Peligrosas maniobras militares de EE.UU. en Amazonas

Peligrosas maniobras militares de EE.UU. en Amazonas
Al menos 10 días de instrucción con fuerzas de los cuatro países bajo la denominación de “América unida” partirá de la ciudad brasileña de Tabatinga, en el Estado de Amazonas.
  • Triple Frontera: Trifinio internacional situado en el cruce de fronteras entre Argentina, Brasil y Paraguay, cerca de las cataratas del Iguazú. En la zona se encuentran las ciudades de Puerto Iguazú (Provincia de Misiones, Argentina), Foz do Iguaçu (Estado de Paraná, Brasil) y las ciudades de Presidente Franco y Ciudad del Este (Departamento de Alto Paraná, Paraguay).
    • Cronología golpes de Estado en América Latina:
    • 2002: Intento de Golpe de Estado en Venezuela
    • 2004: Golpe de Estado en Haití
    • 2008: Intento de Golpe de Estado en Bolivia
    • 2009: Golpe de Estado en Honduras
    • 2010: Intento de Golpe de Estado en Ecuador
    • 2012: Golpe de Estado en Paraguay
    • 2016: Golpe de Estado en Brasil

Un peligroso movimiento para la seguridad y la paz de América Latina hizo el presidente de facto de Brasil, Michel Temer, al invitar al Pentágono de Estados Unidos a participar en un ejercicio militar inédito en el Amazonas el próximo noviembre, junto a Perú y a Colombia, tres naciones bajo regímenes derechistas.
Al menos 10 días de instrucción con fuerzas de los cuatro países bajo la denominación de “América unida” partirá de la ciudad brasileña de Tabatinga, en el Estado de Amazonas, colindante con el municipio colombiano de Leticia, y en las proximidades de la isla peruana de Santa Rosa. Tabatinga, donde existe un enclave del Ejército nacional, posee una población de unas 60 000 personas. Está situada en la llamada Triple Frontera (Brasil-Perú-Colombia) y a su territorio, de mayoría indígena, se llega por vía aérea o marítima.
Sin consulta previa con organismos multilaterales en funciones en la región, el Ministerio de Defensa brasileño anunció “América unida” —más bien debería llamarse “Derecha unida”—, una operación que enuncia la pérdida de la soberanía nacional de los involucrados y contradice los acuerdos del 2014 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) de mantener a esas dos regiones lejos del peligro de la guerra para preservar la paz regional.
La movilización de las fuerzas militares en el Amazonas, con Brasil como su máximo impulsor suramericano, resulta riesgoso en extremo, en momentos en que la derecha regional, orientada, dirigida y financiada por la Casa Blanca, intenta derrocar a los gobiernos progresistas de esta área geográfica, con una amenaza real contra Venezuela.
Hace pocos días, Caracas decidió retirarse de la Organización de Estados Americanos (OEA) ante la inminencia de la injerencia de naciones miembros de ese bloque en sus asuntos internos por la vía militar, entre ellos Estados Unidos y los ahora aglutinados en el ardid “América Unida”.
Para tratar de evitar el rechazo generalizado a este plan, que no solo permitirá a la soldadesca norteamericana penetrar en las ricas selvas de la Amazonía sino también montar allí una base militar multinacional, el Ministerio brasileño negó que se tratara de una treta intervencionista.
Son pocos, empero, los que creen en la palabra del gobierno de Brasil y de su presidente, que tuvo la osadía, cuando era el vice de la derrocada gracias a sus artimañas Dilma Rousseff, de viajar a Venezuela a intentar entrevistarse con los líderes contrarrevolucionarios y fue severamente criticado y hasta expulsado de varios lugares por la población chavista.
Analistas advierten que las maniobras se realizarán en un punto desde donde se dominan geográficamente varias naciones cuyos gobiernos están en la mira de los intereses de los grandes capitales internacionales.
El mapa del Estado Amazonas refleja la gravedad de la presencia norteamericana en la zona.
Al norte del sitio clave de la próxima maniobra está Venezuela, desde hace años bajo la critica mirada de Estados Unidos, que la declaró enemiga inusual y extraordinaria mediante la vigente Orden Ejecutiva del expresidente Barack Obama, y por tanto, prestos a atacar frontalmente al gobierno de Nicolás Maduro.
Al sur, atravesando el estado brasileño de Acre, se encuentra Bolivia, también en la mira del capitalismo mundial y su tampoco escondido afán de eliminar al presidente Evo Morales y su proyecto socialista, siempre pensando en la riqueza del subsuelo de la nación andina.
Ecuador, otro país codiciado por la avaricia imperial, está al otro lado de la frontera colombo-peruana. El anuncio de estos movimientos castrenses recuerda el asesinato en 2009 de Raúl Reyes, canciller de las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo en la zona fronteriza con los colombianos.
Para ejecutar a Reyes y sus acompañantes civiles mexicanos, se movilizó la tropa de una de las siete bases norteamericanas situadas en territorio colombiano, según se comprobó después, lo cual habla del entendimiento entre gobiernos del mismo rango ideológico e interés en eliminar focos revolucionarios y progresistas.
Venezuela, Bolivia y Ecuador mantienen desde hace más de una década una lucha constante contra las intentonas de golpe de Estado, mediáticos y psicológicos para revertir la situación política en la región suramericana, en especial luego de la asunción de Mauricio Macri, en Argentina, y de Temer, por la vía inconstitucional, en Brasil.
Juan Manuel Karg, periodista del diario argentino Página 12, alertó sobre la incertidumbre que genera la presencia militar anunciada por Brasil, ya que se trata de una coalición derechista que pone en juego la estabilidad política de Suramérica, al igual que los recursos naturales de la zona.
Según Karg, en el gobierno regional de Amazonas, en Perú, hay una base camuflada en construcción bajo las órdenes del Comando Sur de Estados Unidos, la cual operará bajo la modalidad, dijo, de Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER), similares a otras en funciones en ese país.
La noticia cayó como una bomba en medios de la izquierda brasileña, en especial en el Partido de los Trabajadores (PT), fundado por el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva. El grupo de senadores del PT en el Congreso Nacional denunció en un comunicado que “estas iniciativas pueden colocar a la Defensa de Brasil bajo la órbita estratégica de los EE.UU., con perjuicios sensibles a la soberanía nacional”. Para los senadores petistas, la decisión del Planalto interfiere la gestión soberana que desplegaban un conjunto de países en la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) y la ahora decaída Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, que pasará el cargo el próximo día 24 a Lenín Moreno, un continuador de la Revolución Ciudadana, anunció desde los primeros signos de la embestida derechista, que se avecinaba una regresión conservadora en América Latina. Sus previsiones se cumplieron.
Temer, que solo cuenta (y le importa poco) con un 5 % de respaldo popular, y es rechazado por la clase trabajadora y otras fuerzas políticas y sociales que le impusieron una huelga de 24 horas el pasado 28 de abril, continúa con su política de medidas neoliberales regresivas y entrega ahora las reservas naturales a Estados Unidos bajo la pantalla de maniobras militares conjuntas.
Este individuo, que no oculta su papel de lacayo desempeñado con absoluta complacencia, aprovecha la debilidad de Unasur y de su Consejo de Defensa Suramericano (CDS) para sembrar el embrión de una peligrosa base militar internacional, cuyos miembros posiblemente sean más numerosos hasta noviembre.
El CDS tiene como premisa —pues no está disuelto— velar porque se mantenga la paz en Suramérica en un contexto político muy especial, pero es evidente que carece de posibilidades para frenar la escalada armamentista que se avecina.
Mientras Brasil se fortalece como pivote de la estrategia estadounidense frente a América Latina, a lo interno el gobierno de facto mantiene su rumbo neoliberal con medidas que atacan directamente a la clase media nacional, muy beneficiada durante los 12 años de gobierno petista.
A pesar de las sacudidas de los escándalos de corrupción que envuelven a la mayoría de los políticos de su gobierno y del Congreso Nacional, las nuevas regulaciones del presidente usurpador congelaron la inversión social en salud y educación durante las dos próximas décadas, agilizó las reformas laborales y de las previsiones sociales, ahora en discusión, así como la privatización de sectores estratégicos, entre ellos el presal del petróleo.
Temer no oculta su afinidad con Washington, como tampoco lo hicieron las dictaduras militares que asolaron al gigantesco país de más de 200 millones de habitantes casi a finales del pasado siglo.
Ahora, en la componenda neoliberal, este personaje pone en peligro la soberanía de América Latina para satisfacer el siempre creciente apetito imperial a cambio de lo que siempre ha girado en torno a su carrera política: dinero, mucho dinero. Tomado de CUBAHORA

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