OTRO ABSURDO DE TRUMP









Por: María Victoria Montes
En sus afanes expansionistas e injerencistas, Trump arremete contra la Isla de Cuba, como si esta fuera objeto de su propiedad. Ha dado muestras, “el empresario” de su incapacidad para entender la política y las relaciones internacionales. Ha dado muestras del desconocimiento de la historia de su país y de la historia de las relaciones Cuba-EE.UU.
Su discapacidad y analfabetismo digital lo han llevado a publicar en las redes comentarios racistas, xenófobos, fascistas e imperialistas. Ha criticado sistemas de gobiernos, políticas sociales, organismos internacionales, etc.
En el caso particular de Cuba, ha retomado uno de los proyectos más absurdos que haya ideado EE.UU. contra la mayor de las Antillas. Ha relanzado Trump, de manera ultrajante para la Isla, un proyecto para expandir Internet en todo el territorio cubano, pero… ¿A solicitud de qué cubanos Trump ha ideado este proyecto?
Si es tan dadivoso Trump, ¿Por qué no ha destinado estos fondos al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas? ¿Por qué no los destina a desarrollar proyectos de investigación y producción de medicamentos que salvarían millones de vida, incluidas las de los cubanos que hoy no pueden acceder a las medicinas que se producen por EE.UU.?
Sr. Trump, Cuba no necesita de su proyecto de carácter extraterritorial para desarrollarse tecnológicamente. Cuba, le reclama y pide que levante el Bloqueo, se retire de Guantánamo y le permita desarrollarse de manera autónoma. Cuba cuenta con hombres y mujeres, formados por la Revolución, capaces de transformar el país en todos los órdenes, económicos, políticos, sociales, etc. Acaso no conoce usted que la necesidad de independencia económica y política y el irrespeto a la autodeterminación de las 13 colonias de América del Norte fueron, entre otras, las razones que llevaron a la Guerra de Independencia de las 13 colonias de Norteamérica.
Según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIC), El Salvador sigue siendo el segundo país con menor acceso a internet de América Latina (sólo el 16,9% de los hogares tiene acceso a la red y algo menos del 30% de la población utiliza internet). En primer lugar está Guatemala. ¿Por qué no negocia usted con estos países a ver a cual pudiera interesar su proyecto? Si la idea de Task Force nació con el auspicio y el financiamiento de los cubanos irreverentes que apoyan sus genocidas ideas, quizás aún conserven algo de solidaridad en su espíritu y una propuesta de ayuda a estos países contaría con su anuencia.
Cuba, ha realizado ingentes esfuerzos con empresas estadounidenses para mejorar la conectividad a internet, pero hasta ahora solo ha fructificado un acuerdo parcial con el gigante tecnológico Google, que busca mejorar la experiencia online para los cubanos que utilizan sus productos, pero no brinda un mayor acceso a la red.
La educación, la salud, la administración pública, el sector cuentapropista, el ama de casa, los jóvenes, todos usan la Internet, en la cuantía y la medida que Cuba puede proporcionarla. Cuál es su asombro, si por ejemplo, en República Dominicana, el 90% de las MIPYMES no tiene página web y no maneja los recursos tecnológicos para promover sus servicios. Para ello el gobierno ha ideado un proyecto “Republica Digital”. En el caso de los cubanos, ellos y a solo ellos les atañe el derecho a trabajar en su propio proyecto para llevar la Internet a todos los rincones del país.
La idea de politizar el asunto satanizando al gobierno de Cuba no le beneficia, los cubanos de todas partes del mundo, amamos nuestra patria, los cubanos, como dijera Martí, “no somos de raza vendible”. Sus acciones nos unirán en el odio al tirano, al imperialista, al autócrata que se ha creído nacido para gobernar el mundo.
Trump, usted hoy se realiza entre los estertores del capitalismo y su necedad le ha provocado una fuerte ceguera política que difícilmente se recupere de ella. Permítanos entonces recordarle otra frase de Martí “ser cultos para ser libres.” Lea, estudie la historia de los pueblos.

Al filo del mediodía de este miércoles, cuando las novenas puertorriqueña y venezolana, Criollos de Caguas y Caribes de Anzoátegui, iniciaban lo que fue un electrizante juego de pelota en la primera semifinal de la Serie del Caribe,  varias personas, colegas, incluso personal de apoyo del torneo se nos acercaron para preguntarnos qué sabíamos de cuatro jugadores cubanos que habrían abandonado a su equipo.
Jorge Polo, jefe de la delegación cubana y vicepresidente del Inder, aseguró que los 28 peloteros están enfocados en el certamen, sin ningún problema, y destacó la unidad del grupo y su disciplina.
Esto de los rumores no es nuevo como tampoco es que el pelotero cubano es el más perseguido en cualquier rincón del mundo, por su calidad y porque las normas del béisbol profesional, regidas por Estados Unidos (entiéndase Departamento del Tesoro y Major League Baseball, MLB), agreden la condición del pelotero cubano. Y no hablamos de la física, sino de su integridad ética.
Desde el 3 de febrero del 2015 está vigente el Acta de Residencia fuera de Cuba, documento que pone las reglas para que un pelotero cubano, nacido, formado y preparado en su país, pueda acceder al béisbol profesional de Estados Unidos. En el cuerpo de ese texto se lee que para que un pelotero de la Mayor de las Antillas pueda jugar en la MLB tiene que renunciar a su nación, declarar que vive fuera de Cuba, que no regresará y que no tiene nada que ver con el Gobierno cubano.
Lo que ha venido ocurriendo en el béisbol con Cuba está tipificado en el delito de tráfico de personas y es, con todas las letras, robo de talento. ¿Por qué la organización de Grandes Ligas o las franquicias que tienen equipos allí no negocian con la parte cubana, como mismo lo hace Japón o Canadá, o algunas de las ligas europeas?
Mientras exista ese documento habrá rumores y la premisa del robo de talento se mantendrá. Es sintomático, además, que el rumor salga justo en las horas previas al partido semifinal, el más importante de esta Serie del Caribe.
Y no es nueva esta práctica, porque los peloteros, la pelota y nuestro deporte representan para el país, orgullo y defensa de nuestra nacionalidad. La alegría que vivimos en todo el país desde las plazas orientales de Las Tunas y Granma, por la calidad y por la entrega sin límites, es lo atacado con esta práctica que solo sufren nuestros deportistas.
Lo que sí no es palabrería ni rumores, es la acogida que esta ciudad le ha dado al equipo cubano, cómo le reconocen su educación, sus cualidades, además de las deportivas. Hemos visto admirados aquí, por su condición de cubanos, a los que juegan en otros equipos y han sido contrarios en el terreno.

Trump, a un año de gobierno: Cuba en el sexteto

Cuando el pasado martes 30 de enero, la portavoz de la presidencia estadounidense Sarah Sanders declaró a la agencia AFP que el discurso que el presidente Donald Trump pronunciaría esa noche tendría como tema principal la construcción de un país “seguro, fuerte y orgulloso (…)”, no abarcó en su sintética afirmación los puntos flojos e inexplicables que contendría la alocución del controvertido mandatario.
Entre las opiniones que emitió la prensa internacional se destaca el artículo de Damià S. Bonmatí, publicado por la agencia Reuters, titulado: “Cinco puntos del discurso de Trump que separan más a EE.UU. del resto del mundo”. Aquí se destaca el concepto trumpiano de: Dinero “solo para los amigos de EEUU”, mediante el cual el mandatario dijo a los legisladores que la ayuda exterior no se destine a las naciones que se consideran “adversarias”.
Precisamente, fueron seis países los que Trump puso en la acera contraria; unos por temor, sin duda alguna, debido al potencial económico que compite con sus intereses hegemónicos y la unipolaridad que intenta enarbolar: Rusia y China; otros, como Irán y la República Popular Democrática de Corea , le incitan a pretender justificar el ansia de “modernizar y reconstruir nuestro arsenal nuclear”, como expresó entonces y aunque agregó “esperando que nunca se tenga que usar, pero que nos haga tan fuertes y poderosos que detenga cualquier acto de agresión”, obviamente se prevé que el presidente norteamericano “ha dado un primer toque en el tambor de guerra con esta frase clave pronunciada en su primer discurso sobre el Estado de la Unión”.
De Venezuela y Cuba se refirió como los regímenes “que retan nuestros intereses, nuestra economía y nuestros valores”.
Grandeza, y “grandeza”
En el contexto de esta intervención en el Estado de la Unión, el jefe de la Casa Blanca subrayó aquello de “… estoy pidiendo al Congreso que finalice el peligroso secuestro de la defensa y de los fondos completos para nuestra grandeza militar”. Y olvidó entonces que su administración, que ha impuesto” fuertes sanciones a las dictaduras comunista y socialista en Cuba y Venezuela”, como expuso, ha sido enfrentada por la Mayor de las Antillas antes, durante y ahora con él, sin que se haya podido doblegar una nación y sus valores, esos que han prevalecido sin recurrir a lo que él denomina “grandeza militar”, porque la principal arma del pueblo cubano ha sido su “grandeza de principios”.
Los puntos referidos al terrorismo apuntan otra vez a Cuba. Trump, refiere Bonmatí en su artículo, “dijo haber firmado una orden ejecutiva para que el secretario de Defensa reexamine las políticas militares y para “mantener abiertas las instalaciones de Guantánamo. El presidente Barack Obama había firmado un decreto en 2009 para cerrar el centro de detención, pero el Congreso nunca dejó que llegara a aplicarse”.
Amplía el texto que “Trump no dejó margen de duda: Los terroristas deben ser tratados como tal. Y, efectivamente, en Guantánamo no son tratados como criminales detenidos y juzgados en territorio estadounidense. La lista de denuncias sobre la ausencia de proceso judicial y de uso de torturas en esa base es larga”.
Aquí el punto toca la llaga que supura, o la espina clavada al dorso de la Isla grande desde finales del siglo XIX, cuando se inicia el conflicto entre Estados Unidos y Cuba por la Bahía de Guantánamo, tras declararle el Congreso norteamericano la guerra a España, justo cuando los mambises tenían la victoria en sus manos, tras largos y heroicos años de batallas en las maniguas cubanas.
La historia habla por sí misma. Desde entonces “Estados Unidos continúa sintiéndose con derechos sobre su más antigua base naval en el extranjero, un terreno de 11.655 hectáreas sobre la costa del sureste de Cuba, sin parangón con ninguna otra base militar en el mundo”, tal y como escribió el 20 de abril de 1898, el entonces presidente, William McKinkley.
“Precisamente, la cárcel en Guantánamo se hizo famosa por las imágenes de soldados estadounidenses torturando a los detenidos, lo cual conllevó a varios proyectos de ley para tratar de prevenir incidentes similares. La declaración de Trump parece indicar que preservar los derechos elementales de los prisioneros no será siquiera una preocupación de su Gobierno”, expone Damià S. Bonmatí en su publicación y prosigue:
“Pero, más allá de lo que haga Estados Unidos con su política de detenciones arbitrarias, la demanda de Cuba y muchos otros países del mundo sigue centrada en el fin de la ocupación ilegal de ese territorio en Guantánamo”.
Concluye el artículo: “El fin de ese controvertido centro de detención –mas no la devolución del territorio a Cuba– fue una de las principales promesas del exmandatario demócrata Barack Obama, quien no pudo cumplirla durante sus ocho años de Gobierno por la resistencia del Congreso”.
Cuba no admite
El regreso de políticas fracasadas, como Fuerza Operativa en Internet contra Cuba, que recuerda proyectos subversivos similares a ZunZuneo y Commotion, fueron denunciadas por el Ministerio de Relaciones de Cuba (Minrex), que emitió una nota diplomática, en la que declara su “enérgica protesta por la pretensión del Gobierno estadounidense de violar de modo flagrante la soberanía cubana, en lo que respecta a la competencia nacional para regular los flujos de información y el uso de los medios de difusión masiva, a la vez que rechazó el intento de manipular internet para llevar a cabo programas ilegales con fines políticos y de subversión, como parte de sus acciones destinadas a alterar o cambiar el orden constitucional de la República de Cuba. La misma nota fue remitida por la Embajada de Cuba en Washington al Departamento de Estado”.
El mensaje reitera la determinación del Gobierno de Cuba “a no tolerar ningún tipo de actividad subversiva ni de intromisión en sus asuntos internos y, como país soberano, a continuar defendiéndose y denunciando la naturaleza injerencista de este tipo de acciones.
“Cuba, además, seguirá avanzando en la informatización de su sociedad, como parte del desarrollo del país y en función de los objetivos de justicia social que caracterizan a su Revolución”, concluye. Tomado de NUEVOECO.NET

Sesionó en Washington injerencista grupo de tarea sobre Cuba

Tomado de Cubasi.cu
El injerencista Grupo de Trabajo de Internet para Cuba, creado recientemente por el gobierno norteamericano y que la Cancillería cubana denunció como un nuevo programa subversivo, sesiónó ayer.
Integrado por representantes del ejecutivo y también por entes no gubernamentales, el grupo —que sesiónó ayer por primera vez en el Departamento de Estado— responde a la nueva política de recrudecimiento del bloqueo que anunciara el 16 de junio de 2017 el presidente Donald Trump.
En su primera sesión, en el sótano del Departamento de Estado, el ente –presidido por John S. Creamer, subsecretario adjunto para asuntos del hemisferio occidental– escuchó el parecer de expertos sobre los desafíos tecnológicos y las oportunidades asociadas con la ampliación del acceso a Internet en Cuba y que el gobierno de la nación antillana impulsa como parte de su soberana política de informatización.
La pretensión del gobierno norteño es vista como una violación flagrante a la soberanía cubana, en lo que respecta a la competencia nacional para regular los flujos de información y el uso de los medios de comunicación masiva, y un intento por manipular Internet con fines políticos y de subversión para lograr un “cambio de régimen”.
Según una nota de prensa del Departamento de Estado a la que tuvo acceso la Agencia Cubana de Noticias, hoy se acordó formar dos subcomités, uno de ellos dedicado a estudiar el rol de los medios de comunicación y la libertad de información en Cuba, y el otro enfocado en el acceso a Internet en Cuba, en una clara intromisión en los asuntos internos de la nación caribeña.
Para octubre de este año los subcomités presentarán un informe preliminar con recomendaciones, a partir de las observaciones aportadas por especialistas en la materia y otros actores relevantes, y luego prepararán un memorando con recomendaciones para el Secretario de Estado y el Presidente.
Refiere la agencia AP que la reunión tomó rápidamente claros matices políticos, siempre presentes en el debate sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba, con los correspondientes testimonios de quienes atacan a la Revolución sistemáticamente.
También se escucharon críticas al giro de la política de EE.UU. hacia este país, como lo expresado por Antonio Martínez, experto estadounidense en las relaciones bilaterales, quien aseguró que el bloqueo económico, comercial y financiero contra la mayor de las Antillas es contraproducente y aferrado a una vieja política fracasada.
En la transcripción de sus palabras –a las que tuvo acceso la ACN– se refleja que la pretensión del grupo de tarea es un error y la historia lo confirma, “es otra actitud equivocada de la política estadounidense, arraigada en el temor de que Cuba nunca cambiará, por lo que de alguna manera debemos forzar ese cambio”.
Martínez cuestiono cómo es posible promover el acceso a Internet y la libre circulación de información en Cuba si aún persisten restricciones en EE.UU. para viajar  libremente al archipiélago y un bloqueo comercial y sanciones.
El poder de las demandas de información del mercado debería impulsar ese proceso, no una decisión política; estábamos empezando a avanzar cuando experimentamos la reversión de la política en junio del año pasado, concluyó.
En la actualidad más de cuatro millones de cubanos acceden a Internet a través de distintas modalidades, desde escuelas, instituciones u organismos, con un aumento del 72 por ciento, como promedio en 2017, del ancho de banda.
Desde el 2015 se trabaja en Cuba en un grupo de proyectos para el acceso masivo a Internet, entre los que están los más de 500 puntos de navegación wifi habilitados y las 630 salas de navegación públicas que existen en todos los municipios.
Igualmente todas las universidades se conectaron a la fibra óptica y se les aumentó el ancho de banda, se concluyó la conexión de los hospitales más importantes del país con sus facultades de medicina, y se extendió el servicio a más de 200 policlínicos y 190 farmacias, 50 de ellas en la capital, para poder desplegar un programa más eficiente de localización de los medicamentos.
La Cancillería cubana ha reiterado la determinación de no tolerar ningún tipo de actividad subversiva, ni de intromisión en sus asuntos internos y, como país soberano, continuar defendiéndose y denunciar la naturaleza injerencista de grupos de trabajo de este tipo.
Cuba declaró que continuará regulando el flujo de información como es su derecho soberano y como es práctica en todos los países, incluidos Estados Unidos y aseguró que seguirá avanzando en la informatización de su sociedad, como parte del desarrollo del país y en función de los objetivos de justicia social que caracterizan a su Revolución.

Foto: Juvenal Balán
En la mañana de hoy, 9 de enero, se realizó una audiencia en el Subcomité del hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, organizada por el senador republicado de Florida, Marco Rubio y copresidida por el senador demócrata de Nueva Jersey, Robert Menendez, ambos con un vasto récord de trabajo en contra de mejores relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, y promotores de todo tipo de propuestas legislativas y políticas que afectan los intereses de los pueblos  cubano y estadounidense, y solo benefician a una minoría cada vez más aislada que históricamente ha lucrado con la agresión a Cuba.
Desde su propio título “Ataques a diplomáticos estadounidenses en Cuba”, se evidenció que el verdadero propósito de esta audiencia, a la que fueron convocados tres funcionarios de alto rango del Departamento de Estado, no era establecer la verdad, sino imponer por la fuerza y sin evidencia alguna una acusación que no han podido demostrar.
A nadie le sorprenden las acusaciones infundadas ni las fabricaciones de los senadores anticubanos, cuya única agenda política a lo largo de los años ha sido llevar a nuestros dos países hacia una confrontación, sin importarles las consecuencias. Su total falta de escrúpulos y credibilidad es reconocida. La gran víctima de la audiencia del día de hoy ha sido la verdad.
Para el gobierno cubano resultan inaceptables las irresponsables declaraciones realizadas en la audiencia por el secretario adjunto para los Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Francisco Palmieri.
El Director de Asuntos de Servicios Médicos del Departamento de Estado, Dr. Charles Rosenfarb, dijo que hay una multitud de síntomas que no son atribuibles a una causa específica y que hay falta de certeza sobre el agente causal. El Director Adjunto de Programas Internacionales del Buró de Seguridad Diplomática, Todd Brown, expresó que los expertos no han podido identificar la causa ni el perpetrador. Y el Sr. Palmieri utilizó repetidas veces el término ataques. Quedó claro que se trata de una acusación infundada contra Cuba.
El Departamento de Estado no tiene evidencia alguna que le permita afirmar que ha habido ataques contra sus diplomáticos en La Habana, ni que Cuba pueda ser responsable o tener conocimiento de acciones de terceros.
Por el contrario, meses de investigaciones exhaustivas han demostrado que no ha existido ataque alguno.
Reitero categóricamente  que el gobierno cubano no tiene responsabilidad alguna en las afectaciones de salud reportadas por diplomáticos estadounidenses. Cuba nunca ha perpetrado ni perpetrará, ni ha permitido ni permitirá que terceros actúen contra la integridad física de ningún diplomático sin excepción. El gobierno cubano tiene conciencia de sus responsabilidades y las cumple de manera ejemplar.
Una vez más afirmo que la investigación realizada por las autoridades cubanas, a cuyos resultados el Departamento de Estado y las agencias especializadas de los Estados Unidos han tenido amplio y sistemático acceso, ha arrojado que no existe evidencia alguna sobre la ocurrencia de los alegados incidentes y no se ha producido ataque de tipo alguno.
Nada de lo aportado por el Gobierno de los Estados Unidos a lo largo de este período e incluso hoy apunta con evidencias que los problemas de salud reportados por los diplomáticos hayan tenido su origen o su causa en Cuba.
Rechazamos la politización de este asunto y las medidas injustificadas que ha adoptado el Gobierno de los Estados Unidos, con un alto costo para nuestra población, la emigración cubana y el pueblo estadounidense.
Denunciamos también la manipulación política de estos hechos por los elementos anticubanos, que buscan agravar el clima bilateral, con el único propósito de volver a una etapa de confrontación, con consecuencias negativas para ambos países y la región.
Cuba es un país seguro, pacífico y saludable para los cubanos, para los extranjeros, para los diplomáticos acreditados y para los millones de personas que nos visitan cada año, incluyendo los estadounidenses.

Un nuevo momento americano

Por Francisco Arias Fernández
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El presidente Donald Trump al resumir su primer año de mandato, dijo el 30 de enero de 2018 que se estaba viviendo “un nuevo momento americano”, que había un “progreso increíble” y un “éxito extraordinario” en su desempeño.
Sin embargo, al amanecer del siguiente día The New York Times, uno de los periódicos más importantes de EE.UU., dedicó un editorial a demostrar que el mandatario “no entiende el verdadero estado de la unión”, mientras muchos otros diarios y espacios noticiosos del mundo compitieron en tratar de descifrar la cantidad de mentiras del mandatario durante el discurso y desde muchos días antes organismos internacionales y analistas habían llenado páginas acerca del disparatado período de arrancada del magnate.
El matutino newyorkino asociaba el “nuevo momento” a la peculiaridad de un presidente que “ataca permanentemente a las cortes estadounidenses y sus agencias de seguridad e inteligencia”; “que ha defendido a neonazis”; protagonizó insultos racistas, “ha llevado a cabo la política doméstica más despiadada y convencionalmente conservadora en la historia reciente de EE.UU.”, y “atrincherándose en sus demandas maximalistas de limitar la migración legal y de dividir a familiar migrantes, Trump dijo que traería al sistema migratorio al siglo XXI, pero en realidad está llevándolo hacia atrás, a un pasado penoso por lo intolerante que era”.
En ese sentido, el Informe Mundial 2018 de Human Rights Watch publicado el pasado mes de enero afirma que “las políticas de Trump han convertido a todos los inmigrantes deportables en blanco de deportación”. La administración amplió los abusivos procedimientos de expulsión acelerada y los procesos penales por delitos de inmigración y tomó medidas para aumentar la detención prolongada de inmigrantes. Trump también derogó el programa de Prórroga de Procedimientos Migratorios para Personas Llegadas en la Infancia (Deferred Action for Childhood Arrivals, DACA), poniendo a los cientos de miles de inmigrantes que llegaron a EE.UU. siendo niños en riesgo de deportación. En octubre, la Casa Blanca publicó principios y políticas de inmigración que debilitarían las protecciones para los niños migrantes y refugiados.
En los primeros siete meses del gobierno de Trump, las detenciones de inmigrantes en Estados Unidos aumentaron un 43 % respecto de la cifra que se había registrado durante los mismos meses de 2016 en la gestión de Obama, de 68.256 a 97.482. En muchos casos, se trata de personas desarraigadas de las comunidades donde tienen sus familias y vínculos sólidos. Este aumento se ha debido, en parte, a un drástico incremento en las detenciones de inmigrantes sin ninguna condena penal.
El aumento de las deportaciones durante el gobierno de Trump está afectando a personas que vivieron durante décadas en Estados Unidos, a menudo sin condenas penales, o que sólo tienen antecedentes de infracciones inmigratorias, de tránsito o relacionadas con drogas, incluida su tenencia. Algunas han crecido en ese país. Tienen hijos, cónyuges, padres y abuelos que son ciudadanos estadounidenses.
El gobierno también emitió nuevas y severas medidas de selección para el programa de refugiados y estableció el límite anual para admisiones de refugiados para 2018 en 45.000, el más bajo desde que el Congreso aprobó la Ley de Refugiados en 1980.
El propio informe de Human Rights Watch destaca que el primer año de la administración Trump estuvo marcado por un fuerte retroceso en las funciones del gobierno de proteger y promover una amplia gama de derechos humanos. Señala que hizo cambios de política que han perjudicado a refugiados e inmigrantes, menoscabado la rendición de cuentas de la policía por abuso y restringido los derechos de las mujeres, incluido el acceso a importantes servicios de salud.
El documento describe que las políticas y declaraciones del gobierno también amenazaron o menoscabaron los derechos humanos de otras maneras. Por ejemplo, la reticencia de Trump a repudiar a los grupos de odio podría alentar una conducta discriminatoria y racista y lo elude de su responsabilidad como presidente de defender los principios fundamentales de igualdad y no discriminación. Añade que las reiteradas denuncias del mandatario de que los periodistas son deshonestos y que tienen una agenda en su contra, además de los comentarios y videos que los denigran, generan inquietudes sobre un efecto de relajación de la libertad de expresión en EE.UU.
Por otra parte, el repentino despido por parte de Trump de James Comey, director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), y sus críticas a los jueces que han bloqueado algunas de las acciones de su gobierno corren el riesgo de socavar el Estado de derecho y el control sobre el poder presidencial, según el citado informe. Añade el capítulo dedicado a EE.UU. que la presunta revisión por parte del gobierno de la política de ataques con drones fuera de las zonas de guerra convencionales permite actuar contra sospechosos de terrorismo de menor nivel en más países, con menos supervisión y mayor secretismo.
El “nuevo momento americano” es el de los 41 millones de pobres (13.3 millones de niños incluidos); 553 000 personas sin techo, 16 millones que no saben leer; de los 23 millones de potenciales afectados con la reforma sanitaria de Trump; los cientos de miles que huyen de Puerto Rico a la Florida, Nueva York o Pensilvania como consecuencia del desamparo del que han sido víctimas tras el paso de los recientes huracanes, mientras para tener garantizada a “América Primero” se piden 700 000 millones en gastos militares para el año fiscal.
Es también la hora de los botones nucleares y las amenazas de exterminio, de los magnates del negocio de la guerra, de la negación del cambio climático, y del condicionamiento económico de la causa palestina y la complacencia al aliado israelí, de las investigaciones secretas y despidos en la propia Casa Blanca; del chantaje y las sanciones al por mayor; de los 623 grupos de odio, paramilitares y extremistas criados con sucesivas políticas nacionalistas y hegemónicas, que aplauden los más de 167 mil deportados en los primeros meses de la nueva administración, mientras tiroteos e incidentes terroristas internos forman parte de la cotidianidad.
Es además, la vergüenza de la mayor población penitenciaria del mundo (2,3 millones) marcada también por el racismo; donde en 31 estados todavía se permite la pena de muerte y 2 900 personas viven la pesadilla de la espera de su ejecución.
En el misterioso, turbulento e impredecible escenario el Presidente de menos respaldo popular de los últimos 70 años en la historia de EE.UU., quien ha logrado reducir a escombros la diplomacia estadounidense en 12 meses, olímpicamente es propuesto por no se sabe quién como candidato al Premio Nobel de la Paz. Sin dudas es un “nuevo momento americano”.

Cuba en Internet: Acompañamientos sin “favores demasiado caros”

Por Redacción Razones de Cuba
Razones de Cuba les propone el siguiente artículo, publicado en marzo de 2016, que muestra preguntas y respuestas a renombrados expertos de las comunicaciones sobre el dominio de Internet y la inclusión de Cuba en el ciberespacio, problemática que, dos años después, continúa siendo de vital importancia en aras de conservar la soberanía infraestructural en las telecomunicaciones de la Isla.
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cuba en internetLos cubanos queremos –necesitamos– internet. Y pronto. Como para ayer. Para mejorar nuestras conexiones comerciales, económicas, culturales; para estar un poco menos anclados en el siglo XX. Y eso es imposible mientras no exista una infraestructura de telecomunicaciones que permita un acceso amplio de las grandes mayorías, lo cual no lograremos aunque convirtamos hasta el último parque de nuestro país en un punto de acceso wifi. Para ello hacen falta miles de millones que el país tendría que erogar o buscarse unos compañeros de travesía que puedan ayudarnos sin que el favor salga demasiado caro.
En el pasado reciente, directivos de Google, el omnipresente poder de la internet Occidental, han manifestado el interés de la compañía en convertirse en dicho compañero de ruta para Cuba. El pasado 21 de marzo (2016), incluso, el presidente norteamericano Barack Obama, durante su visita a Cuba, declaró a la televisora ABC News que Google expandirá el acceso a Internet de nuestro país y que la empresa tiene una propuesta concreta para comenzar a establecer más acceso a Wifi y banda ancha en la isla (anuncio que hasta el momento no ha provocado ningún pronunciamiento por parte del gobierno cubano. Según fuentes consultadas –que pidieron no revelar su nombre– el gobierno no ha firmado ningún acuerdo).
Con o sin él, nos parece un asunto de vital importancia cómo se diseñará el desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones en nuestro país. Es por eso que decidimos lanzar un cuestionario a Niv Sardi, hacker de software libre y fundador del proyecto Butter; Pedro Miguel, periodista y editorialista del periódico La Jornada, y Amauri Chamorro, Comunicador Social con experiencia en varios movimientos sociales del continente. Ellos, desde sus respectivas experticias, dan cuenta de cómo sería este proceso y cuáles son las trampas de camino al Santo Grial de nuestro tiempo.
1- ¿Qué implicaciones tiene para Cuba (en materia de soberanía tecnológica) poner su infraestructura de telecomunicaciones en manos de compañías como Google y Facebook?
Niv Sardi (NS): Primero debemos ver un poco de historia de las telecomunicaciones y cómo se hacen los negocios en ese ámbito. Históricamente, los “servicios de telecomunicaciones” se limitaban al teléfono. Toda la plata que se podía hacer era a partir de la llamada, no habían muchos más servicios agregados; analizaban la cantidad de llamadas y de conexiones que necesitaban, dividían eso entre la cantidad de personas que querían conectar, y tenían el precio por minuto viable,estableciendo un promedio de la duración de las llamadas de la gente. Ese era el modelo antiguo.
Después se agregaron informaciones y otros servicios de pago con lo que aumentó el valor de la llamada, y con ello la factura de fin de mes del abonado. Con el surgimiento de internet el valor se movió de la infraestructura hacia las aplicaciones que corren sobre esa infraestructura. Las aplicaciones necesitan de la infraestructura de las telecomunicaciones para funcionar, pero los que extraen el valor de esa infraestructura de telecomunicación son las empresas de contenido, de aplicaciones llamadas OTT (Over The Top).
Hoy en día compañías como Facebook, Google, Twitter y Amazon, no operan redes de telecomunicaciones al hogar de las personas. Ellos crean otros tipos de redes, con las que extraen cada vez más el valor no vinculado a lo que aparece en la factura del abonado. Finalmente, la gente contrata un operador porque el valor para ellos está en estas aplicaciones OTT, pero no hay conexión financiera entre el operador de red (que permite la conexión) y el proveedor OTT (que atrae el cliente al operador de red).
El abaratamiento de la tecnología de conectividad hace que hoy tenga mucho sentido para estos operadores patrocinar zero-rating (banda liberada) hacia sus servidores, y que traten incluso de conectar a las personas que se comprometen a usar sus servicios (el proyecto internet.org de Facebook es un claro ejemplo de esto).
Entonces uno tiene que entender por qué ahora esas empresas están interesadas en tener a Cuba conectada. Ahí yo me pregunté por qué no están interesadas en tener a Haití conectado. El sueldo promedio de Haití es 15 dólares por mes; el sueldo promedio indicado de Cuba son cerca de 30 dólares por persona. Pero eso es Cuba: allí las personas tienen garantizado un montón de servicios básicos, como salud, educación, comida, por lo que tienen una capacidad de gastos mucho más importante que en Haití. Eso nos hace entender bastante bien por qué, no solo ideológicamente sino también estratégica y comercialmente, Cuba es interesante para esas empresas: porque son un montón de gente que pueden gastar mucha plata para un contexto caribeño.
En lo que respecta a la cuestión de la independencia tecnológica, no sé cómo van a negociarlo. Probablemente ellos ofrezcan su infraestructura y pedirán que esta les pertenezca en suelo cubano; habrá que ver si dejan cláusulas que permitan a empresas cubanas competir y sacar una infraestructura propia. Otros temas a analizar son cómo será la gobernanza de precios, si van a traer un contrato pre-hecho; si van a tener libertad de poner el precio y luego controlarlo por el mercado; las restricciones a la interoperabilidad, es decir, si mañana Google viene y pone fibra alrededor de toda la Isla qué deber tienen ellos de garantizar la conexión con fibra de Etecsa, o una empresa brasilera o cualquier otra que quiera entrar a las redes cubanas.
Todas estas son cuestiones que se deben tener presente. El riesgo de esto es estar dependiente y atado a un solo proveedor, porque atenta contra la posibilidad de que, si mañana Cuba crece y se integra a la economía mundial –en el sentido de que crezca su capacidad de gasto internacional hoy limitado por el bloqueo–, pueda entonces hacer sus propias reglas sin desechar lo que se va a hacer ahora para salir del apuro. Un desafío de la Revolución es asegurar que las reglas de conectividad estén en acuerdo con su política de inclusión; esa inclusión no interesa a estas empresas, ellas solo miden retorno.
Resumiendo, todavía hay muchas incógnitas pero yo miraría con atención las cuestiones de quién regula el precio, quién regula el acceso, quién regula la cantidad de personas incluidas, cómo son las capacidades de interoperabilidad, con otros detalles técnicos menores. Cualquier empresa externa que tenga el control de esta infraestructura tendrá un gran poder político y económico. Si mañana Google se enoja y se quiere ir de la isla y cae toda la infraestructura, se genera un tremendo problema.
Pedro Miguel (PM): La decisión de permitir que transnacionales como Google y Facebook controlen y operen tramos importantes de la infraestructura de telecomunicaciones conlleva riesgos graves para la soberanía de cualquier país. Es fundamental considerar que los intereses de tales empresas están alineados con los de sus inversionistas y que estos, en caso de conflicto, siempre terminan por invocar la protección política, diplomática y económica del gobierno de Estados Unidos, lo que a su vez puede abrir un margen para presiones injerencistas de toda suerte. Toda cesión de control en áreas estratégicas (telecomunicaciones, industrias extractiva y energética, transporte, industria alimentaria, etcétera) conlleva un debilitamiento de la soberanía nacional.
Amauri Chamorro(AC):Hay que entender primeramente algunas cosas. ¿Quién será propietario de la infraestructura que ellos entregarán, entre software, middleware y hardware? ¿El pueblo cubano o Google y Facebook? ¿Será código abierto? ¿Habrá transferencia tecnológica para la soberanía en la infraestructura? Estas son cuestiones indispensables que deben ser respondidas para poder tomar una decisión.
Realmente, ni Facebook ni Google realizarán la transferencia de tecnología suficiente para que el pueblo cubano sea soberano. Es un riesgo incalculable para Cuba, que dependan de empresas norteamericanas para conectarse con el mundo. Quedan expuestos a las presiones de políticos de EE.UU. que podrán presionar fácilmente a estas empresas a cerrar la llave y boicotear la conectividad de Cuba con el mundo.
Por otro lado, en el momento que se utilice la infraestructura de empresas de este tipo, que han sido ampliamente denunciadas por Edward Snowden, Julian Assange y Chelsea Manning, como proveedoras de informaciones privadas de millones de ciudadanos a lo largo y ancho del planeta, Cuba deberá saber que los EE.UU. tendrán acceso al principal recurso construido a partir del triunfo de la Revolución: la cultura.
Más que datos de contactos, dónde viven, emails, etcétera; Facebook y Google van a proveer al imperio de un volumen incontable de datos (Big Data), que permitirá comprender por medio de parámetros numéricos la opinión, los gustos, lo que piensa y lo que deja de pensar el pueblo cubano. Será muy fácil, a partir de la recolección de este tipo de información, poder realizar acciones desestabilizadoras, como ya ocurre en otros países con gobiernos progresistas.
Esa es una forma de mantener subyugado al pueblo, a sus voluntades políticas. En un mundo donde la comunicación e información son al mismo tiempo un derecho, deben ser tomados también como un recurso inherente a la supervivencia de un Estado. Aún más un Estado tan transcendental a nivel mundial como Cuba. Darle acceso gratuito a Cuba a partir de empresas tan corruptas como Facebook y Google, es un premio simbólico que los norteamericanos quieren mostrar al mundo. Cuba no debería aceptarlo. Ni por tecnología, ni por cultura.
2- En caso de que no se hiciera esta conexión a través de una de esas compañías ¿podría Cuba mantener la soberanía en las comunicaciones digitales, teniendo en cuenta que, después de todo, los países de Latinoamérica se conectan por el nodo de Miami?
NS: Uno debe entender que hay una cuestión estratégica. Cuba está entrando a la internet, no se sabe muy bien cómo va a ser el patrón de uso, qué van a tener ellos de la tecnología. Siento que hay una gran oportunidad para desarrollar servicios cubanos que respondan mejor a las demandas y a las costumbres cubanas que servicios externos. Esa posibilidad puede llegar a ser limitada si no controlan su infraestructura, porque para Google puede ser preferible que el tráfico vaya a Miami. El otro problema es que el control de las fibras permite crear políticas para defender la privacidad interna, como es el caso de responder de dónde viene el tráfico interno antes de salir al cable de Miami. Efectivamente, este tema es complejo para la libertad y soberanía de los pueblos, y requiere de desarrollo de aplicaciones locales.
PM: Sí, se podría mantener la soberanía dentro del territorio cubano, aunque sea acotada por la configuración internacional de las redes de telecomunicaciones. El riesgo principal de esa configuración se refiere a la posibilidad de una desconexión unilateral y al enorme margen de que disfruta Estados Unidos para interferir y espiar las conexiones internacionales en instalaciones situadas en su territorio. Pero ese riesgo se puede minimizar por lo que hace a los intercambios de información que tienen lugar dentro del territorio cubano, a condición de que la nación mantenga el control y la operación de las redes internas.
AC: América Latina no puede depender de los EE.UU. para conectarse. Hay que fijarse en la experiencia China, que mantiene su soberanía tecnológica. Por la posición geográfica de la Isla, así como su increíble potencial científico desarrollado, podrían convertirse en un centro de conectividad con América Latina y Europa, sin depender de los EE.UU.
3- Cuba es un país del Tercer Mundo que no cuenta con los recursos suficientes para desarrollar dicha infraestructura a corto plazo. ¿Cuál sería el mejor modelo para lograr ese desarrollo sin perder la soberanía? ¿Existe otro esquema en el que se pueda contar con inversión extranjera sin perder la independencia?
NS: El problema es siempre el mismo, ver el límite de lo que quieren las empresas extranjeras para poder invertir. Me parece muy inspirador el modelo chino. China dijo “nosotros tenemos un montón de personas que te proporcionan mano de obra barata, tú quieres implementar acá tus empresas; entonces tendrás que hacer una empresa china con el Estado chino”. En realidad, muchas empresas no vieron que ese acuerdo brindaba a los chinos 50% de participación de la propiedad intelectual de la empresa. Entonces ahí el intercambio era fuerza de trabajo barata contra propiedad intelectual, lo que le permitió después a China desarrollar clones de tecnología y absorber know-how.
Para Cuba y toda América Latina uno de los negocios que habría que presentar es la opción de decir “no hay problema, trabajamos en conjunto, pero convengamos en que todos los equipamientos que van a meter a la Isla nos pertenecen a la mitad, o encontremos alguna otra fórmula que sea aceptable”, para que, si las compañías se van mañana, no se puedan llevar la infraestructura, y así se pueda garantizar la soberanía política.
También se debe tener un derecho a decir qué tecnologías se van a usar. Es importante tener un enfoque muy fuerte en la cuestión de la interoperabilidad; deben asegurarse que toda la tecnología que se introduzca en la instalación nueva sea interoperable, que cumpla con los estándares, que sea abierta, que cuente con garantías de acuerdo a los derechos internacionales del funcionamiento de interconexión. Eso permitirá que mañana se pueda cambiar de proveedor, asegurar otras tecnologías y que las reglas no tendrán círculos cerrados, sino se podrá extender de la manera que mejor funcione en ese momento.
El mundo de la tecnología y de las redes es muy cambiante, muy rápido; los costos están bajando vertiginosamente, sobre todo el material de fibra. Hay soluciones de software libre en comunicaciones, existen soluciones de 4G, completamente libres, usando tecnología de radio abierta y todo esto permite entrever en un futuro próximo la creación de esa red. De acuerdo a lo que Google está proponiendo, se podría hacer mucho con el software y hardware libre; incluso, el gobierno cubano puede pedirle a Google la liberación de mucha de su tecnología, una acción que pudiera ser coherente con la retórica de ambos.
PM: El argumento de la falta de recursos es cuestionable por el abaratamiento sostenido de los componentes físicos de las redes digitales. Un ejemplo es la tecnología inalámbrica (LTE, Wimax, etcétera), cuyos costos de instalación son mucho más reducidos que los tendidos alámbricos, sea de cobre o de fibra óptica. China ha desarrollado un modelo propio de Internet y podría explorarse la colaboración de ese país (gobierno y empresas) para desarrollar en Cuba un modelo similar. Pero el modelo más adecuado está por construir: es el de una red latinoamericana propia. Los procesos de integración regional impulsados en los últimos lustros dejaron pasar el momento ideal para un proyecto como el mencionado. La circunstancia actual, ante las dificultades de los gobiernos venezolano y brasileño y la derrota del kirchnerismo en Argentina, no es sin duda la óptima, pero no por ello se debe dejar de insistir en la pertinencia, la necesidad y hasta la urgencia de que América Latina cuente con una red digital soberana.
AC: Existen algunos países como China, Rusia e India que producen infraestructura tecnológica para esta interconexión y en lo político están mucho más alineados a los intereses del pueblo cubano. China es el gran financiador del mundo, creo que el camino es por ahí.

Donald habló del estado de Trump

Por Anisley Torres Santesteban

DISC UNION TRUMP
Donald Trump ha hablado otra vez, desde el Congreso a todo el país y el mundo en lo que se conoce como el discurso sobre el Estado de la Unión, en este sentido sería el primero de su tipo que da, pero a pesar de su extensión: una hora y 20 minutos —largo en comparación con el de sus predecesores— estuvo repleto de frases repetidas, no hubo asombro con los temas y de nuevo presenciamos un panegírico que desconoce la modestia hacia su propia gestión.
Escuchando su arenga, me preguntaba si el señor Trump habita en una realidad paralela o vive en una tercera dimensión, al decir cosas como «una nueva oleada de optimismo recorría el país», en referencia a su primera comparecencia en el Capitolio de Washington.
¿Es optimismo lo que percibe? Buen filtro debe tener para no ver o sentir la incomodidad que recorre las calles donde se le ha comparado con una rata o una gallina, por solo mencionar dos. A esta idea le seguían otras donde predominaban los adjetivos apologéticos: «avances increíbles y resultados extraordinarios». Le siguieron anécdotas y más anécdotas de las heroicidades de los norteamericanos para coronar las historias con un derroche de narcisismo a la «american way» o manera americana: «no hay pueblo en la tierra tan valiente, audaz y decidido como el estadounidense».
El hecho de singularizar su discurso y nombrar a hombres de carne y hueso es un muy buen recurso para llegar a su oyente, de indudable efecto. En medio de tanta loa, incorporó resumidos ejemplos de logros concretos y seductores para su público: la creación de puestos de trabajo, subida de salarios, la confianza del empresariado y por supuesto, no podía faltar los bombos y platillos para su amada reforma fiscal, la misma que privilegia exclusivamente a los de su especie, los aplastantemente ricos.
Tuvo incluso espacio para hablar de salud y mentir de la manera más descarada al prometer rebajar los precios de los medicamentos, y esto lo dijo el mismo hombre que pretendía abolir la Ley de de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, el llamado Obamacare, y de un plumazo, dejar sin seguro médico a entre 20 y 30 millones de personas. En lo que sí fue consecuente fue en realzar su bandera del proteccionismo: «nuestras industrias, nuestra gente, nuestro comercio».
Y después de vender el sueño americano doméstico, como quien cuenta un cuento antes de dormir a un niño, tocó el turno a la política exterior donde también más de lo mismo. El muro mexicano para contener las drogas y el crimen organizado, y la contención a la avalancha de inmigrantes con un sello ya conocido, el del recalcitrante Bush hijo, que como Trump tienden a redefinir en su acepción más reducida el concepto de familia.
Para el magnate, China y Rusia siguen siendo «los rivales»; Irán, «una corrupta dictadura» y Corea del Norte, «la cruel dictadura que amenaza nuestra patria». Frente a lo que denominó «regímenes díscolos y grupos terroristas» pidió modernizar el arsenal nuclear. Y en un ejercicio de cinismo sin límites, se atribuyó la derrota al terrorismo extremista en Oriente Medio. Cumpliendo con aquello de cuando el río suena, anunció públicamente su decisión de mantener la cárcel ilegal en el territorio ocupado aquí en esta isla, en Guantánamo.
Y a La Habana, solo una oración, en la que sumó además a Caracas: «Mi Gobierno también ha impuesto duras sanciones a las dictaduras comunistas y socialistas en Cuba y en Venezuela». Parece poco entre tanta palabrería, pero su sola mención dice que siguen siendo prioridad en la agenda internacional.
Este es Trump, no ha habido sorpresas: nosotros, los mejores, primero. El mismo que advierte que los dólares estadounidenses son solo para los amigos y que quien se salga del camino, sufrirá todo el peso de su chantaje y presiones.

Nunca fue más imperial #EEUU que cuando se convirtió en el Zar del ciberespacio

Razones de Cuba les propone el siguiente artículo por Juan Fernández López, publicado en febrero del 2013, muestra del dominio imperial del ciberespacio por el gobierno de Estados Unidos, problemática que sigue siendo una realidad de nuestros tiempos.
cibercomando
Tribuna de alerta, concertación y proyecciones concretas devino el “II Taller Internacional sobre las redes sociales y los medios alternativos, nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”, celebrado en La Habana entre los días 11 y 13 de febrero.
Representantes de Alemania, Angola, Argentina, Belarús, Bélgica, Bolivia, Brasil, China, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guinea Ecuatorial, Irán, Italia, Japón, México, Nicaragua, Palestina, República Dominicana, Rusia, Suiza y Venezuela, compartieron experiencias para continuar sin descanso una batalla que exige más preparación y articulación, dadas las dimensiones del desafío global y la oportunidad real de que nuestros pueblos asuman tan importantes armas cada vez con mayor efectividad.
La Declaración final del evento recogió un alerta compartido: Internet es hoy “expresión de un mundo desigual e injusto, regido por la privatización y comercialización voraces. La democratización de la gobernanza global de Internet debe ubicarse en el centro de la agenda internacional; está en juego no sólo la seguridad de los Estados, sino también la soberanía, autodeterminación y coexistencia pacífica de las naciones, y el derecho universal y sin discriminación al conocimiento. Desde las redes sociales debe crecer el respaldo a los esfuerzos que apuntan a la imperiosa democratización de la gobernanza global de Internet.”
Momentos antes de la clausura, la ponencia presentada por Rosa Miriam Elizalde, editora jefa de Cubadebate, revelaba que: “Desde que Internet se convirtió en el sistema nervioso central de la economía, la investigación, la información y la política, las fronteras estadounidenses extendieron sus límites a toda la geografía planetaria, aunque los viejos mapas digan otra cosa. Su fuerza parece difusa, porque está encubierta con números IP, nombres de dominios, cables transatlánticos, conexiones satelitales y una retórica de la neutralidad que nos vende el sueño de que estamos en la ruta del desarrollo y el progreso.”
“Sin embargo, -sostuvo la periodista- nunca fue más imperial ese país que cuando se convirtió en el zar del ciberespacio, con total inconciencia de que su modelo de acceso, dependiente de las lógicas del mercado y la depredación ecológica, no solo cava la tumba de nuestros nietos, sino la de los suyos.”
Ante tales realidades, el II Taller se pronunció por “promover la difusión de un pensamiento descolonizador sobre el uso de estas tecnologías y la promoción del uso de Internet, no acotado por la regulación del mercado, sino en beneficio de todos los pueblos y en particular, de los que menos tienen, alejados del mercenarismo y los patrones consumistas de los países occidentales hegemónicos”.
Otros factores claves de esa batalla emergieron reiteradamente en las ponencias y debates, que fueron debidamente recogidos en la Declaración final:  “Estimular el aporte de las más jóvenes generaciones en estas nuevas plataformas como fuerzas activas progresistas”; “la conveniencia de que los mecanismos de integración que existen en América Latina y el Caribe coloquen permanentemente como parte de su agenda, los temas de la comunicación y la información, en tanto constituyen elementos estratégicos de seguridad y soberanía”, así como concertar la capacitación regional en estos temas.
Asimismo, el evento convocó a dar pasos decididos con el propósito de socializar contenidos, información, contactos y experiencias para el trabajo con las plataformas y herramientas de Internet, sobre la base de una definida estrategia política.
Los participantes expresaron el compromiso de seguir combatiendo en el ciberespacio por la libertad de los Cinco Héroes cubanos injustamente encarcelados en EE.UU.; por la causa del pueblo venezolano y la salud de su Comandante Presidente Hugo Chávez Frías, así como reafirmaron el apoyo y solidaridad con la Revolución ciudadana de Ecuador.
Las intervenciones, los encuentros dentro y fuera de la sala de convenciones, las nuevas ideas y concertaciones, auguran mayor claridad y coordinación para continuar rompiendo el monopolio de los grandes medios de comunicación que dominan Internet y las redes sociales.
Muchos llamaron la atención en la necesidad de utilizar las propias armas del enemigo para enfrentarlo; la certeza de que el ciberespacio debe ser sitio para la socialización y no para el aislamiento; para la solidaridad y no para el odio; para la convocatoria al combate revolucionario y no para la desmovilización, el egocentrismo, la frivolidad o la ciberguerra de todo tipo, incluso la subversión ideológica que atenta contra la cultura de los pueblos y su soberanía.
Una palabra mágica se empinó contra la hegemonía y el dominio imperial del ciberespacio: articulación. Ese es quizás el fruto mayor del encuentro en La Habana y el convencimiento general de que no se puede esperar a mañana.

#Cuba y la #Internet ¿Quién bloquea a quién?

Por Redacción Razones de Cuba
Razones de Cuba les propone el siguiente artículo por Atilio A. Boron, publicado en febrero del 2015, muestra de las acciones dedicadas a subvertir el orden interno en Cuba, por el gobierno de Estados Unidos, problemática que sigue siendo una realidad de nuestros tiempos.
El nerviosismo que se ha apoderado de la derecha latinoamericana con la “normalización” de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha desatado una serie de manifestaciones que asombran por la impunidad con que se desfigura la realidad. Un ejemplo lo ofrece la columna de Andrés Oppenheimer [1] en La Nación del Martes 2 de Febrero cuyo título lo dice todo: “La clave de la libertad en Cuba es el acceso a Internet” [2].
El articulista, conocido por su visceral rechazo a toda la obra de la Revolución Cubana, se pregunta si “el régimen cubano aceptará la ayuda estadounidense para expandir el acceso a Internet.” Poco más adelante recuerda que en su discurso del 17 de Diciembre del 2014 Obama dijo que “Washington eliminará varias regulaciones que impedían a las empresas estadounidenses exportar teléfonos inteligentes, software de Internet y otros equipos de telecomunicaciones, pero a juzgar por lo que me dicen varios visitantes que acaban de regresar de la isla, hay buenas razones para ser escépticos respecto de que el régimen cubano lo permita.”
El remate de su artículo es de antología: “Washington debería centrarse en Internet. Y si Cuba no quiere hablar del tema, Estados Unidos y los países latinoamericanos deberían denunciar al régimen cubano por lo que es: una dictadura militar a la que ya se le acabaron las excusas para seguir prohibiendo el acceso a Internet en la isla.”

Prefiero no perder tiempo en rebatir la inaudita caracterización de Cuba como una dictadura militar, que en un examen de Introducción a la Ciencia Política merecería el fulminante aplazo del estudiante que osara manifestar una ocurrencia (que no es lo mismo que una idea, más respeto a Hegel, ¡por favor!) de ese tipo. Oppenheimer no es uno de los energúmenos que pululan en la televisión norteamericana, violadores seriales de las más elementales normas del oficio periodístico. Pero el nerviosismo y la desesperación que se ha apoderado de los grupos anticastristas de Miami -cada vez más reducidos y desprestigiados- lo deben haber contagiado e impulsado a escribir una nota pletórica de falsedades. Me limitaré a señalar tres.Primero, no puede ignorar que a causa del bloqueo Cuba ingresó parcial y tardíamente al ciberespacio, y cuando se produjo la vertiginosa expansión de la banda ancha y de la Internet la Casa Blanca presionó brutalmente a quienes le ofrecían esos servicios a la isla para que los interrumpieran de inmediato, orden que por supuesto no pudo ser desobedecida por los pequeños países de la cuenca del Caribe.
Por eso, hasta la llegada del cable submarino procedente de Venezuela, hace poco más de un año, la conexión de Internet en Cuba se hacía exclusivamente por satélite. Ahora existe ese enlace físico, pero desgraciadamente el grueso del creciente tráfico cubano todavía debe transitar a través de lentos y muy costosos enlaces satelitales, y con un ancho de banda absolutamente insuficiente. Problemas que no se deben a una decisión de La Habana sino a la obcecación de Washington.Segundo, antes de preguntarse si La Habana aceptará la ayuda que promete Obama convendría que Oppenheimer averiguase si Washington aceptará poner fin al cerco informático dispuesto en contra de Cuba. Su argumento parece salido de una canción para niños de María E. Walsh: “El reino del revés”. No fue Cuba quien ante el advenimiento de la revolución de las comunicaciones decidió hacerse un harakiri informático sino que fue el imperio quien, consciente de la importancia de esas nuevas tecnologías, extendió los alcances de su criminal bloqueo para incluir también a la Internet. Cualquiera que haya visitado ese país sabe que no se puede acceder a muchísimos sitios de la red ni disponer de los principales instrumentos de navegación en el ciberespacio.
Si lo intenta casi invariablemente aparecerá un fatídico mensaje de “Error 403” diciendo algo así como “Desde el lugar en que se encuentra no podrá acceder a este URL” u otro más elocuente: “El país en el que se encuentra tiene prohibido acceder a esta página”. No se puede utilizar el Skype, el Google Earth, o las plataformas de desarrollo colaborativo Google Code y Source Force, o descargar libremente las aplicaciones del Android.
Y cuando se puede, el reducido ancho de banda hace prácticamente imposible trabajar con un mínimo de rapidez y eficiencia. Todo esto, ¿por culpa del gobierno cubano? A mediados del año pasado el CEO de Google, Eric Schmidt, encabezó una delegación que visitó a Cuba como respuesta a las acusaciones de que el gigante informático bloqueaba el acceso a sus servicios. Después de comprobar que varios productos de Google no estaban disponibles Schmidt señaló oblicuamente al responsable al decir que “las sanciones estadounidenses en contra de Cuba desafiaban a la razón.”Tercero, tal vez Oppenheimer tiene razón en su escepticismo, pero no por causa de Cuba sino de Estados Unidos. Porque, ¿cómo olvidar que a comienzos de su primer mandato Obama ya había prometido lo que volvió a prometer hace poco más de un mes: “suavizar” algunas sanciones contempladas para las empresas informáticas que tengan negocios con Cuba? ¿Qué fue lo que ocurrió? Poco y nada. Ojalá que ahora sea diferente. La Ley Torricelli, de 1992, había permitido la conexión a Internet por vía satelital pero con una decisiva restricción: que cada prestación fuese contratada con empresas norteamericanas o sus subsidiarias previa aprobación del Departamento del Tesoro. Este impuso estrictos límites y estableció sanciones extraordinarias –por ejemplo, multas de 50 000 dólares por cada violación- para quienes favorecieran, dentro o fuera de los Estados Unidos, el acceso de los cubanos a la red.
Lo que hizo Obama, en Marzo del 2010, fue eliminar algunas de estas sanciones, especialmente para las empresas que faciliten gratuitamente aplicaciones de correo electrónico, chat y similares. Pese a ello, en 2012, la sucursal en Panamá de la compañía Ericsson tuvo que pagar una multa de casi dos millones de dólares al Departamento de Comercio de Estados Unidos por violar las restricciones de exportación de equipos de comunicación a Cuba. Como siempre: una de cal, otra de arena. Por eso la accesibilidad sin restricciones a la red continúa tropezando con los grilletes del bloqueo. La “ciberguerra” que Washington le ha declarado a Cuba, un país que sigue estando escandalosamente incluido en la lista de los “patrocinadores del terrorismo”, continúa su curso. ¿Cumplirá esta vez Obama con su promesa? ¿Quién es el que “prohíbe” el acceso a la Internet en Cuba?