de libertadora, escoltada por un hijo de Figueredo, Gustavo, y por otro de Céspedes, Carlos Manuel. El entusiasmo creció aún más y se inició una marcha por la calle El Comercio, encabezada por Céspedes, Perucho y la propia Abanderada. Detrás iban otros líderes de la Revolución, Luis Marcano, Pío Rosado, Donato Mármol, Maceo Osorio, Esteban Estrada y José Joaquín Palma. Los jefes de la insurrección y el pueblo que los secundaba completaron una vuelta a la plaza, sin que el entusiasmo decayera.
Paulatinamente se levantaron voces que le solicitaban a Figueredo que revelara la letra del himno patriótico, ya que su música era conocida por todos, para que fuese cantada por los presentes. A la altura de la calle Mercaderes la petición se hizo más fuerte y provocó que se detuviera la marcha. Extrajo entonces el autor un lápiz y un papel de su bolsillo y, sin moverse de sitio, sobre la montura del caballo, anotó los versos que con anterioridad ya había compuesto del patriótico himno.
Tomada la ciudad, se comenzó a organizar su gobierno y el ejército. Céspedes nombró los primeros mayores generales y, entre ellos, a Pedro Figueredo como jefe del Estado Mayor de las fuerzas mambisas. Entre las iniciativas de los revolucionarios en la ciudad en su poder, se decidió publicar un periódico que resultase un órgano oficioso del gobierno independentista.
El mismo llevó el nombre de El Cubano Libre y tenía como subtítulo, Primer Periódico Independiente que se Publica en Cuba. Durante mucho tiempo se ha polemizado en torno a cuáles fueron las estrofas que se cantaron el 20 de octubre. En el número del 27 de octubre de 1868, año I, no.4, siete días después de haber sido conocida su letra públicamente, aparece, por primera vez, el texto impreso de la misma, firmado por el propio autor. Se publica con el nombre de La Bayamesa. Himno Patriótico. Solo consta de dos estrofas, que constituyen actualmente el Himno Nacional cubano:

La Bayamesa, Himno Patriótico

Al combate corred, bayameses,
que la patria os contempla orgullosa;
no temáis una muerte gloriosa
que morir por la patria es vivir!
En cadenas vivir es vivir
en afrenta y oprobio sumido;
del clarín escuchad el sonido,
a las armas, valientes, corred!
Al día siguiente, se dio el solemne Te Deum por el triunfo de las armas cubanas y el surgimiento del gobierno provisional de Bayamo, encabezado por Carlos Manuel de Céspedes. Ofició en el mismo el sacerdote bayamés Maximiliano Izaguirre. Doce muchachas bayamesas interpretaron el himno escrito por Figueredo, mientras su hija, Candelaria Figueredo, Canducha, enarbolaba y hacía flotar la bandera de Demajagua. Ello explica que, con la circulación del periódico El Cubano Libre, del día 27 de octubre, y el solemne Te Deum del día 28, todo Bayamo conociese y cantase las dos estrofas que aparecen en el periódico y se interpretan en el Te Deum. Ello aclara que fueron también estas las estrofas que se interpretaron el 20 de octubre y, sobre todo, las que conoció entonces el pueblo bayamés. Otro aspecto importante es que no se le da aun la connotación de himno nacional, sino solo de himno patriótico.
La Bayamesa de Figueredo, tal cual figura en El Cubano Libre y como fue interpretada en el Te Deum, se hizo muy popular. En uno de sus primeros números, El Cubano Libre reproduce el ambiente de alegría que reinaba en la ciudad. En particular habían dos orquestas muy queridas y populares que se paseaban por sus calles interpretando, entre otras piezas, el himno revolucionario de Figueredo:
En el Bayamo revolucionario al caer la tarde estas dos populares orquestas recorrían las calles del pueblo “seguidas por más de mil quinientas personas” para ayudar a elevar con sus sones el fervor patriótico de los habitantes.
Ello explica que, al marchar a los campos mambises, La Bayamesa de Figueredo se convirtiera en el himno de los patriotas. Pero también otras versiones de esta marcha, inspiradas espontáneamente por algún que otro creador, surgieron y circularon durante los diez años de la Guerra Grande. Entre estas, hubo una que incluso tan tardíamente como en el año 1897, la recordaban participantes en dicha contienda. Se trata de una composición de cuatro estrofas, de las cuales la primera y la cuarta son las que figuran en La Bayamesa original de Figueredo.
El propio autor de la segunda y la tercera estrofa, el dominicano Manuel de Jesús de Peña y Reinoso, explica el origen de esta versión, en una carta que le remitiera a Tiburcio Aguirre en 1897, quien aún la recordaba. Peña y Reinoso participó en la Guerra de los Diez Años, en la que fue Representante a la Cámara por Oriente y secretario de este órgano, hasta su salida de Cuba para una misión asignada por Carlos Manuel de Céspedes. En 1872 se encontraba en la jurisdicción de El Cobre y tuvo varios contactos con el Presidente Céspedes, en los que, además de asuntos políticos, afloraron aficiones comunes en torno a la literatura y, en particular, la poesía.
En un encuentro de esta índole, coincidió que un asistente muy cercano del Presidente, de nombre Jesús, entonaba a cierta distancia, con voz de barítono, las estrofas de La Bayamesa de Pedro Figueredo. Escuchándolo ambos, Céspedes le pidió a Peña su opinión sobre la composición. Este último expresó su valoración positiva; aunque objetó que la letra le parecía incompleta. Céspedes se sorprendió ante esta respuesta y, a su vez, inquirió, con cierta dosis de humor, cómo podría él completarla. El dominicano extrajo su cartera y en uno de sus folios escribió las dos estrofas adicionales, además de transcribir las de Figueredo:
Al combate corred, bayameses,
Que la patria os contempla orgullosa,
No temáis una muerte gloriosa,
Que morir por la patria es vivir.
Es trazar en caracteres de oro
Nuestro nombre cubierto de gloria
Con el sacro buril de la Historia
En los tiempos que están por venir.
Que “vencer o morir!” sólo sea
El clamor que la brisa dilate!
Y al sublime fragor del combate
Vuestras duras cadenas romped!
En cadenas vivir, es vivir
En oprobio y afrenta sumido;
Del clarín escuchad el sonido:
A las armas, valientes, corred!
Esta versión circuló ampliamente en la manigua, coreada por voces populares que encontraban en su hondo sentido patriótico los ánimos necesarios para continuar en combate. Obsérvese que, de nuevo, se confirma que lo que circulaba en el campo mambí, así como en el pueblo, eran las dos estrofas publicadas en Bayamo y cantadas en el Te Deum, las que con posterioridad fueron nuestro Himno Nacional. Queremos llamar la atención sobre un error que contiene esta versión. La frase original “en afrenta y oprobio sumido” es alterada, “en oprobio y afrenta sumido”. Hacemos esta observación porque ese error se repetirá en otras versiones.
Por otra parte, el Cubano Libre, de 27 de octubre de 1868, había circulado por los expatriados cubanos y algunos conservaban ejemplares. De este modo, se conservaba, no solo en la memoria, sino también documentalmente la versión original de La Bayamesa de Figueredo. Cuando en abril de 1869 se celebra en Guáimaro la Convención Constituyente, se acuerda como símbolo nacional, la bandera de Narciso López, no así un himno nacional. La Bayamesa de Figueredo seguía siendo, simplemente, un himno patriótico. Durante todo el periodo que transcurre entre 1878 y 1895, La Bayamesa de Figueredo continuó siendo interpretada por personas que la habían conocido.
Era tal la popularidad del himno patriótico de Figueredo que, una versión que circuló en el extranjero y que pretendió ser un “alcance” de El Cubano Libre del 27 de octubre, altera por completo el Himno de Figueredo a pesar de que aparece como firmado por este. Ello ocasionó nuevas confusiones con respecto al Himno de Bayamo, más aun cuando, al parecer, era un complemento del periódico bayamés, con la fecha con que se había publicado el original. Esta adulteración fue impresa en Nassau y circuló entre los expatriados. Copias del mismo se encontraban en Nueva York:
Al combate corred, bayameses,
Que la patria os contempla orgullosa,
Hoy romped la cadena ominosa
A los gritos de honor, libertad.
No querrais en cadena vivir
En afrenta y oprobio sumido;
Del clarín escuchad el sonido…
¡A las armas, valientes, volad!
Son numerosas las fuentes que confirman la popularidad de La Bayamesa de Figueredo, a la cual muchos llamaban el Himno Bayamés o Himno de Bayamo. No haremos aquí un recuento de las numerosas fuentes que refieren el que se cantó o se tocó el himno de Figueredo en los más diversos lugares. Las adulteraciones, los cambios, tanto en la letra como en la música, se explican por ser, por lo general, una transmisión oral. Sin embargo, existía un lugar donde, sin dudas, se conoció la auténtica versión de La Bayamesa de Figueredo. Nos referimos a Cayo Hueso, en Estados Unidos. Allí se refugiaron muchos de los hombres vinculados a los inicios de la guerra del 68, así como familias enteras de patriotas. Este fue el caso de la de Pedro Figueredo, incluyendo a su hija Candelaria, quien sufrió persecuciones y prisión en Cuba. Candelaria, conocida como Canducha, había participado en los primeros momentos de creación del himno por su padre, en los acontecimientos del 20 de octubre y en el solemne Te Deum del 28 del mismo mes. Además, se le conocía no solo por haber sido Abanderada de los mambises bayameses, sino también por el dominio del piano. Por estas razones, resulta lógico que con su presencia y actividades en Cayo Hueso, sí se interpretara allí la versión original del himno.
Candelaria contrajo matrimonio el 21 de abril de 1877 con Federico del Portillo. Entre los relatos de Gerardo Castellanos sobre la vida en el Cayo, existe una referencia iluminadora sobre la historia del himno:
Es aprobado en Cayo Hueso el reglamento de la Banda de la Libertad. Su fin era tocar gratuitamente para hacer economía en las fiestas patrióticas. Se componía de 29 músicos y varios aprendices. Era director Rafael Fitz (actualmente vive en Guanabacoa), clarinetista el general Rogelio Castillo, flautista Federico del Portillo, casado con Candelaria Figueredo, la célebre abanderada de Bayamo, hija de Perucho. Todos eran fervorosos patriotas y muy discretos como músicos.
Esta cita de Gerardo Castellanos vincula al esposo de Candelaria con las interpretaciones musicales que hacía la Banda de la Libertad, por lo que la versión debió ser muy fiel al original, por el dominio de la misma que tenía la Abanderada del 68.
Por otra parte, José Martí estaba inmerso en los avatares de preparar la guerra continuadora. Sus constantes visitas a las distintas comunidades cubanas en los Estados Unidos le habían permitido conocer el himno patriótico que había circulado en los campos insurrectos de Cuba y en la emigración. Se trataba de La Bayamesa, de Figueredo. En sus visitas a Tampa y Cayo Hueso, Martí
aprendió de los veteranos y expatriados la fuerza particular que tenía su música y su letra para enaltecer los ánimos revolucionarios y llamar al combate por la libertad de Cuba. Ejemplos de ello figuran en el testimonio que ofrece Ángel Peláez, uno de los organizadores de su primera visita a Cayo Hueso, a fines de 1891. Antes de llegar al Cayo, encontrándose en Tampa, fue recibido en varios clubes patrióticos. Ante la presencia de Martí:
La emigración cubana aplaudió la ocasión que se le presentaba de oir al famoso peregrino que predicaba la cruzada contra el feudalismo implantado en la tierra de Heredia y de Varela.
[…]
Cien, y cien, y cien brazos se extienden entre los pródigos vítores y las cadencias marciales del himno bayamés.
Una vez en Cayo Hueso, asiste a una actividad política en la tabaquería de Eduardo Gato, en enero de 1892. Allí, el glorioso himno de las batallas cubanas saludó la llegada del héroe, cuya obra colosal en vano ha intentado España destruir, haciendo cruzar el océano á 150 mil0 hombres, y gastando trescientos millones en el transcurso de año y medio.
En ese mismo año, José Martí crea, en su estrategia revolucionaria, el periódico Patria, como vocero del movimiento independentista cubano. Su primer número vio la luz el 14 de marzo de ese año. No había transcurrido un mes cuando, el 10 de abril, se constituía el Partido Revolucionario Cubano. La empresa patriótica necesitaba de su bandera y de su himno. La bandera cubana, según la había definido la constitución de Guáimaro y había sido lavada con la sangre heroica de los mambises, presidía cualquier acto, cualquier reunión, cualquier local, cualquier hogar, que se definiera como cubano. No ocurría así con el himno.
Tan necesario para enaltecer el espíritu revolucionario, Martí le solicita al patriota camagüeyano y músico reputado, Emilio Agramonte, que recogiera el Himno de Figueredo, música y letra, y la transcribiera al pentagrama, ya que se trataba de una pieza musical conocida entre los emigrados cubanos. El 25 de junio de 1892, en el número 16 del periódico Patria, aparecía junto con las bases del Partido Revolucionario Cubano, y el artículo “El Partido”, la letra y la música de La Bayamesa. Himno Revolucionario Cubano de Pedro Figueredo. Un artículo firmado por “Un veterano” cuenta la importancia del himno que reproducía Patria.
La Bayamesa, por la Marsellesa, fué compuesta por Pedro Figueredo, el indómito revolucionario, meses antes del pronunciamiento de Yara. La Bayamesa se tocaba por las bandas criollas de la localidad, se cantaba por las damas y se tarareaba por los muchachos de la calle. Aquel pueblo, que acariciaba ya la revolución, daba así expansion a sus sentimientos patrios ántes de lanzarse a la lucha.
Cuando hendiendo las almas se dio á conocer como el canto de guerra del pueblo heróico, llegaron sus acordes á los oídos del coronel Udaeta, el caído Teniente Gobernador de la ciudad, que encerrado con sus tropas en el Cuartel Militar principió por escuchar con atención, continuó por reconocer el aire, y terminó por exclamar: “¡Buena me la han jugado! debí de haberlo presentido, debí antes haber comprendido su semejanza con la Marsellesa, debí haber adivinado que era un canto guerrero! aun yo, sin saberlo he tarareado muchas veces el himno que ahora escucho con horror!”.
Bayamo cayó en poder de la Revolucion el 20 de octubre á las diez de la mañana cuando las campanas tocaban á vuelo, cuando vitoreaba la multitud ebria de gozo, cuando los colores de la libertad sin órden, sin concierto aparecían en todos los balcones, en todas las casas, cuando toda la ciudad entusiasmada anunció el triunfo de la revolucion, apareció rodeada por la multitud en el centro de la plaza de la iglesia, erguido sobre su jadeante caballo, que arrojaba sangre por los hijares y espumas por la boca un hombre quemado del sol, desconocido por el polvo que sombrero en mano gritaba: “¡Bayameses Viva Cuba!” y en medio del frenesí que enloquecía aquel pueblo, en medio de las lágrimas y la alegría rompe la orquesta y llena los aires con los dulces acordes del himno “La Bayamesa”.
Enseguida Pedro Figueredo rasga una hoja de su cartera, y cruzando su pierna sobre el cuello del indómito corcel, escribe la siguiente octava:
Al combate corred bayameses,
Que la Patria os contempla orgullosa:
No temais una muerte gloriosa,
Que morir por la Patria es vivir.
En cadenas vivir es vivir
En oprobio y afrenta sumido
Del clarín escuchad el sonido:
¡A las armas, valientes, corred…!
El pueblo hizo coro, la cuartilla de papel corrió de mano en mano y el mismo Figueredo ordenó la marcha que al son de la música recorría las calles y entusiasta exclamaba: “Que morir por la Patria es vivir.” y mientras los españoles se rendían, el pueblo cantaba y el autor de la Bayamesa, ebrio como Rouget de Lisle, ebrio de gozo por su triunfo, hacía popular su canto de guerra, cuyo espíritu selló cuando pocos años más tarde era conducido en ignominiosa procesión á través de las calles de Santiago de Cuba donde lanzó su último aliento acribillado a balazos exclamando orgulloso, soberbio: “Morir por la Patria es vivir!”.
Un veterano
En el mismo número del periódico aparece un artículo de Martí titulado “El Himno de Figueredo y el acompañamiento de Agramonte”.
Patria publica hoy, para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los hogares; para que corran de pena y de amor, las lágrimas de los que lo oyeron en el combate sublime por primera vez; para que espoleé la sangre y las venas juveniles el himno á cuyos acordes, en la hora más bella y solemne de nuestra patria, se alzó el decoro dormido en los pechos de los hombres. ¡Todavía se tiembla de recordar aquella escena maravillosa! Con cariño reverente envía a PATRIA el himno desde el Cayo uno de los héroes de aquellos días cuya beldad se procurará imitar en vano; uno de los caballeros de la independencia, que se fue del país cuando la libertad se oscureció en él, y no volverá al país sino cuando la libertad vuelva á brillar; un padre que tiene ocho hijos, y a los ocho les ha enseñado el himno; un cubano que creé cuando recuerda los años sagrados y cuando vislumbra en el porvenir los que les van á suceder; un coronel que lleva todavía el mando en los ojos, y escribe con la pluma rápida y brillante de las batallas: Fernando Figueredo.
El acompañamiento del himno es de uno de los pocos que tuviesen derecho á poner mano en él, de nuestro maestro Emilio Agramonte, cuya alma fervorosa nunca se conmueve tanto como cuando recuerda aquellos días de sacrificio y de gloria en que las mujeres de su casa daban sus joyas al tesoro de la guerra, en que los jóvenes de la casa salían, cuatro veces seguidas, á morir. ¡No han de ponerse las cosas santas en manos indignas! Ni quiso el maestro ilustre hacer gala de arte en la composición; sino de respeto al himno arrebatador y sencillo. ¡Oigámoslo de pie, y con la cabeza descubierta!
Estos textos que aparecen en el periódico Patria no son otra cosa que la exaltación del himno necesario para la nueva etapa de la lucha independentista. Es Martí quien coloca La Bayamesa de Figueredo como himno de combate de los revolucionarios cubanos. En lugar de aparecer como himno patriótico, aparece como himno revolucionario. Resalta, con particular sentido como aquel Coronel Fernando Figueredo Socarrás le había enseñado la pieza patriótica a sus ocho hijos. No era una excepción. Las dos cuartetas que aparecen, con el acompañamiento de Emilio Agramonte no es más que continuar, en la nueva etapa, con el himno “arrebatador y sencillo” que lleva al combate por la independencia y la soberanía de Cuba. Es necesario destacar un aspecto de esta versión. La frase “en afrenta y oprobio sumido” aparece, de nuevo, invertida “en oprobio y afrenta sumido”. No era la única vez en que esto había ocurrido. Y es explicable por las versiones orales, incluso escritas, que habían circulado con anterioridad. La Revolución Cubana tenía su periódico, Patria; su Partido, el Partido Revolucionario Cubano; su bandera, la que se había aprobado en Guáimaro; y su himno, la inmortal pieza de Pedro Figueredo.
Desde entonces La Bayamesa de Figueredo fue conocida en diversos países de América Latina y Europa. Un ejemplo de ello lo es la publicación, por el Comité Central Italiano por la libertad de Cuba, del libro La lotta di Cuba e la solidarieta italiana (La lucha de Cuba y la solidaridad italiana), obra del doctor Francesco Federico Falco, y en la que se transcribe literalmente la versión publicada por el periódico Patria. Es de destacar que Emilio Agramonte Piña, un notable músico profesional, le efectuó determinados cambios a la pieza original con el objetivo de “darle más énfasis y marcialidad”. Su objetivo, según Martí, era para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los hogares; para que corran de pena y de amor, las lágrimas de los que lo oyeron en el combate sublime por primera vez, para que espolee la sangre y las venas juveniles…
Durante la contienda de 1895 a 1898, el himno revolucionario de Bayamo fue entonado en los clubes patrióticos de la emigración, así como por las bandas de música que existían en las fuerzas mambisas. En diciembre de 1898, como parte del recibimiento en Guanabacoa a las primeras tropas mambisas que entraban en La Habana, los organizadores decidieron que se interpretara La Bayamesa de Pedro Figueredo, himno revolucionario, publicado por José Martí en el periódico Patria. Con tal propósito, le pidieron al compositor y director José Antonio Rodríguez Ferrer que se encargara, en esta oportunidad, de la orquestación y dirección interpretativa de la pieza musical. El acto, según las reseñas, resultó memorable por los cuidadosos arreglos de Rodríguez Ferrer y las emociones patrióticas que suscitó esta versión musical entre los cubanos que participaron en el acontecimiento. Rodríguez Ferrer compuso una introducción instrumental, a modo de llamada de atención, que quedaría ya definitivamente incorporada al himno, así como adecuaciones a una banda orquestal de pequeño formato. Jesús Gómez Cairo explica el aporte de Rodríguez Ferrer a lo que constituiría nuestro Himno Nacional:
  • Primero: Tomó como base la línea melódica que había plasmado Emilio Agramonte en su transcripción, pero no su acompañamiento de piano (existían ya entonces también otras versiones de la melodía que Rodríguez Ferrer desechó).
  • Segundo: Armonizó y orquestó esa línea melódica con algunas esenciales adecuaciones en función del medio instrumental que hubo de utilizar para interpretarla: la banda, que por las escasas posibilidades de músicos en esa ciudad, fue pequeña. Según se dice no pasaba de doce músicos.
  • Tercero: Compuso una introducción instrumental a modo de diana de vibrante estilo marcial, que la partitura de La bayamesa no poseía y era fundamental para lograr el efecto de llamada, de clarín, indispensable a la dramaturgia musical de un himno que es, ante todo, una marcha de combate.
Más de un año después, al iniciarse la Convención Constituyente de 1900, interpretó La Bayamesa de Figueredo, en la versión de Rodríguez Ferrer, la banda de “formato completo” dirigida por el maestro Guillermo Manuel Eduardo Tomás Bouffartigue. Este músico cienfueguero había participado activamente en los conciertos que se daban para recaudar fondos para el Partido Revolucionario Cubano en Nueva York. Su esposa, Ana Aguado, conocida como la Calandria, también participaba en estos conciertos como cantante. A ella le escribió José Martí: “Los tiempos turbios de nuestra tierra necesitan de estos consuelos. Para disponerse a morir es necesario oír antes la voz de una mujer”.
Guillermo Tomás había regresado a Cuba en 1899. Fundó la primera banda de formato completo, el 15 de agosto de 1900. La misma se inició como Banda de Música del Cuerpo de Policía de La Habana. Las condiciones de este cuerpo llevaron a su director y al alcalde de la ciudad a convertirla en la Banda Municipal de La Habana, que entre otros inmortales directores tuvo a Gonzalo Roig. También a Guillermo Tomás se debe la creación, en 1910, de la primera Orquesta Sinfónica de La Habana. Jesús Gómez Cairo define: la ejecución del himno estuvo a cargo de la banda de formato completo, devenida posteriormente Banda Municipal de La Habana, bajo la dirección del insigne músico maestro Guillermo Tomás, entonces el más ilustrado de los directores musicales cubanos.
Recordando aquel momento, en una entrevista publicada por el periódico Excelsior, Guillermo Tomás expresa:
“Fue un momento solemnísimo, de esos que no se olvidan nunca en la vida. Los músicos estábamos quizás más emocionados que nadie. Muchas veces me he quedado pensando como pudimos llegar al final”.
Guillermo Tomás, a quien lo caracterizó siempre la modestia y la honradez, aclaró que los arreglos y la orquestación pertenecían a Rodríguez Ferrer, aunque es evidente que le incluyó elementos que permitieron completar la obra. La Asamblea Constituyente decidió desde entonces que La Bayamesa de Figueredo, con los arreglos y orquestación de Rodríguez Ferrer y Guillermo Tomás, se convirtiera en el Himno Nacional Cubano.
Sin embargo, el destino guardaba sorpresas en torno a la obra musical. En 1912, al crearse el Museo Nacional, la señora Adela Morel decidió donar, por medio del conocido patriota Fernando Figueredo Socarrás, una partitura que hasta entonces había sido desconocida. Según el relato de la Señora Morel, estando Perucho Figueredo en la finca Santa María de El Camagüey, el 10 de noviembre de 1869, ella, una joven en aquel momento, se le acercó y le pidió que le escribiera la partitura con letra y melodía de su Bayamesa.

Versión ofrecida por la señora Adela Morel

Al combate corred, bayameses,
que la patria os contempla orgullosa;
no temáis una muerte gloriosa
que morir por la patria es vivir!
En cadenas vivir es vivir
en afrenta y oprobio sumido;
del clarín escuchad el sonido,
a las armas, valientes, corred!
No temáis los feroces iberos,
son cobardes, cual todo tirano,
no resisten al bravo cubano;
para siempre su imperio cayó!
¡Cuba libre! ya España murió
su poder y su orgullo ¿dó es ido?
¡del clarín escuchad el sonido
¡a las armas, valientes, corred!
Contemplad nuestras huestes triunfantes,
contempladlos a ellos caídos;
por cobardes huyeron vencidos,
por valientes sabemos triunfar!
¡Cuba libre!, podemos gritar;
del cañón al terrible estampido;
del clarín escuchad el sonido,
¡A las armas, valientes, corred!
Este documento provocó una verdadera conmoción. Nunca antes se habían conocido las estrofas finales que contenía la donación de Adela Morel. Ello trajo numerosas especulaciones. La autenticidad del documento fue probada, pues de puño y letra del propio Figueredo consta que “palabra y música” son de su autoría. Además, en un costado del mismo testifica lo siguiente: Copiados para la Srta. Adela Morel. Santa María, nov. 1 de 1869. A partir de estos datos, dos cosas diferentes se pueden inferir. La primera, que Figueredo haya escrito esta obra con todas sus partes, pero que solo divulgó las dos primeras estrofas, ya fuese con el objetivo de facilitar su interpretación o por no creer necesario incluirlas todas.
Lo cierto es que en El Cubano Libre, en el Te Deum del 28 de octubre y en la versión que en Cayo Hueso divulgaron Candelaria Figueredo y su esposo, Federico del Portillo, solo figuraron las dos primeras estrofas. También está comprobado que solo fueron conocidas por los participantes en la Guerra de los Diez Años las dos primeras. No hay referencia anterior a las cuatro estrofas finales. La otra posible interpretación es que estas hayan sido añadidas por Figueredo con posterioridad a los acontecimientos de Bayamo. Esto parece validarlo el hecho de que la letra de estas estrofas presenta incorrecciones que no están en las dos primeras.
No obstante los posibles orígenes de estas estrofas agregadas, lo cierto es que serían, algo así, como la versión definitiva de La Bayamesa, Himno Patriótico, Himno de Bayamo, Himno Revolucionario Cubano. Si los constituyentes de 1901 adoptaron como Himno Nacional las dos estrofas iniciales de Figueredo, con los arreglos de Rodríguez Ferrer y Guillermo Tomás, las constituciones de 1940 y de 1975 reafirmaron esta versión como el Himno Nacional Cubano. La importancia de estas dos primeras estrofas, trasciende el puro hecho creador; las mismas constituyen el modo de sentir de los mambises de 30 años de lucha por la independencia. CUBADEBATE

Los dominicanos merecen una información imparcial sobre Cuba

Resultado de imagen para bandera de cuba

Al iniciar una exploración bibliográfica para una investigación acerca del consumo informativo sobre Cuba en los principales periódicos de la República Dominicana, captó mi atención una entrevista titulada “Cubanos aspiran Díaz-Canel propicie el cambio en la isla” (Listín Diario,13 de octubre del 2018), realizada a un “politólogo” cubano nombrado Orlando Gutiérrez Boronat, invitado a un seminario organizado por el Centro de Pensamiento y Acción del Proyecto Nacional, ProNación, que dirige el exdiputado Pelegrín Castillo, según informó su cuenta de Twitter.
El título de la entrevista captó mi atención, precisamente, porque viene como anillo al dedo para el tema de mi investigación, ya que ejemplifica el tipo de enfoque informativo que implanta en la mente de los dominicanos una imagen de Cuba que nada tiene que ver con la realidad ni con la verdad que debiera primar, por elementales razones éticas, en el ejercicio de un periodismo mínimamente objetivo.
Una cita del entrevistado pone en entredicho su actitud como académico, al declarar que “El presidente Díaz-Canel tiene que tomar una decisión histórica, o va a ser el presidente títere de un partido totalitario o va a ser el presidente de los cubanos”. Ningún cientista social que se respete emplearía semejante lenguaje de propaganda política callejera. Y para colmo remarcó, con altanería, que “(…) debe tomar de manera rápida esa importante decisión”. Tales frases (denominadas operadores modales, en este caso, de obligación), no suelen emplearse categóricamente en los análisis políticos serios.
Debido a esa deficiencia profesional indagué sobre Orlando Gutiérrez Boronat en Internet y la búsqueda arrojó algo contrastante: una reseña de estudios universitarios (Wikipedia) y alarmantes denuncias de actividades terroristas, de acuerdo con una serie de artículos del escritor y profesor universitario cubano José Luis Méndez Méndez, titulados “Desobediencia civil de los terroristas de siempre” (ver en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/24/%E2%80%9Cdesobediencia-civil%E2%80%9D-de-los-terroristas-de-siempre-i/#.W8V-v7pFzIU ) y “Los terroristas de Miami en la época de Barack Obama” (ver en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2012/01/29/los-terroristas-de-miami-en-la-epoca-de-barack-obama-i/#.W8VWtrpFzIU ). 
A partir de tales referencias el lector podrá comprender que las ideas expresadas por Gutiérrez Boronat están sesgadas y no provienen del corazón de la inmensa mayoría de los cubanos que viven y trabajan en la isla, esos que le han otorgado su confianza al presidente Díaz-Canel, quien fue acogido incluso por una amplísima representación de cubanos residentes en los Estados Unidos, durante su reciente visita a la sede de la ONU en Nueva York. 
La verdad es que el pueblo cubano, en su inmensa mayoría, rechaza el bloqueo comercial, económico y financiero del gobierno norteamericano contra Cuba, y mucho más los actos terroristas que han sembrado el luto en numerosas familias de la isla, poderosas razones por las que  jamás apoyaría las declaraciones de Gutiérrez Boronat. 
Por otro lado, la referida entrevista queda devaluada frente a los lectores que sí conocen la realidad cubana y su tensa dinámica de relaciones con los EE.UU., precisamente por el apoyo a organizaciones contrarrevolucionarias ubicadas en su territorio, entre ellas el Directorio Revolucionario Cubano, del cual Orlando Gutiérrez Boronat, el entrevistado, es su secretario general. Tómese en cuenta el financiamiento de USD 650, 000.00 recibido solo en el año 2017 por esa organización de Gutiérrez Boronat, proveniente de la National Endowment for Democracy, NED (dato que puede verificarse en: https://www.ned.org/region/latin-america-and-caribbean/cuba-2017/ ).  
Dígase, además, de paso, que la publicada entrevista a este individuo de documentado historial terrorista contra la revolución cubana, aunque su visita al país se deba a una invitación de una entidad privada dominicana, no contribuye para nada a las buenas relaciones dominico-cubanas. De modo que, de no tratarse de un desliz político del exdiputado Pelegrín Castillo, cabría pensar entonces que ha fijado una posición activamente adversa al proceso cubano. 
En suma, causa indignación leer esas declaraciones de Gutiérrez Boronat, que no reflejan el sentir de la mayoría de los cubanos residentes en República Dominicana y mucho menos el de nuestros compatriotas en la isla. El pueblo dominicano se merece un periodismo genuinamente orientador e imparcial al informar sobre lo que ocurre en Cuba y en cualquier parte del mundo. 
Me parece oportuna la ocasión para solicitarle al Listín Diario que entreviste y abra sus páginas a académicos cubanos residentes en tierra quisqueyana, para al menos ofrecerle al público lector dominicano el derecho a la verdad, que es también una forma de existencia de la justicia social. Tomado de ACENTO.COM

Listin Diario entrevista al mercenario Gutierrez-Boronat

cubanos aspiran diaz canel propicie el cambio en la isla
Como si se tratase de una revelevante figura, el diario Listin Diario publica las opiniones de un reconocido mercenario, el acusado de terrorismo Orlando Gutierrez-Boronat, cubano residente en Miami  que evidentemtente no sabe absolutamente nada sobre la realidad cubana, presidente de Directorio Democratico Cubano, organización que compite con la Fundación Cubana Americana por los dineros que USA destina a las dizque organizaciones que provocarían un cambio en CUBA, dineros que terminan en los bolcillos de estos cabecillas.
Es tanta la ignorancia del entrevistado por Listin Diario, el mercenario Gutierrez-Boronat, que él afirma le corresponde al presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Diaz Canel cambiar a CUBA, denostando, sesgando, el poder que le ha dado la propia contitución de CUBA al pueblo cubano para decidir su destino.
El mercenario desconoce el proceso, no vive en CUBA, no sabe nada de CUBA. Se crea una comisión que redactó los cambios a la constitución, luego, la Asamblea Nacional baja a que toda la población, centro de trabajo por dentro de trabajo, cuadra por cuadra, universidad por universidad, organizacion de sociedad civil por organización, se reunan y es el pueblo quien emite, en fuertes y democráticas discuciones, sus opiniones y provoca cambios, aceptación o exclusión de los tópicos tratados en dicha modificación. Luego de terminado ese proceso regresará a la asamblea con las modificaciones propuestas y de ahi a un plesbicito nacional que es quien al final decide si se aplica o no.
Guitierrez Moronat no es más que un vividor de las dádisdas de las ayudas USA… como otros… viven del «cuento» y cuentan «cuánto».
Guitierrez es mercenario, usa los dineros de una potencia extranjera (aunque es su nación, no CUBA) para atentar contra la República Socialista de CUBA.
No habla por los cubanos, no representa a nadie en CUBA y mucho menos al «pueblo», pues no vive en CUBA, ni visita CUBA, ni sabe quien está de moda en CUBA, ni conoce sus calles, su TV, su radio… vive en Miami, donde es solo quien preside una de las n organizaciones que viven del cuento de que ayudan a la isla con tal de recibir donaciones.
El mercenario radicado en Miami, desconocedor del proceso, es quien, de forma abusiva e irrespetuosa, se atreve a opinar sobre un tema que desconoce y el diario Listin Diario, de la mano de Ramón Pérez Reyes, se presta a manipular a su público al difundir opiniones de alguien que, evidentemente, miente. Tomado de ELMURO360

Trump juega con los derechos para atacar a Cuba

Donald Trump
Apenas a unos días de que la Asamblea General de la ONU conozca, debata y vote por 27ma. vez consecutiva la Resolución que condena el largo y brutal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, una «casualidad» intenta obstaculizarla y desacreditar a la Isla.
Vaya coincidencia, acaban de darle asilo político a uno que se presentó como periodista independiente perseguido, y al que —por cierto—, tuvieron durante seis meses detenido en una de sus prisiones del ICE, esas creadas para los inmigrantes indocumentados que llegan por la frontera sur, y que inhumanamente han servido para separar a miles de familias latinas, especialmente a los menores de sus padres.
Esta relación en tiempo, trae al escenario de los medios estadounidenses a ese nuevo comediantillo para tratar de enturbiar lo que es verdad y se sabe desde hace casi seis décadas, la principal violación de los derechos humanos de los cubanos reside en la dura vida, en los obstáculos para el desarrollo personal, colectivo y de la nación, que ha impuesto el bloqueo económico, financiero y comercial, sostenido a contracorriente de los intereses y aspiraciones comunes de dos pueblos vecinos a la convivencia civilizada.
Nada novedoso, lo sabemos, en el arsenal de la manipulación estadounidense, pero vemos que en lo que va de año la actual administración de la Casa Blanca ha intensificado su injerencia y sus ataques, centrados fundamentalmente en lo que ha sido siempre la farsa presentada como leit motiv para justificar las crueles sanciones: la supuesta violación por parte de Cuba de los derechos humanos.
El viernes, en un comunicado del Departamento de Estado que dirige el ex- jefe de la CIA, Mike Pompeo, se anunció el lanzamiento de una campaña a favor de los que llaman presos políticos, y en la misma la misión de EE. UU. ante la ONU y la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo han sido encargadas de la maniobra descarada en la que también está involucrado otro magro fantoche cargado de mala fe, el Secretario General de la OEA.
El injerencista ataque se perfilaba desde el pasado agosto, cuando las siamesas de la añeja y obsoleta agresión teleradial abrieron diz que «una línea de emergencia para recibir denuncias de violaciones de derechos humanos en Cuba» y trasladarlas a los organismos internacionales: «Estamos enviando un mensaje muy claro a Cuba, la línea dura es parte de la nueva política de los EE. UU.», vociferaba en los micrófonos, alguno de la «alianza estratégica» forjada en Miami.
Se trata de gastar —sin perder las ganancias personales que les reporte— los 15 o 30 millones dispuestos por el Congreso estadounidense para llevar su «democracia» a Cuba y los 29 millones de dólares para las transmisiones.
Ahora, el Gobierno que en junio se fue con el rabo entre las piernas del Consejo de Derechos Humanos de la ONU con sede en Ginebra, porque este le dijo algunas verdades sobre su actuar en el mundo como violador flagrante, busca caja de resonancia en el organismo mundial en Nueva York, para las mentiras contra la Isla bloqueada y olvida algo fundamental, la enorme viga que tiene en el ojo…
Justo también el viernes la publicación The Hill daba a conocer que la administración Trump está proponiendo revisar las regulaciones de las protestas frente a la Casa Blanca y en otros lugares emblemáticos de Washington D.C., bajo el pretexto de preservar esos lugares de herencia de la nación, un acto de represión que apunta a cerrar la libertad de expresión, denuncian no pocos.
El plan data de agosto cuando se expuso sin mucha fanfarria; sin embargo, dijo The Hill, los grupos de derechos civiles han sonada las campanas de alarma.
A comienzos de septiembre, el mismísimo presidente Donald Trump —en una entrevista que le hiciera el Daily Caller horas después de que el entonces nominado a la Corte Suprema de Justicia, Brett Kavanaugh, fuera «saludado» con protestas en el primer día de las audiencias de confirmación en el Senado—, sugirió que el acto de protestar debía ser ilegal. Ese mismo día mas de 70 personas fueron arrestadas por la policía del país que se levanta como «guardián y juez de los derechos humanos» en el mundo. Y no fueron estas ni las primeras, como tampoco las últimas de las detenciones masivas practicadas, desconociéndose cuántos esperan o están sometidos a procesos legales por participar en esas demostraciones que, supuestamente, protege la Constitución que le dieron los padres fundadores.
Que el disenso le da urticaria a Trump es conocido, incluso ha llegado a sugerir que los manifestantes debieran perder sus trabajos o ser enfrentados con violencia por expresar sus opiniones; así instó a los propietarios de la NFL (Liga Nacional de Futbol Americano) a que despidieran a los jugadores que se arrodillan cuando se escuchan las notas del Himno estadounidense en protesta contra la sistemática injusticia racial en EE. UU. Tampoco podemos olvidar que durante su campaña presidencial en 2016, cuando en varias apariciones públicas los manifestantes interrumpieron sus mítines electorales, con sus palabras alentó la violencia contra ellos.
En la supresión de los derechos de expresión, el mandatario cuenta también con el contubernio de las oligopólicas empresas de la comunicación, con potestad para acallar las voces contrarias no solo dentro de Estados Unidos sino a nivel mundial, incluso en las redes sociales en las que cierran páginas progresistas dedicadas a darle cobertura a las guerras de Estados Unidos y sus aliados, la brutalidad policial y otros temas que los medios corporativos por lo general soslayan.

EE.UU. tiene a millones de humanos sin derechos

Sin embargo, las más incontestables violaciones de los derechos humanos que comete a diario Estados Unidos no están contenidas en la censura a la libertad de expresión o el derecho a la protesta. Son las infracciones que dañan el derecho a la vida misma.
No mencionemos en detalles las guerras, las intervenciones y ocupaciones militares, la injerencia e intromisión en los asuntos internos de otros países, el fomento de golpes de Estado, el cínico estímulo a la subversión y al terrorismo, incluso al magnicidio, la imposición del neoliberalismo que ahoga la vida y la economía de otros pueblos, el desprecio a los convenios y al Derecho Internacional…
Detengámonos en las contravenciones hacia los suyos. Pobreza en la nación más rica del planeta, negación de la salud y de la educación para todos, injusticia en el sistema judicial y penitenciario, cárceles secretas, situación de discriminación hacia las minorías, salarios desiguales por sexo o color de la piel, persecución y detenciones arbitrarias de los inmigrantes, transgresiones electorales, y muchas más están entre las violaciones de los derechos de sus ciudadanos.
He aquí algunas cifras o datos: 46,7 millones de personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza, de ellas 26 millones son mujeres. La cifra total representa el 14,8 por ciento de la población estadounidense; el 23,6 por ciento son hispanos y el 26,2 por ciento negros, los blancos representan el 12,7 por ciento. Más de 560 000 personas no tienen techo. Estos son datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos.
Un estudio del Registro Nacional de Exoneraciones, dado a conocer el 7 de marzo de 2017, muestra que los estadounidenses negros tenían aproximadamente siete veces más probabilidades de ser condenados injustamente por asesinato que los estadounidenses blancos. Si el crimen involucra drogas, los negros inocentes tienen aproximadamente 12 veces más probabilidades de ser condenados injustamente que los blancos sin culpabilidad. Y en estas estadísticas de la discriminación solo en el aspecto del sistema judicial muestran también que los delincuentes varones negros recibieron condenas en promedio 19,1 por ciento más largas que las de los delincuentes varones blancos «en una situación similar».
En el aspecto de los estándares de vida, encontramos que el Instituto de Política Económica publicó un informe el 13 de febrero de 2017, que refiere que la riqueza promedio de las familias blancas es siete veces más alta que la riqueza promedio de las familias negras, y que la riqueza blanca media es 12 veces más alta que la riqueza negra promedio.
La brecha por género no es menos amplia. Las mujeres reciben solo el 64 por ciento del pago que reciben los hombres por un mismo trabajo y qué decir del desprecio que acaban de recibir cuando el Senado avaló al juez del Supremo nominado por Donald Trump y a quien se le acusó de violación en su época de escolar, pero no se le dio crédito a la acusadora.
Mucho más pudiéramos mencionar de las transgresiones dadas a conocer por sus mismos índices públicos. Entonces ¿Cómo se atreven a juzgar a otros?

Miguel Díaz-Canel está en Twitter: ¿Por qué? (+Infografías)

Desde CubaHora
Twitter ya es una plataforma consolidada en lo que a comunicación política se refiere. Ha sido utilizada por políticos, partidos, gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil, medios de comunicación y ciudadanos. De hecho, se ha convertido en una de las redes socialespreferidas por el público para informarse y discutir sobre asuntos políticos.
En este sitio prima la inmediatez, lo que puede fomentar un intercambio fluido de la conversación y el debate entre los gobiernos y los ciudadanos. Entre las ventajas de su uso para la comunicación política, se encuentran también el constituir una fuente de información para la prensa y una vía para mejorar la relación con ella, así como su facilidad para, si se emplea bien, generar empatía con los líderes.
Según el último reporte de Twitter, existían como promedio 330 millones de usuarios mensuales activos al final de 2017, una cantidad nada despreciable de posibles actores para la diplomacia mundial.
Los líderes se expresan, se siguen unos a otros, ganan adeptos, realizan campañas, responden preguntas, movilizan, interactúan con los ciudadanos y entre sí, con ayuda de sus cuentas en Twitter. Lo que antes era un apoyo a su gestión, considerado complementario en su estrategia de comunicación, ha ganado fuerza y sistematicidad. También ha sido útil para crear y ejecutar estrategias de gobierno, ya que contribuye a estudiar las audiencias y los temas y problemas que más les interesan.
El Heraldo Cubano

En busca de la verdad

La pupila insomne

...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado. Rubén Martínez Villena

La Santa Mambisa

Promoviendo la FE de nuestra cubanísima Revolución

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar